lunes, mayo 25, 2026

𝗔𝗕𝗘𝗟𝗔𝗥𝗗𝗢 𝗗𝗘 𝗟𝗔 𝗘𝗦𝗣𝗥𝗜𝗘𝗟𝗟𝗔: ¿DEGRADACIÓN MORAL DE LA POLÍTICA Y EL DEBATE PÚBLICO? 

Opinión𝗔𝗕𝗘𝗟𝗔𝗥𝗗𝗢 𝗗𝗘 𝗟𝗔 𝗘𝗦𝗣𝗥𝗜𝗘𝗟𝗟𝗔: ¿DEGRADACIÓN MORAL DE LA POLÍTICA Y EL DEBATE PÚBLICO? 

Una sociedad se retrata en sus gobernantes y candidatos. Las actuaciones y expresiones del candidato de la extrema derecha, Abelardo de la Espriella, sirven de referente para la reflexión. Este abogado ha dedicado  buena parte de su vida profesional a representar judicialmente a personajes vinculados con organizaciones criminales, narcotráfico y escándalos de corrupción. Defendió a Alex Saab, con recursos del gobierno de Maduro, a quien supuestamente criticaba. Hace algunos días en el programa radial Piso 8, nuestro personaje sugirió que había ganado muchos votos femeninos por el tamaño de sus genitales y le pidió a una reportera que hiciera zoom a una fotografía en la que estos se resaltaban, además de otra serie de comentarios grotescos sobre la sexualidad.

En un  país donde su  Congreso y el sistema judicial se han opuesto a la Reforma a la Salud, a las reformas laboral, educativa, pensional, agraria y la transición ambiental; en una patria que necesita cambios profundos en su cotidianidad para salir de deshonroso tercer lugar mundial en inequidad social, lo que se necesita son ideas y propuestas, no la pornografía actoral de un candidato.

La audiencia crece, las estafetas de la “buenas costumbres” empiezan a aplaudir “…la vulgaridad como ‘autenticidad’, la agresividad como ‘carácter’, el matoneo como ‘franqueza’ y el espectáculo como ‘liderazgo’ ”; estamos frente a un problema de comportamiento ciudadano que está en profunda crisis, pues funciona mediante estímulos emocionales inmediatos: rabia, miedo, resentimiento y necesidad de figuras autoritarias. «Decir que ganó el voto femenino “por lo grande que lo tiene” habla únicamente de su pequeñez», comentaba algún candidato.

Los cambios de última hora en sus creencias y discursos ideológicos para aparecer como el adalid de la “ideas sanas” o representante de la “liga de la decencia”, indican su instrumentalización de la religión. Pasó de proclamarse un profundo ateo a exhibirse como  consumado creyente, haciendo exhibición pública permanente de rezos y símbolos cristianos. Todo ello constituye una muestra clara de la bajeza de su marketing político.

La política contemporánea debería darse alrededor exclusivamente de ideas, propuestas  y programas de gobierno y no centrarse más en los shows mediáticos, en el escándalo, en la “intimidación a la inteligencia” pues lo anterior nos lleva a preguntarnos: ¿qué tipo de sociedad se está produciendo y alimentando con estos fenómenos: Trump, Milei, Abelardo? Con seguridad, estos personajes no permitirán construir una mejor sociedad, más incluyente, respetuosa,  donde NO seamos los líderes mundiales en inequidad social, donde la dignidad y el respeto sean las banderas que conduzcan las nuevas generaciones.

Estos comportamientos culturales de una sociedad que viene de varias décadas de admirar y aplaudir la cultura mafiosa, no puede darse el lujo de ser representado por quien cambia de espectro ideológico como de ropa y quien ha estado defendiendo cuestionados personajes del bajo mundo criminal, para llegar hoy a “…encarnar el discurso de la autoridad moral, el orden y la restauración ética del país”.

Harold Salazar A

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