miércoles, febrero 4, 2026

EL ARTE ES UNA POÉTICA DE LO GRÁFICO

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“Donde el espíritu no trabaja con la mano, no hay arte.”

Leonardo da Vinci

Albert Einstein afirmaba que la creatividad es más importante que la inteligencia. Sin embargo, la creatividad, como fuerza ambivalente, también encierra un riesgo: en la búsqueda constante de lo nuevo, se corre el peligro de olvidar las sendas ya recorridas por los grandes pensadores de la estética, de la composición y de la belleza. Crear no es únicamente inventar: es tallerear en la soledad y en el pensamiento, asumir el tiempo como cadencia, y transformar la resiliencia en obra que se ofrece al espectador como un lenguaje disruptivo, capaz no solo de conmover estéticamente, sino también de despertar lo filosófico, lo literario, lo sensible.

El arte es una poética de lo gráfico, un disparo invisible que da en el corazón y en la mente. Los artistas somos francotiradores peligrosos en el buen sentido, porque trabajamos con materiales inasibles: con el vacío, con lo inmaterial, con esa línea delgada del intertextos que ayuda a forjar un nuevo ser humano, más consciente y más lúcido en un siglo XXI asfixiado por guerras, conflictos y deterioro ambiental. Frente a la violencia y la devastación, el verdadero correctivo no está en las cárceles ni en los hospitales psiquiátricos: está en el arte. Solo el arte permite elaborar, comprender y transformar lo que en la sociedad se repite como tragedia.

Hoy, en un tiempo en que muchos hablan del fin de la historia, el arte continúa relegado a los talleres, a los estudios de quienes se obstinan en traducir la realidad con sus manos, sus ojos, sus oídos y su sensibilidad. Esa obstinación se convierte en danza, las artes visuales con todas sus expresiones, teatro, música, canto, literatura, filosofía; en todo aquello que en los años setenta parecía un proyecto cultural total y que hoy, como sólidos en el aire, amenaza con disiparse. Pero la vida aún se cuenta a través de la palabra, y el libro ese guardián de la memoria dormida en bibliotecas, colegios y hogares sigue siendo un llamado a retornar, a recoger la información que nos da el entorno, a abrazar la realidad estética y literaria en todas sus formas.

Por eso, niños, jóvenes y adultos están llamados a reencontrarse con maestros y formadores de sensibilidad en territorios simbólicos, no para que alguien los transforme desde fuera, sino para descubrir que la verdadera metamorfosis es interior: un proceso de autocorrección, de reconciliación con la memoria familiar, cultural y social que nos habita. Nacemos con bondad, pero la sociedad, con su inercia y corrupción, nos desvía sin tregua. El arte esa otra manera de decir la vida nos recuerda que aún es posible reorientar el espíritu, reconstruir la mirada y rehacer la historia desde adentro.

Como lo advirtió Henri Rousseau: “La sociedad corrompe permanentemente al hombre.” Y es justamente en el arte donde podemos hallar la cura para esa descomposición, porque en él se conjugan la imaginación, la memoria y la posibilidad de un nuevo comienzo.

 

“El arte dice lo indecible; traduce lo inefable; comunica lo desconocido.” Leonardo da Vinci

El arte recorre la cornisa de la humanidad con la misma levedad con que un gato avanza entre cristales: rozando con su pelaje la superficie lisa del vidrio, dejando apenas una huella imperceptible, pero suficiente para anunciar que algo o alguien estuvo allí. Así se manifiesta el arte: como un fantasma que atraviesa la vida, la sociedad y el ambiente, como una presencia sutil pero insoslayable, el fenómeno más extraordinario que el ser humano haya inventado, tan inherente a la existencia como el aire o la memoria.

Los animales, sin proponérselo, construyen nidos, madrigueras y herramientas para satisfacer sus necesidades. Allí no hay cálculo estético sino una respuesta instintiva a la supervivencia. Sin embargo, desde la mirada humana, analítica y contemplativa, esas formas y estructuras traducen también belleza: líneas, ritmos, colores que revelan un arte natural. El arte no es entonces solo creación consciente, sino también un proceso evolutivo de la naturaleza que se inscribe en la sensibilidad humana.

De allí la urgencia de recuperar el acto contemplativo, de volver a esa afectividad de la mirada que permite que el cuerpo entero participe de la experiencia estética. Caminar descalzos por la tierra, dejar que la lluvia humedezca la piel, permitir que el sol penetre los poros, que el aire abrace los pulmones, que la noche caiga sobre nuestro cenit y nos devuelva el misterio: todo ello constituye metáforas de locura, inspiración y poesía. El agua que limpia y sana el alma es también el recordatorio de que la vida estética es esencial para sobrellevar las crueldades que arrastramos desde la infancia.

El arte, por lo tanto, no es un mero adorno ni un recurso ornamental. Es un llamado urgente, un regreso al origen. Nos recuerda que los seres humanos somos algo más que ciencia, aunque sin la ciencia no podríamos transformar la materia ni comprender las leyes de la naturaleza y del cosmos. Arte y ciencia, unidas, trazan un movimiento orbital hacia la verdad, como el heliocentrismo que en su momento desafió dogmas y abrió horizontes.

Hoy, los artistas, cultores y pensadores ocupan un lugar decisivo en la vida del mundo: su herramienta cultural protege al ser humano de los atentados contra el espíritu y el alma. Recuerdo a Luis Carlos Caballero, filósofo y maestro mío, políglota que hablaba en latín, griego y francés, y que leía con igual fluidez en alemán, entre otras lenguas. Solía conversar sobre esas realidades invisibles y, con un gesto entrañable, buscaba en sus bolsillos, en sus zapatos, en su saco, sin hallarlas jamás, aunque con la certeza absoluta de que habitaban en él.

Ese gesto enseñaba que lo esencial no se muestra de manera inmediata, sino que se busca con fe y se trabaja con perseverancia. El arte es justamente esa búsqueda, esa potencia interior que sostiene al ser humano en la adversidad. No está hecho únicamente para deleitar al oído del melómano o alegrar el ojo del espectador: el arte es una herramienta vital para desarrollar la vida misma.

Porque, al fin y al cabo, a toda invención científica le precede un hecho sensible, un destello poético, un acto artístico.

4 COMENTARIOS

  1. Bien pensado y consultado ese fenomeno del arte a donde llega el hombre, dándose o no cuenta, en algún momento, para justificar de la mano de la belleza y la lúdica, la emoción y la razón de vivir, para que carajos se vino al mundo.

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