miércoles, febrero 4, 2026

MEDITACIONES:  ARMONÍA CON LA NATURALEZA Y ALGO MÁS

OpiniónActualidadMEDITACIONES:  ARMONÍA CON LA NATURALEZA Y ALGO MÁS

 

Lo primero que se me viene a la mente es la armonía musical. Entiendo que las melodías son lo suficientemente sustanciales como para ser música por sí mismas, pero a menudo suenan vacías y solitarias sin algún acompañamiento. Por eso, muchos compositores añaden notas de apoyo… las llamadas armonía. Hay muchos tipos de armonía que se pueden añadir, pero en general, la armonía se puede definir como notas que suenan simultáneamente y armonizan con la melodía.

Lo contrario de la armonía es discordancia, desequilibrio, discrepancia, disparidad, incompatibilidad, discordia, asimetría, disonancia, desencuentro, desfase, inadecuación, desajuste, desacuerdo, contradicción, incongruencia, Desavenencia… ¡Uff!

Pero nuestro tema es armonizar con la naturaleza. ¿Cómo así? Empecemos por delimitar lo que es la naturaleza. La naturaleza incluye todo lo que nos rodea: la flora, la fauna, el aire, el agua, la tierra toda… Por lo tanto, la naturaleza abarca todo lo que existe en el universo, ajeno a la intervención humana: los fenómenos naturales, la materia inerte y los seres vivos: montañas, ríos, animales, plantas, el clima y se opone a lo artificial y sobrenatural.

Ahora bien, ¿Cómo armonizo con la naturaleza propiamente dicha? ¿Estoy en armonía con los animales? ¿Con las plantas? ¿Con las montañas y los ríos? ¿Con el aire? ¿con la tierra? ¿con el fuego? ¿Los respeto? ¿Los cuido? ¿Los amo?

Parece fácil pero no lo es. Todos dirían que sí, pero ¿es cierto? ¿Quiero o no, cuido o no a los animales, a mis mascotas por ejemplo?  ¿Los siento inferiores a mi como ser humano o como compañeros en este planeta Tierra? ¿Conozco el valor de las plantas? ¿Qué hago por ellas? ¿Contamino el agua, la tierra o el aire? ¿Hago contaminación acústica con mi carro, moto, equipo de sonido o con mi celular incomodando a los demás, en vez de usar audífonos? ¿Respiro amor con la naturaleza toda?

Algo importante: aunque “no son parte de la llamada naturaleza”, la sociedad, la familia, las comunidades con las que uno vive, son parte de la naturaleza humana y están en el medio en el que vivimos y también debo armonizar con todo ello. ¿Promulgo la armonía o la desarmonía en esos ámbitos?

Aunque a veces es bueno discrepar, es bueno que nos preguntemos: ¿Discrepar se ha vuelto una tendencia personal en mí? ¿La llevo en forma insistente y permanente a todos los grupos humanos a los que pertenezco? ¿Manejo unos niveles bajos al discrepar? Si es así no armonizo con la naturaleza humana. Lo cual es grave.

Veamos, aprender a discrepar es parte de la armonía, porque discrepar es inevitable muchas veces. ¿Uso un nivel bajo en mi forma de discrepar como agredir, insultar, descalificar al oponente por lo que es (¡es un indio!), o repudiar el tono en el que el otro habló, sin señalar el error de lo que dijo, o simplemente contradigo (estás equivocado, la realidad es totalmente contraria, sin decir porqué).

Mejor pasar a niveles más altos y mejores para discrepar es lo que finalmente nos puede llevar a la armonía, es decir al acuerdo, aun teniendo percepciones, posiciones e intereses diferentes. Discrepar, por ejemplo, contrargumentando (es decir contradecir con razonamientos y/o pruebas, pero a veces no se va al centro del tema, sino que se desvían). Refutando (partir de un hecho evidente, de una cita de lo dicho por el otro). Refutar centrado en el Punto Central (es la forma más poderosa de desacuerdo).

Nos dice Paul Graham: “(…) el mayor beneficio de discrepar bien no es sólo que hará mejor las conversaciones, sino que hará que las personas que las tienen sean más felices [más armónicas, diría yo]. Si estudias las conversaciones, observarás que hay mucha más mezquindad” cuando al discrepar simplemente se insulta, se agrede al otro o se le descalifica por lo que él es, o por la forma que usó al exponer su afirmación, o cuando nuestra discrepancia se centra en los aspectos menos importantes expuestos por el otro, o cuando lo hacemos sin dar razonamientos o pruebas fidedignas y demostrables. Dice Graham “No tienes que ser malo cuando tienes un verdadero punto por demostrar. (…) Si tienes algo que decir realmente, ser malvado sólo se interpone en el camino”.

Sigo con la meditación:

Digamos: quiero armonizar con quienes estoy bien y con quienes tengo diferencias y disgustos. Quiero armonía interna y externa. Estoy en búsqueda permanente de esa armonía.

Ayúdame a entender, lograr, desarrollar y profundizar la armonía con toda la naturaleza.

Ayúdame a ser armónico… a pesar del invasor que tengo dentro de mí: el ego. A estudiar los problemas míos y del mundo de tal manera que me lleve a la armonía, no al desequilibrio o la discordancia…

Quiero ser armónico aun en medio de las muchas divergencias con todos mis hermanos, pareja, hijos, primos, sobrinos y demás familiares. Con vecinos, clientes, proveedores, compatriotas, contradictores políticos, religiosos, deportivos, etc. Sé que esto no es fácil, pero si encuentro la oportunidad para armonizar, la aprovecho.

No quiero desarmonizar con el odio, la rabia, el rencor, etc., ni con el lenguaje vociferante en las conversaciones, ni ametrallando por las redes sociales en forma frenética y obsesiva para atacar o criticar, enviando memes, frases, videos, fotos, caricaturas, etc., para lucirme, recibir likes o manchar o golpear a los demás con mis ideas, ideologías, fanatismos y creencias, por más sanas y sabias que las considere.

Quiero definitivamente entender a profundidad la armonía y cómo desarrollarla. Quiero la armonía total: la armonía espiritual. ¿Vamos por ella?

 

Cesar Augusto Muñoz Echeverry

cesarm@cmconsultorias.com

 

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