miércoles, febrero 4, 2026

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«El arte va más allá de lo visible. El artista debe entrenar no solo su ojo sino también su alma.» W. Kandinsky

 

Retomar la actividad académica y artística del taller no es tarea fácil para un artista. Especialmente cuando se trata de un practicante de la estética de la sensibilidad, alguien que percibe el mundo desde las ideas, pero también desde la realidad concreta del entorno: el paisaje, las problemáticas sociales, la belleza arquitectónica y cultural, el ambiente, la ciudad misma. Cuando un artista se retira de su taller, no está inactivo: está acumulando experiencias, está pensando en su interior. Vive momentos de profundo cuestionamiento filosófico, se enfrenta consigo mismo y con la vida. Todo eso repercute, inevitablemente, en su proceso de creación. Como afirmaba Rainer Maria Rilke: «La única patria del hombre es la infancia», y en ese retorno simbólico a lo esencial, el artista encuentra los materiales íntimos de su obra.

Volver al trabajo, especialmente en el ámbito del arte —de la forma, del color, de la gráfica— depende de decisiones vitales: decisiones frente al mundo y frente a sí mismo. El artista puede llegar a creer que ha llegado el final de su etapa creativa, que su taller ya no le pertenece, que ya no tiene más que decir, o que su destino está en otra parte. A veces, siente la necesidad de dejar sus herramientas —sus pinceles, sus lápices, sus pigmentos, su arcilla— para entregarse a otros asuntos humanos, a otras búsquedas.

El retiro no es silencio, es fermento. Es ese instante en que el alma cuece lentamente una nueva visión. Así lo expresó Paul Valéry: «El arte es una creación que nace de una necesidad espiritual, no de un entretenimiento.» En la pausa, el espíritu madura. En esos momentos, caminar por una biblioteca, hacer senderismo, reencontrarse con viejos amigos o con familiares queridos, conversar con personas que le inspiran reflexiones filosóficas, puede ser esencial. La palabra o el silencio se vuelven fundamentales. Son espacios que permiten reincidir, reiniciar, recomenzar. Tal vez por eso decía Gaston Bachelard: «El espacio habitado trasciende la geometría; es espacio vivido.» Volver a caminar entre palabras o senderos es también comenzar a habitar otra vez la obra por venir.

Pareciera que, en el arte, como en la vida, es necesario “resetearse” de vez en cuando. Reinventar la mirada, replantear los lenguajes, descubrir nuevos métodos o técnicas que permitan seguir expresando esas pulsiones, emociones, ideas inconscientes que habitan al artista. «el arte es una especie de instinto o impulso natural del inconsciente que busca su realización.» Carl Jung.

Por eso, reinventarse no es traicionarse, sino permitir que lo nuevo emerja desde lo profundo.

El arte, como universo de sensibilidades, de belleza y de fealdad, es un mundo profundo, ancho, largo, infinito. No tiene un inicio claro ni un fin definitivo. Es un espacio vasto, inabarcable, donde pueden empezar a habitar otras experiencias y otras formas de sensibilidad, propias de cada ser.

Volver a comenzar. Volver al taller, a los lápices, a los colores, a la arcilla, al papel. Volver a esas técnicas que hacen posible lo que muchos llaman inspiración. Volver para contar nuevas historias: paralelas, alternas, marcadas por el dolor, la alegría o la complejidad de lo abstracto, de lo inexplicable. Todo esto es importante. Cuando no se da, es ahí donde sobreviene una muerte: la de la idea, la de la creación, o incluso la del cuerpo. Antonin Artaud advertía: «El artista ha de ser un provocador de almas; si no las mueve, si no las sacude, muere en sí mismo.» Por eso, cuando el artista vuelve —a la hoja, a la cartulina, al lienzo, a la danza, al teatro o al canto— puede hacerlo con más potencia, con más rigor, con una frescura renovada.

Para decir lo que necesita la humanidad, lo que necesitan los hombres, los seres humanos. “Tenemos el arte para no morir a causa de la verdad.” F. Nietzsche

7 COMENTARIOS

  1. Hermoso y estimulante escrito, James. Yo siempre siento que ese ese retornar, ese comenzar de nuevo, en verdad sucede todos y cada uno de los días de la vida…

  2. Maestro James Llanos, este artículo es un tratado filósofico sobre el arte, sus implicaciones de todo orden en el ser humano. Esto es una cátedra para inscribirla en cualquier contextos. Felicitaciones.

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