«No somos solo nuestros genes, sino que somos el producto de nuestros genes y de nuestro entorno.» –
Mary-Claire King
Detuve la prisa, he abierto el cuaderno en el que escribo diariamente. En algunas ocasiones se conjugan las simplezas con las complejidades que nos trae el día a día; en otras me sumerjo en un mar de indecisiones donde puedo ser yo, puedo habitarme para no sentenciar al mundo, para comprender que detrás de cada acto, hay innumerables circunstancias, por tanto, es un ejercicio sano. Sigo reescribiendo.
Desde que somos concebidos, traemos cargas de todo tipo y aquí sólo quiero mencionar el ADN depositario de herencias, que se puede comprender a través del mapa elaborado y presentado al mundo científico el 16 de febrero de 2001. Herramienta que permite trabajar con las mutaciones presentes y hallar soluciones.
Muchos nos hemos interrogado acerca del color de piel, de los ojos, de enfermedades que no se reciben de nuestros padres, pero, están presentes. Entonces al abrir ese registro histórico, descubrimos que las heredamos también de segundas o terceras generaciones…es el famoso Genoma Humano (3200.000.000, de pares de letras) y comprenderlo hoy se hace viable. No podemos desconocer que, en ese fenómeno, las emociones, también suman, de allí que adoptemos cambios temperamentales y diversas situaciones que deterioren nuestra salud mental, aunque algunos más prácticos lo llaman efecto espejo (el abuelo sufría del corazón, mi padre, también y por supuesto, yo), esto, es apenas un abrebocas a este tema lindo, pero, complejo.
En ese orden de ideas y sin pretensiones, deseo en este proceso, escribir nuevas historias donde no se aniden sentimientos malsanos. Se nos ha inculcado que debemos estar preparados e ir por la vida sin almacenar rencores, ya que ella es efímera, pero, malinterpretamos dicho mensaje, lo recibimos y analizamos superficialmente. Vamos por la vía atropellando, quizá no de manera intencional. Cuando nos vemos en aprietos, delegamos la responsabilidad en el otro; y continuamos almacenando, porque el alma necesita alimentarse y la abarrotamos de basura. Tal vez no tenga relación estrecha con el Genoma, aunque se calcula entre el 40 y 47% dicha relación. Por ello, no es la ciencia la que debe trabajar en el comportamiento, sino cada uno en ese constructo que va realizando.
Prepararnos para el momento en el que cambiamos de plano, es un ejercicio más exigente. Desde niños somos acumuladores y aunque en esa etapa no se actúa intencionalmente, en muchos casos, sí, y se van forjando seres con mentes destructivas. Luego, atesoramos en las siguientes etapas escondiéndolos herméticamente, nunca fluyen.
Este paraje que vengo realizando hace algún tiempo, me seduce a realizar una invitación: La carga genética es heredada, pero, mis conflictos, inseguridades, apegos, y todo lo que visualizo diariamente, son parte de mis responsabilidades con el mundo, pero de manera preponderante, conmigo. Y por ello, quien decide, soy yo.
Los enunciados cumplen su función (y cuán compleja); el estrés, hace otro tanto; el deterioro de la salud física y la mental, suman.
Son algunos ejemplos de nuestras actuaciones lo que genera diversas respuestas que van llenando al tope ese contenedor, el problema es que cuando se sobrecarga, actúa. Respondemos de manera altanera, lastimamos, insultamos, gritamos, las miradas se alteran y pasan de una tonalidad afable a otra que se traduce en rencor.
Quien haya experimentado cansancio, deterioro en su salud, comprende lo que quiero expresar, pero, más allá de estas circunstancias, tenemos la capacidad para tejer nuevas maneras de resolver cada evento, sin que tengamos que aceptarlo todo, acá la solución es ser empáticos y mediadores, lo que permite que el yugo sea liviano.
Hay que conversar con el pasado, acercarnos a él con la esperanza del perdón, acudir a quienes hemos lesionado, hablar con el corazón y la humildad para comprender que, en ese acto sencillo, estamos anteponiendo nuestra fragilidad y a la vez sembrando esperanzas para que cuando abandonemos este plano dejemos una estela de tranquilidad y nos marchemos sin que nos cueste; al contrario, que sea liviana esa despedida
Las historias son innumerables, probablemente no estén bien redactadas, pero, no debemos esperar al último momento de aliento para tratar de reconstruir lo que no se hizo a tiempo, sin prisa y con el corazón tranquilo.
Nunca imaginamos que, en una expresión cargada de dolor, de irritabilidad, le estamos lanzando a esa persona, energías que no le permiten ser libre, porque la palabra tiene fuerza y ata.
Deseo viajar tranquila, con la certeza que me ha dado el saber que no llevo equipajes, sino que hay liviandad en mi ser, que puedo respirar un aire limpio y caminar sin recibir miradas acusadoras, todo lo contrario, encontrarme con una travesía limpia.
Todos somos merecedores de bendiciones y la libertad es una manera de aceptarla.
«La genética es la ciencia de las posibilidades, y nuestro único límite es nuestra imaginación». — J. Craig Venter


