jueves, marzo 5, 2026

LAS MALAS PRÁCTICAS DE LA COMUNIDAD INDÍGENA CONTRA LAS NIÑAS

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En el municipio de Pueblo Rico, Risaralda, en la comunidad indígena embera de Gitó Dokabu, una niña indígena fue amarrada y apaleada por dos hombres indígenas. Al respecto, la comunidad nacional de mujeres indígenas (CNMI), dijo: No más violencia contra nuestras niñas y mujeres indígenas”, también recordaron: “La Corte Constitucional ha sido clara al decir que la autonomía indígena no puede estar por encima de los derechos de las mujeres y niñas”.

Lo ocurrido en Pueblo Rico, con esta niña de la comunidad indígena Gitó Dokabu, no solo debe ser rechazado ampliamente por todas las organizaciones de derechos humanos y de la sociedad en general, sino que puesto en contexto y sin llegar a anacronismos, encontramos que esta clase de torturas contra una niña indígena, no es la única que se practica de una manera aberrante entre algunas de estas comunidades: El matrimonio infantil y la ablación están vigentes. Dice Unicef: “Si bien cientos de millones de niñas y niños de todo el mundo han experimentado alguna forma de violencia, explotación o práctica nociva, las niñas corren un riesgo mayor al sufrirlas. Las prácticas del matrimonio infantil y la mutilación genital femenina, sin importar donde se practiquen”.

Pero las niñas indígenas no solo sufren atropellos cometidos por su propia comunidad indígena. En junio de 2020, hubo un caso emblemático que sacudió a la sociedad: “Una niña indígena del pueblo Embera Chamí fue secuestrada, violada por seis soldados en el caserío de Santa Cecilia”. Aunque los soldados fueron condenados por la justicia, no es un hecho aislado si tenemos en cuenta la cantidad de agresiones que se cometen a diario contra las niñas y niños indígenas en Colombia. En su momento dijo la periodista Rocío Rubio: “Los hechos muestran que estamos ante una práctica normalizada en una sociedad patriarcal que desprecia a las mujeres y a los pueblos indígenas”.

Todas estas prácticas contra las niñas indígenas, van en contra de sus proyectos de vida ya amenazados por situaciones de marginalidad, exclusión, racismo o clasismo. Este caso de violación colectiva cometido por seis soldados contra la niña indígena de 13 años, trajo a la memoria uno cometido contra otra niña indígena en 2010: “El entonces subintendente Raúl Muñoz, había violado a una niña indígena en Tame, Arauca y, la había asesinado a ella y a sus dos hermanos para ocultar el crimen”. Es tanto el desprecio y la estigmatización de algunos de algunos dirigentes políticos que sobre esta violación de la niña indígena, afirmó la senadora Cabal: “El hecho podría ser un caso de falso positivo, orientado a mancillar el nombre de la institución”. Días después los mismos perpetradores confesaron su crimen.

Lo cierto es que las malas prácticas culturales realizadas por los mismos indígenas contra sus niñas y niños, así como las ocasionadas por muchos actores de la sociedad colombiana, de esos que dicen ser “gente de bien” contra la violación de los derechos de las niñas y niños indígenas, nos llevan nuevamente a pensar que la sociedad atraviesa por una etapa crítica y enfermiza de estigmatización que acentúa la clasificación entre buenos y malos, donde las agresiones de los buenos contra los malos, se vuelven parte del paisaje. Una buena causa sería entender quién es el bueno, y si lo que hace y piensa está bien.

 

JAIRO ARANGO GAVIRIA

Junio 2025

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