miércoles, febrero 4, 2026

EN UN MICROBUS A RIVERA

OpiniónActualidadEN UN MICROBUS A RIVERA

 

 

A las 5 de la mañana llegué a la ciudad de Neiva (Huila), y me dispuse a tomar un microbús que me llevara a Rivera, población que se encuentra a media hora de Neiva, “rodando” hacia el sur del departamento huilense.

 

Cuando subí al microbús, me preparé para una larga espera. Era la única pasajera y sabía que el micro no saldría hasta no llenarse, lo que a esa hora, no ocurría fácilmente.

 

De pronto subió una mujer, y detrás de ella otra y otra hasta que se llenó en un momento. Me sentí contenta porque ya íbamos a partir, cuando caí en cuenta de una extraña situación: el microbús estaba lleno de mujeres, solo mujeres, el único hombre era el conductor.

 

Qué raro, pensé. No suelen salir tantas mujeres de sus casas a las 5 de la mañana, para viajar solas. Entonces reparé en este grupo de mujeres: se veían humildes, pero iban bien arregladas, con su mejor pinta de domingo. Las observé en silencio. Con sus cabellos muy peinados, sus trajes muy bien puestos y llenas de paquetes.

 

Qué extraño, volví a pensar. ¿Para dónde irán estas mujeres a esta hora, tan cargadas de paquetes y tan arregladas? Mi curiosidad era enorme, pero no me atreví a abrir la boca.

 

Por fin, una de ellas dijo: “Hoy se demoró más en salir la micro, hace ocho días salió más temprano”.

A lo que otra respondió: “Porque era Día de los niños y se llenó más rápido”.

“Y hoy es el día del aseo”, acotó una tercera.

“Y dentro de ocho días es el día de la ropa”, puntualizó otra.

Allí, creció más mi curiosidad.

 

Iba en un microbús, lleno de humildes mujeres cargadas de paquetes y hoy “era el día del aseo”. No entendía nada. Me moría de curiosidad por preguntar, pero no quería ser indiscreta. Pensé que quizá se trataba de una obra de caridad, hoy llevaban cosas de aseo y dentro de ocho días, ropa. Pero ¿y los niños, donde encajaban? Entonces imaginé que quizás iban a vender sus cosas a alguna parte, una feria, o algo así.

Hasta que me llegó una pista: una de ellas, embarazada, bastante barrigona y con muchos paquetes, habló de su marido, a quien llevaba lo del aseo, y también le llevaba al amigo de su esposo, pues éste no tenía quien lo visitara, y a los dos les llevaba el almuerzo, pues le daba pesar con ese amigo a quien nadie visitaba.

 

Pero eso no era todo. Siguió hablando de su hermano que salió hace ocho días, y al que, menos mal, ya no tenía que llevarle el almuerzo. La conversación giró en torno al hermano que metía vicio, que ojalá no volviera a recaer, y todas las mujeres del microbús, de una u otra forma, opinaron sobre el tema del hermano.

 

Y cuando hablaba de su hermano en la cárcel, lo decía con tanta naturalidad. Tener un hermano, un esposo o un hijo en la cárcel era tan normal para ellas, como para nosotras tener un hijo en la universidad.

 

Y así, fui entendiendo que estas humildes mujeres iban para la cárcel a visitar a sus hombres: maridos, hijos, hermanos, lo que fuera. Simplemente eran sus hombres que, por alguna circunstancia adversa, con o sin justa causa, estaban encerrados en la cárcel.

 

Mujeres prisioneras del mismo destino que sus hombres, con sus vidas también encerradas tras las rejas. Mujeres que tenían que madrugar para preparar almuerzos, acicalarse y llevar a sus hombres lo que necesitaban: jabón, crema de dientes, ropa limpia, un poco de compañía, una sonrisa, quizás… un poco de cariño.

 

Y miré a estas humildes mujeres que poco a poco se iban agrandando ante mis ojos. Las vi firmes, resueltas, con la mirada fija al frente y sus manos aferradas a los paquetes. Las vi solidarias, entregadas al hombre prisionero, y pensé: ¡Qué berracas, las mujeres!

 

Llegan al terminal a las 5 de la mañana cargadas de paquetes, y cuando por fin arriban a la cárcel, tienen que hacer una cola infinita, esperando que sean las 8 para que les permitan entrar, no sin antes requisarlas minuciosa y ofensivamente y colocarles ese infame sello en el brazo, testimonio de su dura realidad.

 

Y sentí gran respeto y admiración por ellas, porque ninguna mostraba pereza, cansancio, sueño o desagrado. Por el contrario, se veían resueltas, seguras, bonitas con sus trajes de domingo y sus cabellos bien peinados, y pensé de nuevo: ¡qué berracas, las mujeres!

 

Y me sentí orgullosa de ser mujer, y de estar allí, rodeada de estas mujeres admirables, que pase lo que pase, no abandonan a sus hombres.

 

Y por más que traté de pensarlo, no logré imaginar un microbús lleno de hombres abnegados, solidarios, muy bien arregladitos y cargados con paquetes y almuerzos, yendo a visitar a sus mujeres prisioneras.

 

Consuelo Gómez Alvira

27 COMENTARIOS

  1. Buen día Doña Consuelo. Gran escrito.

    Un viaje cargado de sorpresas y de aprendizajes. Ese tema de familiares en la cárcel es terrible, pero siempre el amor hace que este tipo de relaciones prospere y tanto para ambos prisioneros, el de adentro soportando el encierro , la pensadera de como está su familia afuera y sobreviviendo en el interior, por otro lado, el que está afuera luchando la vida para el sustento de su familia y ayudarle al encarcelado.

    Tema terrible y una experiencia que se digiere a posteriori al viaje.

    Feliz día Doña Consuelo.

  2. Consuelo
    A veces, necesitamos entender este mundo tan endiablado; has dado con la fórmula, poner las cosas al revés, y me has puesto a mirarme por dentro, y a entender desde ese revoltijo que has formulado por donde irá la cura a los males que nos trastornan entre mujeres y hombres. De lo que si sospecho es que este asunto no es con curas, de esos de misa y olla, no existen curas mujeres.

    • Si Guillermo, hablas con razón! Me encanta haber producido ese efecto en ti! A veces, cuando le damos la vuelta a las cosas, nos es más fácil entenderlas! Muchas gracias por tu comentario, me gustó mucho!!!

  3. Gracias Isdaen por tu comentario. A veces es importante observar y a partir de algo tan cotidiano como es viajar en una micro, lograr meterse en las historias y realidades de la gente que viaja con uno, sin saber que serán objeto de tal relato!

  4. Es un texto muy humano donde se visibiliza la experiencia de estas mujeres y el artículo transforma esta escena en un espejo que revela desigualdades, lealtades y silencios que suelen pasar desapercibidos

  5. Pienso que las mujeres como
    Siempre solidarias con sus hijos o esposos etc nunca dicen que pereza, siempre dispuestas a hacer lo que sea por ellos y por eso las admiro, por ser siempre el pilar de todo hogar, las fuertes y dispuestas a servir a los suyos sin esperar nada a cambio, son un ejemplo para la sociedad

  6. Consuelo. Este relato encierra la cruda realidad de muchas mujeres berracas que son capaces de sobrevivir sin estarse quejando de su destino afrontandanlo con humildad.

  7. Dura realidad para quienes tienen un ser amado en la cárcel. Mujeres solidarias, quienes aunque están «libres», están encerradas, viviendo en función de sus hombres. Y lo que planteas al final: Difícil imaginar a un hombre, vivir así, en función de su mujer encarcelada. Creo que tu viaje en microbus fue de mucho aprendizaje.

    • Si, es una dura realidad, pero es digna de admiración la solidaridad femenina y la capacidad de entrega a los seres que aman! Muchisimas gracias por tu comentario!!

  8. Muy buen relato de mujeres valientes…abnegadas…fieles a su familia y dispuestas a compartir los malos y buenos momentos que les da la vida…

    • Si, ese ha sido siempre el destino de las mujeres, solidarias y dispuestas a todo por las personas que aman. Gracias por el comentario, excelente!

  9. Bello viaje, total sorpresa de las mujeres, siempre presentes y solidarias, gran ejemplo. Esas somos las mujeres, siempre presentes en lo positivo y en lo negativo. Gracias Consuelo por este hermoso viaje.

  10. Excelente relato Consuelo, un maravilloso viaje lleno de sorpresas, reflexiones, aprendizaje y admiración. Mujeres muy valiosas que por encima de todo, hasta de ellas mismas, está la familia, entregando a sus seres queridos todo lo que son. Esto es verdadero amor !!! Muy bueno el último párrafo…

  11. La reflexión que surge de tu viaje en microbús es realmente sorprendente; analizar ese entorno y llegar a comprender el porqué de cada detalle resulta profundamente revelador. Coincido plenamente en que muchas mujeres, impulsadas por el amor y la lealtad, son capaces de hacer cosas admirables. Sabemos que se trata de una situación difícil y que el proceso, tanto emocional como económico, puede ser complejo; aun así, ellas no se dejan detener por ello.

    A pesar de la impresión tan positiva que dejan, no le desearía a nadie vivir una experiencia así. También considero importante aprender a establecer límites: cuando el delito de un familiar es grave y la persona no se siente cómoda visitándolo, me parece completamente válido. Al final, cada quien debe asumir las consecuencias de sus actos.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Vea nuestros otros contenidos