Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadUN VIAJE LLAMADO VIDA

UN VIAJE LLAMADO VIDA

 

Considerar que la vida tiene facetas admirables me inspira en momentos como este y quizás de manera osada a dejar plasmada una consideración en estas páginas. Y es osado, porque no es interpretación universal.

El ser humano desde que tiene algo de autonomía programa su vida, y no está mal; sin embargo, lo conduce a momentos de profundo estrés el no alcanzar esos propósitos, abandona su salud mental y física,” se olvida de vivir.” Por otro lado, la sociedad impone unos estándares de vida a los que se les apuesta y en esa carrera vertiginosa, va perdiendo, la meta sigue siendo inalcanzable. Lo bonito de la travesía es que la vida misma nos brinda espacios para realizar pausas, observar el camino y tomar decisiones, quizás algunas inadecuadas, pero, se realiza el ejercicio. (tal vez le exige tiempo), pero, lo hace.

Surge una pregunta: ¿vale la pena reprogramarnos?, ¿Somos conscientes de lo que trae el día a día?, ¿tenemos respuestas ante lo que surja en ese recorrido?

Entendiendo que la edad, que no es otra cosa que la experiencia, sumatoria de regalías y el fruto de aciertos y desaciertos, me permito realizar una analogía.

La vida es un viaje, sólo hay que aprender a mirarlo con el prisma más claro para comprenderlo y recorrerlo intentando hallar en cada faceta, razones para continuar avanzando con optimismo y amor, ese que perdemos ante cualquier diferencia.

Ahí visualizaremos la panorámica de ese diario vivir, donde el pasado cuenta; el presente suma y el futuro, no tiene precisión, quizás sume, reste, o divida. Depende de esa programación.

Hay diversos viajes: los de placer: brindan conocimiento, narran, porque cada rincón del cosmos cuenta historias; unas, desgarradoras; otras, pletóricas, pero en cada kilómetro de recorrido hay un pasado desconocido por muchos, y un presente que lo restaura.

Pero, hay viajes que deberíamos realizar para componer lo que se ha roto por diversas situaciones y que posponemos, considerándolos intrascendentes.

Cada uno lleva sobre su espalda cargas que se convierten en pesadillas insostenibles, aun asì van con nosotros. Lo valioso de este hallazgo es identificar que cuando se le permite al consciente depositarlas, estas, logran la magia del bienestar tan anhelado. Las enfermedades son el resultado de situaciones acumuladas que no tuvieron la apertura para analizarlas y después, cerrar ciclos.

El cuerpo es una máquina perfecta capaz de sobrellevar pesos que no le corresponden, aunque al hacerlo, se contagie de energía que socava su paz. Es responsabilidad nuestra, verificar que este sistema trabaje en la forma adecuada e ir reparando las piezas que requieren atención. Una manera de lograrlo y casi milagrosa, es “aprendiendo a vivir”. Tal vez sea incomprensible ese verbo, pero en esencia es la regla de oro. Vivimos intentando ganarle la apuesta al consumismo, que, en esa carrera, perdemos el aliento y se nos van escapando energías.

Atesoramos cada día para vivir plenamente y cumpliendo metas, aunque se logran, pero el precio es muy alto.

Si percibiéramos el mundo de manera práctica y longeva, entenderíamos que es más fácil alcanzar nuestros propósitos sin deudas, sin tener que acudir a más de un empleo, durmiendo lo justo, comiendo bien y compartiendo calidad con los nuestros. Eso significa tener más problemas reales y menos imaginarios lo que augura una vejez digna.

La contabilidad como práctica, es necesaria, sin embargo, la usamos con nosotros, la humanidad escaló a otros niveles hasta transformarnos en cifras y según ellas, garantizamos nuestro valor. Hay que entenderla como la herramienta que me permite garantizar armonía con las responsabilidades asumidas. Sólo eso. Yo soy una persona responsable de mi salud, de lo que como, de lo que bebo, de mis pensamientos, de mis sentimientos, de las emociones y hasta de mi respiración. Si no lo hago bien, el mecanismo empezará a funcionar mal.

Hay que realizar un viaje, ese que transforma, que enriquece, que llena de conocimiento, pero, que recarga. Hay que viajar a otros escenarios, incluso al perdón, ya que se convierte en la peor carga, y se revierte en problemas de salud insostenibles. Algunos viajes se quedaron en una parte de nuestra conciencia, su recorrido se hizo estéril porque no se tuvo la capacidad de enfrentar los miedos de subir a esa nave llamada tiempo para reencontrarnos con ese dolor que aún hace mella.

¿Quién no ha cometido errores y carga con el peso de estos? Es un interrogante cuya respuesta no está en el corazón de muchos, sin embargo, esa es la mecánica, cargar con ese yugo, sin buscar alivianarlo. Los padres, hermanos, maestros, esposos, hijos, amigos, todos, erramos, pero, podemos dar por contado que quienes han vivido ese proceso, lo comprenden. Ahora, si, por el contrario, vivimos condenados por ello, está en nuestras manos decidir, ya que cada uno es importante. Cuido de mí, por mí y para mí, al final del camino, es lo que cuenta.

Cargar con el pasado, enferma.

Ojalá todos tuviésemos la posibilidad de detener la travesía, abandonar lo superfluo, crear la conciencia del ahorro para viajar a destinos diversos, escuchar historias, nadar en el mar y disfrutar del oleaje, de las especies que habitan allí, de la salinidad con sus beneficios, de las ruinas que hallemos en ese recorrido, de las lenguas que otros compartan, del clima diverso que nos acompaña, de largas caminatas para activar la circulación, del abrazo anhelado con aquel ser que no vemos hace mucho y anhelamos su proximidad, de la adrenalina que produce un vuelo, un tren bala, un juego mecánico, escalar montañas… en fin, es lo que merecemos y nos devuelve la vitalidad. Es una invitación.

Estuve 15 días compartiendo historias, ejercitando la mente, conociendo el arte, pero, sobre todo, construyendo o reconstruyendo la historia de una vida que se debilitó por heridas de un pasado abierto. Hoy están cerradas, ya no sangran, la salud alcanzó una mejoría considerable, pero, lo más importante es que me devolvió el aliento, nos devolvió la alegría, la vida. Es el viaje que debemos hacer para comprender que ha valido la pena el recorrido realizado y que la meta se alcanzará, despojados de prejuicios. Hay que ir con el corazón dispuesto. Sin equipaje o livianos del mismo.

La vida es una, hay que volver a vivirla, asì como lo manifestaba Borges, en Instantes:” Si pudiera vivir nuevamente mi vida, me relajaría más, no sería tan perfecto, nadaría más ríos, subiría más montañas, cometería más errores, tendría más problemas reales y menos imaginarios. Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada momento de mi vida, pero, si pudiera volver a vivir, tendría sólo momentos. La vida está hecha de momentos”.

No aplacemos ese encuentro con la tranquilidad, con la alegría que ofrece la voz de un desconocido, las imágenes que desconciertan con su belleza, los paisajes que aguzan los sentidos, otras culturas, el camino dibujado con racimos de uvas que luego se trasladan al paladar para celebrar con una buena copa de vino y en familia, en fin, las maravillas que tiene cada país, cada región, cada rincón. Ahí está la esencia de vivir.  Sólo cuando nos demos ese regalo, lo comprenderemos. Lo importante es que no sea postergado, ya que siempre habrán excusas para realizar lo inaplazable.

Mi historia va con los 365 días calendario. Actúo. Es hoy, mañana, será tarde.

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