jueves, febrero 5, 2026

DE LA PEREIRA SIN PUERTAS

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En Pereira se llenaron las calles de mendicantes, oferentes en todas las áreas del comercio informal, de todo lo habido y por haber: malabaristas, acróbatas, cantantes de tangos, vallenatos, rancheras, músicos populares, de géneros Hip Hop, bachatas, rock, de bailarines, etc etc. Ningún transeúnte percibe si cualquiera de este prolífico ramillete sabe cantar o actuar, incluso, qué clase de vestimenta portan. Extrañamente sus posibles impertinencias no interrumpen nuestras actividades cotidianas por las calles de la ciudad.

Decía el finadito abogado y compadre Luis Enrique Gómez Villegas, que Pereira se había convertido en tierra de nadie, y aunque parezca una inconsciencia, quizás tuvo la razón mi buen amigo.

Y es que la histórica frase, Pereira, la ciudad sin puertas, nuestros coterráneos se la tomaron muy en serio, de tal manera que por ser una situación  simbólica, las puertas nunca han sido.

Arrepentidos? No hay por qué. Después de ojo sacado no vale santa Lucía. Su situación geográfica y su atractivo civismo permitieron a través de los años la llegada sistemática de chocoanos, vallunos, antioqueños, caldenses, huilenses, santandereanos, costeños…. ¡ y pare de contar !.

Los viejos dichos de siempre se han hecho tradicionales, para hablar solamente de los que atañen a la típica región caldense. La frase la ciudad sin puertas, es una expresión antigua de nuestra cultura popular, que es manifiesta: en Pereira no hay forasteros y su gente acoge a quien la visita. De otro lado, los pereiranos algo radicales  parecen no olvidar que mientras en Manizales se hablaba de la ciudad de las puertas abiertas, aquí, con algo de resentimiento, acuñamos la frase, Pereira, la ciudad sin puertas. Esta frase se acoge para destacar su capacidad de acoger y convertir a los visitantes en parte de su comunidad. De aquellas rivalidades entre Manizales y Pereira surgieron retaliaciones, actos violentos desde diferentes escenarios: estadios de fútbol, artículos de prensa, chismorreos desde los pasillos de la gobernanza y la dirigencia política, y  los tirapiedras dentro de todas las esferas sociales.

No solamente en la Semana Santa o en un relajante diciembre se nos acrecienta la virtud de la solidaridad que los pereiranos aplican hacia sus conciudadanos, que a pesar del mismo significado, el ejercicio se lo abrogan como actos de caridad. No obstante, el común de la gente en su afán y emocionalidad, no encuentran limitaciones al dar limosnas en las calles, olvidando las sugerencias expuestas por los mandatarios de turno en el sentido de no dar limosnas en las calles.

Risaralda, cuenta con 43.984  habitantes provenientes de Venezuela, que representan el 1,5% del total de la población migrante en Colombia, y ocupa el puesto trece de los treinta y dos departamentos con población migrante en el país. Ante esta cargante realidad subsiste el cabeceo colectivo en señal de aceptación y amor al prójimo.

En todo caso, con o sin puertas, el civismo pereirano no tiene fin. Que lo queramos confundir….. ¡ ya es otro paseo !

 

Directivo SOER, (Sociedad Escritores de Risaralda)

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