Miscelánea
Me subo al ascensor rumbo a mi lugar de trabajo y me encuentro con un amigo, nos damos el saludo cordial y luego el amigo me lanza la siguiente pregunta ¿y entonces chino, usted qué piensa de esa pelea en el Centro Democrático?; Casualmente, momentos antes había escuchado yo las declaraciones que sobre ese tema dio la precandidata Paloma Valencia a «Julito no me cuelgue» en 6AM W de Caracol, declaraciones con las cuales la dirigente, lejos de desvirtuar la pugna, a pesar de que afirmó categóricamente que el partido estaba unido «monolíticamente», lo que hizo fue dejar un manto de duda mucho más grande, creo yo, entre otras cosas porque, en lugar de concentrarse en explicar la situación de su colectividad, la Dra. Paloma, no perdió oportunidad para arengar, como lo sabe hacer, que es necesario rescatar a Colombia de la crisis actual.
Como dice la canción, ¡nunca, pero nunca! Colombia ha sido un remanso de paz y tranquilidad, jamás, por lo menos en los tantos años que tengo, he dejado de escuchar que estamos en crisis, porque justamente la crisis, existente o no, real o artificial, ha sido la forma en que los políticos nos han vendido sus propuestas, no recuerdo otro método. No recuerdo a ningún candidato en el pasado haciendo una retrospectiva juiciosa sobre los avances gigantescos que ha dado nuestro país en materia económica, social y cultural en el ultimo siglo, tampoco haciendo un balance de lo positivo y lo por mejorar de la Constitución del 91. Solo nos concentramos en gritar y gritar que todo está mal y que un señor de trapo rojo, azul, verde o amarillo lo va a solucionar todo.
Es cierto, hemos vivido en un permanente conflicto, una guerra a cuenta gotas, con raíces y causas tan profundas y tan remotas que ya se nos olvidaron, es decir, ya no sabemos por qué estamos peleando o si en realidad la pelea hace rato se acabó con el último acuerdo de paz, el del gobierno Santos y, por tanto, lo que queda hoy ya no es un conflicto sino la degradación de una lucha armada que ya no es subversiva sino simplemente criminal, en la disputa por las rentas ilegales del narcotráfico y la minería clandestina. Sin embargo, de una manera artificiosa cierto sector del país sigue presentando la inseguridad como un asunto de la izquierda reaccionaria y mamerta y de la derecha noble y libertaria, esta última con la eterna promesa de darnos mayor seguridad, y así llevamos 60 años.
Yo no sé si un país con una moneda revaluada en una medida que le conviene a todos, con el auge turístico más alto que nunca, un país que ha venido cerrando brechas en lo social, un país con los mejores indicadores económicos y una de las mejores prospectivas de la región, pueda llamarse «en crisis», salvo que la crisis ahora consista en que no lo están gobernando los mismos de siempre.
Para responder la pregunta de mi amigo, nos tocó bajarnos del ascensor y tomarnos dos tintos, al cabo de los cuales concluimos que quizás en las próximas elecciones, si Paloma no gana la consulta, estaremos asistiendo a los estertores del uribismo, caso en el cual seguirá la campaña del miedo pero en la partitura del «tigre» y no propiamente para cantar «oh sole mío».
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Genial esa mirada a la situación de nuestra vida enredada por muchos políticos que caminan con ANTEOJERAS (las que les ponen a los caballos para que no se vayan al chueco). Le faltó nombrar con su nombre, porque lo merece a GUSTAVO PETRO, que vale lo que pesa, contrario a muchos, muchísimos más que dan tristeza.