Pereira: Un poco de historia
En el 2004 la CARDER llegó a la Avenida Sur con calle 64, lugar donde hasta ese momento solo existía el Comando de Policía como construcción de cierta importancia en la zona, y un inmenso lote a donde eventualmente llegaba un circo o un parque de diversiones mecánicas.
Se puede decir que fue esta entidad, encargada de administrar los recursos naturales, la que comenzó a “colonizar” esta zona de la ciudad con una gran edificación construida en guadua, que hay que reconocer, se ganó muchos elogios, porque su constructor fue Simón Vélez, un arquitecto famoso por su innovador uso de la guadua como elemento estructural en las construcciones de la región. Además de grande, la construcción era en guadua, dos motivos para destacarse en el lugar.
A continuación, llegó el centro comercial Home Center y conjuntos residenciales como Villas del Jardín, Altos de Tanambí y Santa Helena, dando lugar a un conjunto urbano de carácter habitacional, institucional y comercial que continuó su desarrollo con AlKosto y dos conjuntos: La Castellana y Andalucía.
La Avenida Sur siguió sufriendo transformaciones en el tramo que va del barrio Corales a MERCASA: donde antes había fincas, se desarrollaron conjuntos residenciales de cierta magnitud como Coralina Conjunto Cerrado, Santa Juana y Santa Clara de las Villas, que fácilmente sumaron 900 unidades de vivienda; Olivar de los Vientos II Etapa, en el punto de confluencia de la Avenida Sur con la 30 de agosto; La Italia, Bulevar del Café, Bulevar de las Villas, en inmediaciones del Pueblito Cafetero, con lo que los habitantes de condominios campestres que habían ocupado estas zonas buscando alejarse de la congestión urbana, vieron llegar esos conjuntos habitacionales de alta densidad.
La Avenida Sur, que inicialmente fue concebida como una vía rápida para salir de Pereira hacia Cerritos descongestionando las vías interiores de la ciudad, se convirtió en una zona urbanizada de alta accidentalidad, pues a pesar de este cambio en los usos del suelo, ni los conductores ni las entidades encargadas tomaron medidas suficientes para prevenir accidentes ni proteger a los peatones que necesitaban cruzar la avenida.
Los conjuntos cerrados
El incremento de conjuntos cerrados sobre la Avenida Sur, parecía ser una respuesta a la demanda de vivienda para la clase media que busca soluciones que le ofrezcan algo más que una vivienda de interés social, y menos que los costosos condominios exclusivos para los estratos altos.
Esa clase media quiere vivir en conjuntos cerrados, que si bien representan mayores costos (vigilancia, administración), también ofrecen mayor seguridad, privacidad y la hacen sentir más cerca de los estratos altos, que representan el “Modus vivendi deseado”.
Es así como los nuevos barrios son esos “conjuntos cerrados” que se han impuesto en las últimas décadas, como respuesta a la inseguridad. La mayoría de las familias, especialmente de clase media para arriba, quieren vivir en conjuntos cerrados. Adicionalmente, estos proyectos habitacionales comenzaron a ofrecer atracciones como piscinas, canchas deportivas, ciclo vías, gimnasios, salón social, al estilo de “Clubes privados” para el disfrute de sus residentes.
La ciudad ha cambiado su fisonomía, ha dejado de ser lo que era, cuando cualquier transeúnte podía recorrer sus barrios. Ahora son conjuntos cerrados, cual pequeños “Guetos” con puertas, a los que solo tienen acceso sus residentes y las personas que ellos autorizan. Como las pequeñas ciudades en la edad media, a las que solo se podía ingresar por grandes puertas que controlaban la llegada de los foráneos.
Con ello, la ciudad ha dejado de ser abierta y amable, se cierra al paso del peatón, del transeúnte. Es el costo de la inseguridad; también, el costo de un nuevo estilo de vida para los que quieren conjuntos cerrados cual clubes privados.
La emigración
Estos conjuntos cerrados que se comenzaron a construir desde el 2005 ofrecían viviendas con costos accesibles para la clase media, pero rápidamente se valorizaron y dejaron de ser una alternativa para esa clase media que nuevamente vio alejarse su oportunidad de acceder a la casa soñada.
Sin embargo y a pesar de su valorización, los conjuntos cerrados para estratos 4 y 5 siguieron proliferando y el auge de la construcción no decayó. Y es que las firmas constructoras cuentan con una importante demanda que les permite seguir construyendo e incrementar precios. A modo de hipótesis y con base en algunos sondeos y observaciones de campo, se puede decir que esta demanda tiene relación con un fenómeno que inició hace muchos años: el fenómeno de la emigración. Porque no se puede negar que Pereira es una de las ciudades que más aporta a las estadísticas de la emigración en Colombia.
Los pereiranos tienen una gran inclinación a emigrar, sea cual sea el estrato al que pertenecen y los medios que utilicen para hacerlo. Hay fenómenos sociales que solo se hacen evidentes con datos estadísticos, pero este es un fenómeno que se percibe, se palpa en el día a día. Siempre hay alguien que se está yendo, un conocido, un vecino, un amigo, incluso una empleada del servicio que empeñó su casita para poderse ir. Cualquier oportunidad se aprovecha para salir del país, se van sin pensarlo dos veces, como si no dejaran atrás toda una vida.
Siempre he pensado que tiene que haber algo relacionado con la sangre, la “raza”, la cultura o todas ellas, para que tantas personas de una misma región asuman un comportamiento tan similar, para arriesgar tanto, para partir sin nada, con la esperanza de conseguirlo todo. Son algo así como la nueva versión de esos antiguos colonizadores antioqueños que, como dice la canción, “con el machete y el perro andariego” se tomaron las montañas, para avanzar y fundar los pueblos de los actuales departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda.
Solo que ahora la gesta colonizadora va más allá de las fronteras nacionales. Salen a otros países a buscar mejores oportunidades, conseguir plata para enviar a los familiares, y/o ahorrar dinero para comprar la casita de sus sueños.
Así, irrumpe en el mercado de la vivienda este comprador, que después de muchos años de trabajo logra comprar la casa en su ciudad natal. Las firmas constructoras ofrecen facilidades para adquirir una vivienda desde el exterior: promueven publicidad en el extranjero, ofrecen facilidades para adelantar trámites en esos países, lanzan sus proyectos en España o Estados Unidos.
La demanda crece y el mercado actúa en consecuencia, los precios suben y los emigrantes siguen comprando, porque para ellos siguen siendo buenos precios, teniendo en cuenta los altos costos de la vivienda en Europa o Estados Unidos, donde comprar una casa es una utopía para la clase media.
Pero no son solo los emigrantes los que inciden en el incremento de la demanda de vivienda. Aquí interviene otro tipo de comprador: el inversionista, atraído por un negocio que le reporta buenas ganancias en el corto tiempo. Los capitales pasivos e incluso los ahorros guardados en espera de una buena oportunidad salen al mercado, las casas se compran para ser revendidas o alquiladas a medida que se valorizan y comienzan a arrojar las ganancias esperadas.
Los conflictos de la convivencia
Es así como las viviendas quedan en manos de inversionistas y emigrantes, pues los estratos altos no quieren viviendas en conjuntos cerrados, donde las familias comparten áreas comunes con los conflictos propios de la convivencia “horizontal” y multicultural.
Y es que los nuevos conjuntos son ocupados por una población cada vez más heterogénea: en primera instancia, la clase media tradicional, que quiere organizar su espacio habitacional con sentido de propiedad y pertenencia. Los conjuntos cerrados requieren de un gran sentido de pertenencia para construir colectivamente el hábitat: hay que aprender a convivir, administrar los bienes colectivos, hacer el espacio amable para el disfrute común.
Este tipo de propietarios–residentes, deben convivir con los arrendatarios, a quienes emigrantes e inversionistas alquilan sus viviendas. El arrendatario no tiene sentido de pertenencia, está de paso, y su mayor interés es disfrutar al máximo de los bienes colectivos sin importarle su preservación.
La convivencia se torna difícil, especialmente cuando se comienzan a enfrentar los “modus vivendi” de quienes ya tienen la cultura de vivir en conjuntos cerrados donde se deben cumplir reglas, respetar principios básicos que garanticen la armonía colectiva, y de otro lado, los que no han vivido en conjuntos cerrados y posiblemente provienen de barrios donde hay libertad para “hacer lo que se quiere”, sin que medien reglamentos ni manuales de convivencia. La convivencia “per sé” no es fácil. Menos cuando se mezclan estratos y culturas al interior de los conjuntos cerrados. Los conflictos no se hacen esperar.
Es probable que los propietarios-residentes de la clase media tradicional, cansados de insistir en los manuales de convivencia que nadie cumple, decidan abandonar estos barrios para buscar espacios en los que haya mayor afinidad con el modus vivendi de los vecinos. Y si su situación económica lo permite, se esforzarán por llegar a los anhelados conjuntos campestres estrato 6, donde nadie se mete en la vida de nadie y podrán disfrutar de esa tranquilidad que tanto anhelan.



Muy interesante por el desarrollo Urbanístico, que a tenido la Ciudad de Pereira y ese gran crecimiento . Cómo no recordar Home Center, Al costo, Carder, Policía, Universidad Católica
Y más al Sur, Universidad Libre y Universidad de las Américas, es decir gran población en formación. Es fascinante como se desarrolla la Ciudad. Pero no me gusta que le hagan tanta publicidad, porque está llegando mucha gente de afuera y no hay vías ni cama pa’ tanta gente…
Acertado análisis sociológico de un sector privilegiado por sus condiciones geográfico/ambientales, imán que atrae poderosamente la llegada de muchas gentes y el no muy amable impacto sobre el entorno
. Como muy bien lo dice Ricardo Ignacio (nada común y bonito nombre compuesto), no hay cama pa’ tanta gente!
Muchas gracias por tu comentario Nidia, muy buena reflexión que aporta al tema.
Muchas gracias Ricardo por tu comentario, muy interesante y muy cierto lo que dices: No hay cama pa’tanta gente!
Un recorrido importante en la historia y evolucion de pereira, en los ultimos años, vivir en conjuntos cerrados es un privilegio, que se disfruta por la tranquilidad y seguridad que la propiedad horizontal ofrece.
Pereira es una ciudad pujante y de prosperidad por la calidad de su gente.
Muchas gracias por su comentario. Su opinión es muy importante.
Querida Consuelo, gracias por este artículo tan sustantivo con una descripción histórica importante y, te lo digo así por conocimiento de causa, ya que fue muchos años mi ruta deportiva, y me detengo después de leer tu artículo, a ver la dimensión de lo que dices y también me asusta que a nombre de la vivienda y la construcción, hemos perdido mucho verde pulmón para cualquier ciudad de Colombia y del mundo. Ojalá los constructores piensen más en el verde que en el cemento. Felicitaciones
Muchas gracias James por tu comentario, es muy enriquecedor. La ciudad crece y el verde se reduce, es un destino casi inevitable en las sociedades modernas, pero Lo bonito es que a pesar de eso, Pereira sigue siendo una ciudad muy verde de la cual podemos sentirnos orgullosos. No hemos sido tan duros con la naturaleza, ojalá que siga así.
todo inicia con la construccion por el sistema de la contribución de valoración. Obra planeada en el plan de desarrollo «Mendoza y Olarte de 1974». Finalizada en el distribuidor hoy llamado Belmonte [el punto el pollo]. 1988 -1989. Gracias por construir memoria. FEML