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ActualidadHONOR Y LUCHA DE MARÍA CORINA

HONOR Y LUCHA DE MARÍA CORINA

 

Jaime Cortés Díaz

La distinción del Premio Nobel a María Corina Machado es el reconocimiento mundial al liderazgo que ejerce en procura de instaurar la libertad en su patria y recomenzar una nueva etapa republicana, aboliendo la usurpación de una banda delictiva que ha llevado a la pobreza a la otrora rica y próspera Venezuela, y realizando una diáspora o dispersión de más de siete millones de sus naturales, causando una horrible crisis humanitaria. Como lo dijo en su momento el profesor Benigno Alarcón, de la Universidad Andrés Bello, que el acto significa “la legitimidad de la lucha democrática en Venezuela”, que contrasta con la pueril e intolerante actitud de la escritora izquierdista Laura Restrepo que se niega, junto a dos activistas, a compartir escenario con ella en el marco del evento “Hay Festival”, a celebrarse el año entrante en Cartagena.

El mérito de la imposición que se asocia a la labor de María Corina, se expresa en la más alta distinción moral que trasciende las fronteras nacionales y adquiere una resonancia continental y global. No se trata únicamente de una exaltación personal, sino de un mensaje político y ético dirigido a América Latina: la defensa persistente de la libertad, la democracia y los derechos civiles en contextos de autoritarismo.

“La paz solo es posible en democracia”, ha sostenido esta moderna Juana de Arco, orgullo del valor femenino que pone su vida de por medio, motivada por la férrea convicción de extirpar el mal del narcotráfico representado allí por “el cártel de los soles”. Es glorioso ver a María Corina portando el estandarte de la valentía en una causa admirada por la comunidad internacional y en contraposición a la industria ilegal como expresión de envenenamiento y enriquecimiento personalizado, desdibujados con intención ideológica. La persecución oficial ha traído terror, desengaño, pauperización y sufrimiento, a tal punto que la distinguida exclamó con fuerza: “El dolor nos ha unido”. Y agregó: “Solo es posible alcanzar la libertad cuando decidimos no vivir de espaldas a nosotros mismos, cuando afrontamos la verdad, por dura que sea, cuando el amor a lo que realmente importa nos inspira el coraje necesario para preservar y prevalecer. Solo al alcanzar esa coherencia interior, esa integridad vital, lograremos estar a la altura de nuestro destino”.

Para Colombia, este reconocimiento a Maria Corina tiene una dimensión particular. El país ha sido testigo directo de las consecuencias que evidencian cómo la democracia o su ausencia, nunca es un asunto interno. En ese horizonte, también recuerda que la institucionalidad y la libertad política son bienes frágiles que deben cuidarse activamente. Además, ella ha reafirmado que en Colombia no habrá paz mientras Venezuela esté en ese desorden. Por eso aquí hay necesidad de eludir la hora de presagiada tragedia que se puede erigir casi a perpetuidad. La búsqueda del poder no puede conjugarse en condición de vanidad personalizada. Si el minutero alcanzare a coincidir con la pérdida, las sombras vendrán a posarse en los espejos en donde los “narcisos” disfrutan ver sus bellas caras.

El mensaje es claro: la lucha pacífica por la dignidad humana sigue teniendo sentido y respaldo. En tiempos de relativismo moral, silencios cómplices y normalización del autoritarismo, esta ceremonia reafirma que América Latina aún puede producir liderazgos civiles con estatura histórica capaces de inspirar no solo a una Nación, sino a toda la región que anhela reconstruirse sobre principios democráticos, sólidos en libertad y orden.

 

 

 

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