Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadNO ESTOY ENVEJECIENDO: ESTOY AFINANDO LA VIDA. TENGO 62. SOY UN SILVER.

NO ESTOY ENVEJECIENDO: ESTOY AFINANDO LA VIDA. TENGO 62. SOY UN SILVER.

 

Este año cumpliré 62 soy modelo 64. Lo digo sin dramatismo y sin afán de hacer alardes. Es la edad que la ley en Colombia señala para pensionarse por “vejez”. ¡Qué tal!

Lo digo como quien ajusta el espejo retrovisor y mira el camino recorrido: lo bueno, lo duro, lo aprendido. Hacer balances a esta edad es inevitable. Pero lo curioso es que, después de todo lo vivido —y especialmente de lo que me pasó en los últimos cuatro años, (cáncer, neumonía infecciosa, infarto)— el futuro ya no me asusta. Al contrario: me resulta interesante.

Durante mucho tiempo nos enseñaron a temerle a la edad. A confundir el paso del tiempo con decadencia. A leer cada cambio del cuerpo como una falla, cada lentitud como una enfermedad, cada olvido como una amenaza. Hoy empiezo a pensar distinto. No por ingenuidad, sino por experiencia.

Envejecer no es romperse. Es transformarse. El cuerpo cambia de ritmo, el cerebro aprende a seleccionar, el alma —si existe— se vuelve menos ansiosa. No recordamos todo porque ya no necesitamos cargarlo todo. Caminamos más despacio porque entendimos que no hay prisa. Dormimos distinto porque el reloj interno se reordena. Nada de eso es necesariamente una patología: muchas veces es adaptación.

He aprendido que el verdadero deterioro no empieza en los músculos ni en las articulaciones. Empieza cuando uno deja de moverse, de decidir, de interesarse. El problema no es la edad; es el estancamiento. El cuerpo envejece, sí, pero la vida se apaga cuando se deja de usar.

También he entendido algo clave: no todo se soluciona con pastillas. Hay dolores que se alivian caminando, conversando, tomando sol, manteniendo rutinas simples. Hay insomnios que se calman con luz de día y horarios regulares. Hay silencios que se llenan mejor con presencia que con diagnósticos.

Y hay una palabra que pesa más que cualquier arruga: soledad. No la que se elige, sino la que se impone. Por eso cuidar los vínculos no es un lujo emocional, es una estrategia de salud. Seguir llamando a los amigos, salir, reírse, compartir mesa, ideas y recuerdos, viajar, conocer nuevos lugares y volver a  los ya conocidos que seguramente han cambiado junto conmigo. No para “no ser una carga”, sino para seguir siendo parte.

A esta edad, conservar el control de la propia vida es un acto de dignidad. Decidir qué leer, cómo vestirse, cuándo salir, con quién hablar, qué aprender.

Mientras uno pueda elegir, sigue vivo de verdad. Cuando deja de hacerlo, empieza el verdadero desgaste.

Hoy miro hacia adelante con serenidad. No espero demasiado de nadie y eso, paradójicamente, me hace más libre. Los problemas pasan, las etapas también. Lo único irreversible es no vivir. Hay que vivir y disfrutar cada segundo de vida.

Cumplir años no me ha quitado entusiasmo. Me ha quitado miedo. Y eso, a los 62, es una ventaja enorme.

 

Fernando Sanchez Prada

Comunicador y columnista.

Sexenial y Silver

 

7 COMENTARIOS

  1. A todos, Consuelo, Luis Alberto, Marisol, Patricia, los que me han escrito al Whatsapp y al correo, fernandosanchezprada@gmail.com, muchas gracias por sus comentarios. Voy a escribir una segunda columna sobre el tema, tal vez para el viernes próximo .
    Un abrazo

  2. Sabía reflexión, es lo que los mayores debemos hacer, no pensar en un final sino disfrutar lo que tenemos, una vida que podemos aprovechar. Vivir en el presente, hacer lo que nos gusta, lo que queremos, sin aceptar imposiciones ni obstáculos que a veces nos quieren poner y que en muchos casos son imaginarios. Para nosotros, el futuro es hoy! Y simplemente, hay que vivirlo de la mejor manera!

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