CUANDO EL DOGMA REEMPLAZA LA REALIDAD

OpiniónCUANDO EL DOGMA REEMPLAZA LA REALIDAD

Cada cierto tiempo reaparece una afirmación que pretende zanjar siglos de historia política con una sola frase. Una de ellas sostiene que “los mejores análisis marxistas son siempre análisis de fracasos”. El problema no es la crítica al marxismo –perfectamente legítima–, sino la tentación de convertir los errores de una corriente ideológica en prueba de la infalibilidad de otra. La historia, menos complaciente que los dogmas, suele ofrecer una lección bastante distinta.

Un gran amigo y contradictor político me hizo llegar recientemente un texto titulado Los mejores análisis marxistas son siempre análisis de fracasos. La idea surgió, según algunas referencias secundarias, a propósito de una entrevista concedida por Slavoj Žižek, atribuida al año 2008; sin embargo, la formulación más antigua que se ha podido localizar aparece en la revista Minerva (Círculo de Bellas Artes de Madrid), donde Žižek fue entrevistado por Sonia Arribas y Howard Rouse, en junio del 2007.

Mi respuesta fue breve y directa: “En todas partes se cuecen habas”.

Como ese texto circula profusamente por las redes sociales, acompañado de un evidente espíritu polarizador y sectario, considero oportuno ampliar aquí mi lacónica respuesta.

Existen numerosos ejemplos de análisis, diagnósticos y proyectos políticos de extrema derecha que también terminaron en fracasos estrepitosos. Los errores históricos no han sido patrimonio exclusivo de la izquierda ni del progresismo.

De hecho, la observación de Žižek se podría ampliar en un sentido más amplio y equilibrado: ninguno de los extremos posee el monopolio del acierto, pero tampoco el del error.

La historia ofrece abundantes ejemplos.

El fascismo italiano prometió una nueva era de grandeza nacional y terminó con un país devastado por la guerra, ocupado y con Benito Mussolini derrocado.

El nazismo alemán se presentó como la solución definitiva a los problemas económicos y sociales de Alemania, pero concluyó en una de las mayores catástrofes militares, morales y humanas de la historia.

Diversas dictaduras militares latinoamericanas justificaron la suspensión de libertades en nombre del orden y la seguridad. Muchas dejaron como legado graves violaciones de los derechos humanos, profundas fracturas sociales y persistentes dificultades económicas.

De igual manera, algunos proyectos ultranacionalistas contemporáneos han ofrecido soluciones simples para problemas complejos –como la inmigración, la globalización o la identidad nacional– y posteriormente han chocado con las limitaciones impuestas por la realidad económica, jurídica o social.

El refrán con el que respondí a mi amigo apunta precisamente a una verdad elemental: “En todas partes se cuecen habas; y en mi casa, a calderadas”.

Su significado es claro: los defectos, abusos, errores y fracasos no pertenecen en exclusiva a ningún grupo o movimiento político. Todos se pueden equivocar. Lo que realmente marca la diferencia es la magnitud de los errores cometidos y, sobre todo, la capacidad de reconocerlos y corregirlos.

Por eso, más que constituir una prueba definitiva contra una tendencia específica, la historia parece confirmar una conclusión mucho más amplia: cuando una doctrina –sea de izquierda, de derecha o de cualquier otra ideología– llega a convencerse de que posee la verdad absoluta y deja de someter sus postulados a la crítica, al debate y a la evidencia de los hechos, aumenta considerablemente la probabilidad de fracasar.

Todas las vertientes suelen prometer respuestas, la realidad se encarga de examinarlas; ninguna ha sido inmune al error, al abuso de poder o al autoengaño.

Quien solo ve los fracasos ajenos termina cegándose ante los propios. La historia demuestra que los mayores desastres no nacen de una etiqueta ideológica determinada, sino de la arrogancia de quienes creen estar por encima de la crítica y de los hechos. Al final, la realidad siempre pasa la cuenta, y rara vez concede privilegios a los dogmas.

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* Periodista y corrector de estilo.

WA +57 315 575 9920

www.ogil.info

2 COMENTARIOS

  1. Buen día Don Óscar. Gran escrito.

    Sólo se equivoca el que hace el intento. Con relación al error, existen errores pasables como errores de magnitudes considerables.

    El tema está en la capacidad de reacción cuando las primeras señales no dan respuesta a lo esperado, ya que» dejarle coger ventaja a las cosas» es el verdadero error porque los «pares en el camino» son necesarios y obligatorios cuando lo amerita.

    El riesgo calculado hace parte de la planeación para la toma de decisiones, lo cual implica formación para la reacción de lo esperado y lo inesperado.

    Con relación a Marx , también tuvo muchos aciertos y he podido notar el seguimiento microscópico que se le han hecho a sus teorías mientras otras no han sido evaluadas con el mismo rigor. En fin, así es la vida.

    Feliz día

  2. Respetado Columnista:
    Acertadas afirmaciones : dogmas que reemplazan la realidad: viejos hitos en cada idelogía política que de una u otra nos muestran las contradicciones que surgen con la aplicación de teorías creadas para explicar la realidad.
    La historia , los ideólogos, el común de las personas intentan acomodar al servicio de un régimen específico modelos que tienen interés en mantenerse en el poder.
    Me acomodo más a las prácticas en donde:
    >Observe respeto por los derechos sociales.
    > El tespeto a la diferencia en : género, enfoque espiritual, color de piel, expresión artística, deportiva y demás.
    Como dice Diana Uribe:
    » Ni el capitalismo, ni el socialismo, y mucho menos el nacionalismo como plataformas políticas han logrado crear un mundo de sociedades igualitarias, libres y tolerantes.»

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