Río Otún, en Pereira
Cuentan los antiguos pobladores de Pereira que, en épocas pasadas, en el río Otún se practicaba la pesca para obtener el alimento, el mazamorreo para extraer pepitas de oro y que era común “El paseo de olla”, que proporcionaba un importante escenario para la recreación y el esparcimiento de la población.
Fruto de esta vivencia cotidiana se desarrolló una estrecha relación con el río, se creó un sentido de identidad que llevó a la población a identificarse con éste, convirtiéndolo en un símbolo de pertenencia a la ciudad. La “Perla del Otún”, fue el sobrenombre que se le dio a la ciudad de Pereira, lo que evidencia ese sentido de pertenencia que existía hacia el río.
Fue tan importante esta relación, que la imaginería popular construyó mitos y leyendas teniendo como escenario el río, de las cuales daban cuenta los antiguos pobladores, que aseguraban haber sido testigos de hechos inexplicables relacionados con personajes míticos.
La relación entre la población y el río, sin embargo, ha sido muy desigual. Mientras el río ofrecía sus bondades y beneficios que el hombre aprovechaba, no se le retribuyó en igual forma, no se protegió ni se preservó, para garantizar el disfrute de sus recursos a futuro.
A medida que la ciudad fue creciendo cambió su relación con el río, y aquel que en principio le daba agua limpia, posibilidades de ingresos y recreación, se fue convirtiendo en receptor de los desechos que produce la misma población, que se fue acercando cada vez más a sus orillas, construyendo tugurios, encontrando terreno propicio allí, donde la propiedad parece ser de nadie y de todos, como ellos mismos lo aseguran, cuando justifican su ocupación, afirmando que los terrenos son de la nación, y que ellos, son la nación.
Procesos sociales y económicos agudizan esta ocupación. La expulsión de pobladores de sus tierras, desplazamientos por la violencia, falta de oportunidades de vivienda, falta de empleo y de recursos, son algunas causas que explican estos asentamientos en las orillas del río y sus laderas, las que se van transformando en paisajes de pobreza y deterioro ambiental, afectando la relación de la población pereirana con su río.
Y es que inevitablemente, estos asentamientos humanos de extrema pobreza que bordean el río, se van convirtiendo en una especie de cerca o barrera que aísla al resto de la ciudad de sus orillas.
EL RÍO ENEMIGO
El paisaje urbano se va deteriorando de tal forma que se pierde el deleite de su contemplación, sus orillas se van llenando de tugurios que afectan no solo el paisaje, sino la estabilidad de los suelos y ponen en peligro la vida de sus ocupantes.
El río empieza a convertirse, por acción de sus mismos pobladores, en río enemigo. Ya no atrae acercarse a un río contaminado que produce malos olores y que además, amenaza la vida de quienes, desafiando a la naturaleza, ocupan sus orillas sin prever el peligro que se avecina.
El río cobra vidas, como si con ello quisiera reclamar el derecho a ser respetado y tratado como merece. Los deslizamientos e inundaciones no se hacen esperar y es así como en varias oportunidades la población se ha visto afectada, violentada, e incluso asesinada, por fuerza de la naturaleza.
La ciudad crece y el río sigue siendo víctima de un crecimiento no controlado. En forma simultánea se presenta un desarrollo industrial que busca beneficiarse de sus aguas sin retribuir, con un buen manejo, ese beneficio. Los desechos y vertimientos industriales contribuyen a la contaminación del río.
Un río contaminado impacta la salud de la población, genera riesgos de enfermedades, aumenta los costos de tratamiento, afecta los ecosistemas, acaba con la vida acuática.
LA RESPUESTA
La respuesta del río al maltrato de que es objeto, obliga a una respuesta de la sociedad. La ciudad debe entender que hay que hacer algo para su recuperación.
Algunas entidades (CARDER, Aguas y Aguas de Pereira), desarrollan acciones de recuperación, saneamiento y control, para frenar la dinámica de ocupación de sus orillas y controlar la contaminación. Los grupos ambientalistas a su vez, adelantan acciones de educación a la comunidad y apoyo a la labor institucional. Pero no ha sido suficiente.
En la cuenca media y alta, de la Florida hacia arriba, se desarrollan importantes actividades de control y vigilancia para preservar y evitar la contaminación. Pero cuando el río atraviesa el corazón de la ciudad, a la que abastece con sus aguas, sigue siendo objeto de maltrato por parte de sus pobladores. La ciudad sigue arrojando allí sus desechos, el río avanza cargado de contaminantes que producen malos olores y afean el paisaje.
¡Nada más agradable que subir al corregimiento de La Florida y contemplar ese río Otún que corre turbulento, sonoro, lleno de hermosos colores y aguas trasparentes, donde todavía se pueden apreciar los pececillos navegando en su interior!
¡Y nada más triste que llegar a la ciudad y encontrarse con un río de aguas negras, contaminado, sin peces y mal oliente!
Cómo quisiéramos ver a nuestro río Otún cruzar por la ciudad limpio, sin malos olores, avanzando entre orillas protegidas y bien conservadas, a donde la población pudiera disfrutar de sus paisajes y áreas de recreación.
Pero esta labor no es solo del Estado, sino de toda la ciudad. Es necesario devolverle el río a su ciudad y para ello se requiere del concurso de todos: el Estado, el sector privado y la población, que espera algún día regresar a sus orillas, no como habitantes de tugurios, sino como pobladores deseosos de disfrutar de un río sano, con bellos paisajes y áreas de recreación.
Consuelo Gómez Alvira



Muy buena descripción de la situación actual que vive el río Otun y de cómo nosotros como habitantes de la ciudad pasamos por alto dicha situación, esperando que las entidades estatales resuelvan el problema que vive entre nosotros desde tantos años
Muchas gracias por el comentario Sebastian. Que bueno que todos tomáramos conciencia de esto y cuidáramos nuestro río que es nuestro patrimonio natural
Muchas gracias por el comentario Sebastiana. Ojalá todos tomáramos conciencia de cuidar nuestro río que es el patrimonio natural de la ciudad
Buen día Doña Consuelo. Gran escrito.
La ingratitud con la naturaleza es terrible. Los ríos son patrimonio y se tienen que cuidar y querer. Me acuerdo de niño el paseo al río, algo que ya no se ve y tiende a ser un mito lo cual es muy triste.
Feliz día Doña Consuelo
Así es Isdaen, los seres humanos no entendemos la bondad de la naturaleza y en vez de cuidarla, la destruimos. Gracias por tu comentario!
me gusto el articulo. asi es.
Gracias Francisco
Consuelo, tu artículo nos hace reflexionar sobre la importancia de cuidar ese hermoso recurso natural que es el agua. Con el verano pasado tuvimos muchos cortes de agua y aprendimos a la fuerza a ahorrar en las casas. Debemos copiar de los japoneses que desde niños les inculcan un manejo adecuado de las basuras, sin contaminar ríos ni botar en las calles. Felicitaciones por tu artículo.
Muchas gracias Martha Inés por tu comentario. Muy importante tu reflexión acerca del cuidado de los recursos naturales, especialmente el agua que es tan importante.
Muy buen relato de lo que pasa con el río…y eso mismo creo que pasa con todos los ríos de Colombia…
Así es, somos una especie que acaba con sus recursos naturales. Muchisimas gracias por tu comentario
Que buen artículo, debemos ponerle la cara al rio y no darle la espalda
Así es querida Valentina, muchas gracias por tu comentario
El rio otun, es y será siempre parte de la historia de pereira, para los ancestros fue un símbolo de familia y de disfrute, para este milenio es un rio contaminado sin gracia y que sirve de transporte de desechos.
Estamos en mora de recuperarlo y de cambiar sus aguas por medio de tecnologías que conviertan la perla del otun en aguas limpias que vuelva a renacer para sus nuevos moradores
Así es rocío, muchas gracias por tu comentario
Muy buen articulo que nos hace reflexionar sobre la historia y la importancia de no contaminar las aguas de los ríos . Afortunadamente desde en este siglo ha tomado tanta importancia la ecología para cuidar nuestra casa común que es la tierra ( así lo definió el Papá Francisco) .Gracias Consuelo.
Muchas gracias por tu comentario, excelente interpretación del mensaje.
Este texto muestra cómo el río Otún pasó de ser un lugar querido y lleno de vida, a convertirse en un espacio descuidado y contaminado. Antes era símbolo de identidad y encuentro, pero con el crecimiento de la ciudad y la falta de cuidado se volvió peligroso y hasta enemigo.
La reflexión es sencilla: el río nos da mucho, pero si no lo cuidamos, termina devolviéndonos el daño. Recuperarlo no depende solo del gobierno, sino de todos. Al final, lo que se sueña es volver a tener un río limpio, bonito y cercano, que sea otra vez motivo de orgullo y disfrute para la gente.
Exactamente Paola, haces una excelente interpretación del artículo, se ve que captaste el mensaje muy bien. Muchisimas gracias por tu comentario.
Recuerdo cuando al lado del puente Mosquera los guaduales hermosos, verdes, rebosantes, se inclinaban ante el río Otún como saludándolo al pasar. Ya los guaduales han desaparecido en ese tramo y por fortuna hacen presencia más abajo ofreciéndole su sombra protectora.
Tus consideraciones sobre el río que hizo de Pereira «La Perla del Otún» son un llamado a la reflexión y a recuperar el respeto por su derecho a ser símbolo y vida de la ciudad.