Debo admitir que, a veces, tengo miedo de escribir y encontrarme con las emociones que llevo en lo más profundo del alma.
Como el temor que quedó despues de aquel terremoto a mirar las grietas en las paredes; o la oscuridad que tanto pánico provoca en mí.
Quizá encontrarme con las ansias de vivir en ese paraíso soñado; viajar por el mundo y bailar un vals a tu lado; habitar esa casa soñada con terneros, gallinas, gatos y hasta una cabra.
Mientras en mi mente por la orilla de la fantasía galopan campantes las mieles de lo que alberga mi ser, mi lápiz escribe casi alucinando: vibrando, sintiendo profundamente; como un arpa que toca el interior de todo mi ser y desprende en letras lo que con palabras jamás diré.


