Cuando los conquistadores llegaron a América a finales del siglo XV, encontraron una población de indígenas raizales físicamente diferente a la raza europea. A su regreso a España empezó la discusión sobre si los indígenas americanos tenían o no alma: “Los indios americanos carecen de alma y no pertenecen a la especie humana” Dice Oswaldo Albornoz: “Para justificar la dominación de los indígenas americanos, todo usurpador trata de justificar su conquista para esconder o aminorar la explotación y desmanes que ejercen sobre los pueblos conquistados. Argumentan para justificar su usurpación que se trata de seres inferiores”. En este planteamiento queda claro que el hombre blanco (europeo), puede disponer a discreción de estos nativos, incluyendo la esclavitud.
En 1550, el clérigo Bartolomé de las Casas, enfrentó a la junta de Valladolid saliendo en defensa de los indios: Que se devuelvan a los indios los bienes robados y que los españoles abandonen las colonias”. Un clérigo enemigo de De las Casas proponía: “Los indios eran bestias, que había pecado, que Dios los había condenado, y que todos deben perecer”. El Jesuita Paleotti, va más allá, en sus sermones dominicales: Los indios están eternamente condenados por descender del diablo y de una hija de Noé”.
Con la asociación de las veintitrés academias de la lengua española, se crea en el 2010, el diccionario de americanismos (DA). En él se lee la palabra INDIAMENTA: “Conjunto de personas de baja condición social y cultural”. Si somos exigentes con la definición de indiamenta, podríamos preguntarnos porqué una persona de clase alta, formada como abogada en la universidad de Los Andes, árbitro de la Cámara de Comercio de Bogotá, culturalmente no coincide con su nivel académico. Son muchos los casos en que el estrato social no está en sintonía con el nivel cultural de la persona. Si bien a la señora María González, la universidad de Los Andes la formó como abogada, la asignatura de “cultura”, todavía la tiene pendiente sin aprobación. Cuando ella se refiere a otras personas de su misma clase social, con el término de indiamenta: Lo hace con odio, con rabia, energúmena, exaltada y descompuesta, considera la señora González que los únicos derechos posibles en Colombia, son patrimonio inalienable de una élite minoritaria que tiene el privilegio de pertenecer a clubes sociales, los demás son “indiamenta”.
Si como dice el diccionario de americanismos, indiamenta son las personas de baja condición social y cultural, entonces la misma señora, no entiende la expresión. Cuando la comprenda seguramente entenderá que ella misma, por su baja cultura, hace parte de la indiamenta. En relación a la cultura, dice la enciclopedia de humanidades: “El lenguaje, los hábitos y los valores son algunos de los conceptos que forman parte de la cultura”. De otra manera, la cultura hace referencia a cultivar el conocimiento y la educación. No se le puede pedir peras al olmo, cada cual da de lo que tiene. H y los indios si tienen alma.
JAIRO ARANGO GAVIRIA
Mayo 2025




Muchas personas creen ser superiores por sus privilegios desde la cuna y desprecian la sencillez, la humildad o la autenticidad de los que hacen visibles la gran diferencia de clases que aún persiste, a pesar de todos los tratados y acuerdos globales por la igualdad, la equidad y el respeto por los derechos a comunidades ancestrales, de quienes se han lucrado precisamente para obtener esos privilegios. Sin indiamenta no hay riqueza.
Ahora, si vamos a la definición del término, la señora y sus acompañantes representan esa “india menta” con lujo de detalles: ignorancia, escasez de valores y nula empatía. Miradas airadas llenas de odio y resentimiento; palabras vacías, amenazantes, con nula argumentación y actitud de desprecio a los que no idolatran ni veneran sus ídolos; como si no existiera la libertad ni la diversidad, como si todos tuviéramos que pensar igual. En un recinto donde todos piensen igual, nadie está pensando.
Me encantó la forma en que el artículo destaca la controversia histórica en torno a la humanidad de los indígenas americanos y cómo figuras como Bartolomé de las Casas defendieron sus derechos en un contexto de dominación y explotación.