EL LIBRE ALBEDRÍO

OpiniónÉTICAEL LIBRE ALBEDRÍO

El albedrío es LIBRE ALBEDRÍO. la potestad de obrar libremente, tras reflexión y elección y también se acepta su denominación directa como libre albedrío.

El libre albedrío o libre elección es la capacidad de los seres humanos de tomar decisiones autónomas, o sea, de elegir entre varias alternativas. Esto implica también asumir la responsabilidad de las decisiones.

Dentro de esas responsabilidades éticas consigo mismo está la capacidad de discernir para diferenciar el libre albedrío del libertinaje. Este último que conduce a la degeneración a costa de creer que se obra bien.

“Es que uno es libre de hacer lo que le dé la gana” defienden a ultranza algunos.

“Si yo decido tal cosa soy responsable de eso y asumo las consecuencias” dicen otros.

“Si me equivoco soy yo, si no me equivoco soy yo, trato de tomar las mejores decisiones” es otra propuesta conceptual.

Todos los seres humanos llevamos esa consigna, a veces no muy bien interpretada, como en el caso de confundirla con libertinaje, porque consideran que ser libre es hacer con su cuerpo lo que quieran, “porque ese cuerpo es mío” y lo envenenan o lo enferman o lo desgastan “porque es mío y ya”.

Nadie se lo va a quitar es suyo. Lo que ocurre es que recibir consejos, modificar conductas, moligerar procedimientos, siempre será bueno para el cuerpo. Ah, pero usted quiere seguir disfrutando la vida con excesos, adelante, pero para eso no es su libre albedrío si lo ve con responsabilidad. Vuelvo sobre lo mismo; con mucho cuidado que no se confunda con libertinaje. A muchos no les gustará el tema y a estas alturas hasta abandonarán la lectura y están en su derecho por su libre elección.

Lo que les traigo es más trascendental después de dejar a un lado los prejuicios mencionados. El libre albedrío se nos dio para inclinar nuestras decisiones hacia el bien, el bien personal o el bien común. Usted es libre de no tomarse una cerveza y hasta jactarse de nunca haberlo hecho; pero el día que tenga sed por el calor o porque su cuerpo necesita líquido y usted se decide a tomarse una cerveza fría no solo la disfrutará sino que alimentará a su cuerpo y lo refrescará. Así que cero fanatismos.

Pero, si usted es de los que necesitan 10 o 20 cervezas para calmar la sed y lo hace a diario y se le vuelve vicio que se transforma en pasión y aberración, podríamos declararlo alcohólico por ejercer su libre albedrío en un exceso que termina por dañar su cuerpo.

Así las cosas. Si sus decisiones en torno al libre albedrío las puede encaminar a cuidar su cuerpo, a no hacerle daño a ninguna persona, o tomar lo menos malo de algo, seguramente estará haciendo buen uso de su “libertad”.

Alguien puede estar pensando que es libre de coger un arma y matar a alguien. Ahí hay una mala decisión basada en el libre albedrío, libertad que se nos concede para no hacer el mal, libertad que se nos concede para inducir el razonamiento y tomar la mejor decisión.

Lastimosamente, nos educaron para que pensemos que solo tenemos esta existencia y, por ello, muchos de nuestros congéneres o hermanos consideran que hay que conseguir dinero, comodidades y placeres como sea porque solo es este ratico y que hay que pasarlo bien y más si por estar equivocado le prometen perdones, eso lo lleva a reafirmarse en su propósito de conseguir lo que quiere haciendo lo que sea. He ahí un error en la educación recibida.

Hay quienes toman el libre albedrío a conciencia para usarlo a favor del error o del mal. Es ahí donde debemos hablar con claridad y enunciar como muchos congéneres y hermanos lo han hecho históricamente que no vivimos solo esta existencia sino que el espíritu retorna a través de la reencarnación, llegando de nuevo a tomar cuerpo a través del vientre materno, producto de la unión de hombre mujer, ¿para qué? Retornamos para que aprendamos a amar y a hacer conciencia de la necesitad de fraternizar y cumplir el mandato AMA A TU HERMANO. Que si en verdad se practicara estaríamos en el verdadero camino de conocernos a nosotros mismos porque veríamos en los demás lo que hacemos y lo que no hacemos y comprenderíamos cómo somos.

Como el espíritu no muere porque es la energía que mueve el cuerpo y cuando este queda inerte, fallece, pero su descomposición es una transformación, significa que esos átomos y moléculas siguen demostrando la vida que es eterna y que todo es vida.

Por lo tanto, el espíritu retoma materia para de nuevo acá ejercer la libertad de elección sin restricciones y, ojalá, al servicio del bien. Esa consigna de hacer el bien por el bien mismo dará como resultado una sociedad donde predomine el bien común y no el egoísmo típico de quienes consideran que es solo esta existencia.

El libre albedrío tiene límites; hay cosas que usted no haría teniendo toda la libertad; hay leyes naturales que alguien no puede doblegar solo porque aplique su libre albedrío.

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