Hace años uno de los dirigentes gremiales más importantes y experimentados de la ciudad me dijo algo: gobernar Colombia no se parece a gobernar El Salvador, República Dominicana, Costa Rica, Panamá, Ecuador, Paraguay, Bolivia, etcétera. Ni siquiera a gobernar un país relativamente organizado como Chile. Somos extraordinariamente difíciles de administrar.
Por eso suele ser una ventaja haber sido alcalde o gobernador. Nunca garantiza el éxito, pero sí ofrece experiencia: comprender que gobernar no consiste en dar órdenes -menos a gritos o con shows- sino en coordinar instituciones complejas, recursos escasos y problemas inmensos.
Existe, sin embargo, el complejo de Adán y Eva: creer que el mundo comienza con la propia llegada. Como si antes no hubieran existido otros gobernantes, experiencias, errores y aprendizajes.
Pensaba en ello al observar una polémica: No recuerdo que las primeras damas de los últimos gobiernos hayan intentado asumir, mediante fundaciones propias, tareas nacionales. La discusión no es si una fundación es buena o mala, el problema es que se pierde de vista algo fundamental: ninguna organización privada es capaz de reemplazar al Estado. Y menos durante una tragedia.
¿Qué necesita Colombia para atender un terremoto con decenas de miles de afectados? Necesita coordinación institucional, recursos, logística, capacidad de ejecución y articulación entre ministerios, gobernaciones, alcaldías, organismos de socorro y cooperación. LIDERAZGO PUBLICO EXPERIMENTADO y solamente puede hacerse desde el Estado.
De lo primero que aprende un gobernante es que NUNCA es sólo lo que él (o ella) quiere hacer sino lo que puede y le toca hacer… con lo que hay.
Y lo que hay es el aparato estatal. Con funcionarios -y contratistas- más capaces o menos capaces. Pero sigue siendo la única estructura con la capacidad legal, operativa y financiera. Requiere reformas profundas, pero eso no es mágico: toma largos periodos. La primera es, precisamente, que la mayor parte de las plantas públicas sean de funcionarios, electos en concursos libres y transparentes, estables y por ende experimentados y no de contratistas ocasionales…hoy es al revés.
Volviendo al punto, asombra que fundaciones hayan sido promocionadas desde el estado mismo como instrumentos para canalizar cuantiosos recursos destinados a atender una tragedia nacional. Pueden tener la mejor intención (o no). Pero «de buenas intenciones está lleno el camino al infierno», una absoluta novatada para un gobierno que se dice lleno de expertos.
Y también es dar papaya. Y cuando un gobierno da papaya durante sus primeros días, lo acompañarán durante todo el mandato: ¿o alguien ha olvidado el hijo no criado de Petro…? por ejemplo.
Todo gobierno disfruta de una luna de miel inicial durante la cual los ciudadanos tratan de entender hacia dónde se dirige. Son los primeros cien días. El 17 de noviembre se cumplirán. Apenas entonces será posible hacer un balance más sereno. Todavía existe demasiado calor electoral.
Es bueno esperar. Pero también es claro que hay errores graves que, o son alertas para corregir, o muestran lo que sigue… veremos
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