Llega diciembre, y como todos los años, la vida cambia de una manera atropellada. Todo comienza a girar en torno a las fiestas navideñas que supuestamente constituyen el motivo religioso de las celebraciones, y por supuesto, la terminación del año, que es la parte profana del festejo.
Todo se vuelve rumba, se hacen despedidas de año en las empresas, aparecen luces por todas partes, compramos adornos navideños o sacamos los que tenemos guardados, hacemos el pesebre, pero también hacemos el arbolito de navidad que revela ese extraño sincretismo religioso que finalmente, termina convirtiéndose en una gran parranda.
El ambiente se torna febril, hay mucho movimiento y para los que permanecen en las oficinas trabajando, la jornada laboral se vuelve larga y tediosa. Por todas partes abundan las sonrisas, saludos amables, de repente todos nos queremos y nos deseamos lo mejor que nos pueda pasar en esta vida.
Para muchos es época de vacaciones, salir a pasear o visitar a familiares en otras ciudades. Los terminales de buses y aeropuertos se congestionan, se atiborran los hoteles y centros vacacionales y hasta las casas de familia se convierten en improvisados albergues, donde los parientes se amontonan compartiendo habitaciones, comidas y fiestas que, en algunos casos, y ayudadas por el licor, terminan en riñas familiares en las que salen a relucir los resentimientos “guardados” durante el último, o los últimos años.
Diciembre es un mes en el que se gasta demasiado, tengamos o no plata, todos sentimos que debemos dar regalos: a la familia, a los amigos, para quedar bien con alguien, para devolver atenciones, que no me vaya a faltar nadie, solo es un detallito… y así la lista se hace interminable y el bolsillo se vuelve insuficiente para satisfacer tal demanda. La plata sale de todas partes: de la prima decembrina, de los ahorros y hasta de los préstamos que conseguimos para quedar bien con los demás y con nosotros mismos.
Gastamos generosamente en regalos, viajes, comida, licor, parrandas y el nuevo año nos encuentra sin plata, con deudas, unos kilos de más y hasta con desórdenes estomacales. Tenemos a nuestro haber los regalos recibidos, que, si hacemos un frío inventario, debemos confesar que algunos no nos sirven, no nos gustan o no sabemos qué hacer con ellos.
Pasadas las fiestas decembrinas, se regresa al trabajo con las huellas aún perceptibles del cansancio, el guayabo, el ajetreo, la indigestión y no falta la pregunta de rigor:
– Y, ¿cómo lo pasaste?
Y las respuestas de rigor:
– “Todo muy tranquilo, ya sabes, con la familia…”, o
– “Nada especial, con la familia…”,
En la respuesta se percibe cierto “tedio familiar”, que queda de esas reuniones con los padres, hermanos, tíos, abuelos, primos y en el peor de los casos, con los suegros, cuñados y demás familia política, esperando que lleguen las 12 y el año se termine, mientras se conversa de cualquier cosa para matar el tiempo y se mira insistentemente el reloj que, no sabemos por qué, se vuelve más lento que nunca.
Sin embargo, y ante la pregunta que me hago sobre: ¿Qué queda de todo esto? -Pues finalmente el 31 no deja de ser una hoja más que cae del calendario-, me respondo que sí, que es importante terminar un año, pues es el momento que elegimos para hacer nuestro balance anual, para evaluar lo que hicimos, para cerrar e iniciar ciclos, para proponernos metas y propósitos, para querer renovar o cambias cosas en nuestra vida.
Viéndolo así, es importante la terminación de un año. Si no existiera, seguramente no haríamos estos balances tan necesarios. Ni nos reuniríamos con algunas personas a las que queremos ver… ni recibiríamos tantos abrazos, amén de uno que otro regalo interesante…
Porque además de deudas, cansancio y unos kilos de más, la terminación de un año nos deja nuevas metas y propósitos para el nuevo año que comienza, en el que, si nos empeñamos, podemos cambiar muchas cosas, renovarnos, dejar atrás lo que nos estorba y… ¿Por qué no? ¡Hasta comenzar una nueva vida…
¡FELIZ AÑO 2026!



Excelente reflexión. Muchas gracias por su valioso escrito
Muchas gracias por su comentario, lo valoro mucho!
Gracias Consuelo, tal cual lo describes en tu columna así se nos volvió la celebración de navidad y año nuevo. Importante poder hacer actividades diferentes, reflexiones sobre cómo va tu camino de vida, y poder dedicar parte de ese dinero que se gasta en ayudar a los más necesitados
Muchas gracias Francisco por tu comentario. Importante que estos finales de año nos sirvan para replantear muchas cosas y tomar decisiones importantes frente al futuro.
Hola monita, a mi sentir estás fiestas decembrinas ya no me emocionan tanto como en las épocas de niño y preadolescente en las emociones de recibir regalos, estar reunidos y hechar mucha pólvora, hablo de hace unos 50 años más o menos, al igual esperaba mucho eso días y salir de fiestas, ahora es pasar más tranquilo y pasar un poco más desapercibidos de las rumbas, ruidos y muchedumbres , pero si ya estar con mis hijos y si se puede con otros miembros familiares e igualmente hacer reflexiones de lo que pasó y para el otro año de lo que pudiera ser . Igualmente feliz navidad y prospero año nuevo.
Muchas gracias Jorge por tu comentario. Coincido contigo, con los años cambia mucho la percepción y la manera de vivir las fiestas decembrinas. De todas formas, te deseo una feliz navidad y muchos buenos propósitos para el 2026!!
Así es Jorge, la vida nos va cambiando y nos va enseñando cosas nuevas. Gracias por tu comentario.
Buen día Doña Consuelo. Gran escrito.
Así es diciembre pero es sólo uno en el año y por eso es diferente a los demás meses . En lo personal es un momento de mucha inteligencia emocional y económica porque el desborde decembrino hace estragos de toda índole si se carece de mesura.
«La prudencia que hace verdaderos sabios», es el gran slogan de este mes. El disfrute sin ningún tipo de guayabo es para mí la clave.
Feliz día Doña Consuelo.
Gracias Isdaen por tu comentario, como siempre muy acertado
Buen día. Gran escrito Doña Consuelo.
Diciembre es un mes diferente a los demás, siendo una invitación al goce con prudencia y sin ningún tipo de arrepentimiento y guayabo porque el mes de enero es la otra cara de la moneda.
Feliz día Doña Consuelo.
Así es apreciado Isdaen, gracias por tu comentario, como siempre muy acertado.
Diciembre es un mes bonito…lleno de luces y alegrías…lógicamente va cambiando según las circunstancias de la vida…las novenas son cheveres y llenan el corazón de esperanza…Es un mes especial con su belleza, pero también con sus tristezas…y recuerdos que nos acompañan…
Es verdad, diciembre es un mes lleno de contrastes. Gracias por tu comentario.
Muy bueno tu escrito querida Consuelo. Es muy importante estar en estas fechas con la familia más cercana, sin tanto alboroto como antes con mucha gente. Ahora al.pasar los años queremos estar más tranquilos en estos momentos y reflexionar más. Felíz Navidad y que llegue el 2026 lleno de buenas energías, alegrías y éxitos
Muchas gracias Meme. Muy cierto tu comentario, en esta etapa queremos estar con las personas más cercanas y disfrutar con tranquilidad. Un abrazo y mis mejores deseos de salud y bienestar para el próximo año y los venideros.
Gracias querida Meme. Muy cierto Lo que dices, en esta etapa queremos disfrutar en tranquilidad con nuestros seres queridos más cercanos.
Diciembre, con todo su ruido y exceso, también nos regala un momento de pausa y balance. Aunque las fiestas traigan cansancio, gastos o incluso tensiones familiares, el cierre de año se convierte en un ritual necesario: nos invita a mirar atrás, reconocer lo vivido y proyectar lo que queremos transformar. Esa es quizá la verdadera riqueza de estas celebraciones: más allá de los adornos y los regalos, nos recuerdan que siempre podemos empezar de nuevo 🙂