domingo, abril 19, 2026

CONVERSACIÓN CON EL ARQUEOLOGO EZEQUIEL RUBIANO

OpiniónHistoriaCONVERSACIÓN CON EL ARQUEOLOGO EZEQUIEL RUBIANO

Una tarde, en la sala destinada al futuro Museo de Arqueología de la Secretaría de Cultura ubicada en el tercer piso del Centro Cultural Lucy Tejada, se produjo un encuentro que, más que circunstancial, parecía inscrito en esa lógica secreta donde el tiempo se pliega sobre sí mismo. Allí estaba Ezequiel Rubiano: una presencia serena, de introspección casi mineral, cuya palabra parecía emerger no solo de la experiencia, sino de una escucha atenta de las capas profundas de la historia.

Bogotano, de humor fino y de una sensibilidad abierta a lo inabarcable, Rubiano encarna una disposición existencial que trasciende el simple ejercicio disciplinar: en él, la arqueología no es solo método, sino una forma de habitar el tiempo. Ha recorrido el mundo con una curiosidad sin reservas, dejándose afectar por la pluralidad de las culturas, por la estética silenciosa de los vestigios, por aquello que persiste más allá de la evidencia inmediata. Lo platicó Lewis Binford, “la arqueología no trata de cosas, sino de personas”; y en esa medida, cada fragmento, cada resto, cada huella, deviene en Rubiano una interrogación ontológica sobre la condición humana.

Aquella primera vez no estaba solo. Lo acompañaban, entre otros, la coordinadora del museo, la licenciada Marcela Velázquez; el historiador Ronald Holguín; y un grupo de artistas de la Escuela de Artes Visuales de la Secretaría de Cultura del municipio, todos ellos vinculados al proceso museológico en curso. La escena, más que un simple encuentro institucional, se configuraba como un nodo de pensamiento donde convergían la historia, el arte y la memoria.

Desde entonces, mi tránsito por este espacio ha adquirido una frecuencia casi ritual. Hoy, también en calidad de contratista de la Secretaría de Cultura, desempeñando labores de curaduría en la sala de exposición Carlos Drews Castro del Teatro Santiago Londoño, he podido observar y participar de cerca en este trabajo, elaborando algunas tareas que allí se despliegan: un verdadero laboratorio de temporalidades. En este ámbito, Ezequiel lidera la clasificación, medición y estudio de más de 850 piezas que reposan en la colección, muchas de ellas provenientes de hallazgos regionales o donaciones.

Cada objeto, en este contexto, deja de ser un mero vestigio para convertirse en un signo: una inscripción material de la memoria, un fragmento de mundo que resiste al olvido. Así, la práctica arqueológica se revela no solo como un ejercicio técnico, sino como una poética del pasado, una forma de interrogar el presente a través de las huellas que, silenciosamente, lo sostienen.

En este contexto, surge la siguiente conversación.

Arqueólogo Ezequiel, ¿dónde se formó como arqueólogo y qué lo llevó a elegir esta disciplina?

En la Universidad Nacional de Colombia. La arqueología es, en esencia, el estudio de las sociedades pasadas a través de su cultura material. En mi caso, la decisión de estudiar antropología surgió del interés por comprender cómo vivieron las comunidades antiguas, cómo se adaptaron a su entorno y qué podemos aprender de ellas hoy.

Existen múltiples líneas dentro de la arqueología: precolombina, zoo arqueología, estudios comparados… ¿cuál es su enfoque?

Mi interés es amplio. Me interesa particularmente el poblamiento temprano de América. Colombia ocupa un lugar estratégico en ese mapa, y regiones como el Magdalena Medio y el Cauca Medio, son claves para entender cómo llegaron y se distribuyeron los primeros grupos humanos al continente.

Hoy, gracias a herramientas como la lingüística y el análisis de ADN antiguo, estamos redefiniendo muchas hipótesis. Durante mucho tiempo se pensó que el poblamiento provenía exclusivamente del estrecho de Bering, asociado a la cultura Clovis. Sin embargo, en Suramérica incluyendo Colombia, Brasil, Venezuela y Chile se han encontrado evidencias más antiguas, lo que cambia el paradigma.

¿Qué importancia tienen los hallazgos en América Latina frente a otras regiones del mundo?

Durante mucho tiempo, el conocimiento arqueológico estuvo dominado por narrativas eurocéntricas. Hoy eso ha cambiado. En América Latina se han producido hallazgos fundamentales: evidencias de interacción entre humanos y megafauna hace más de 12.000 años, cerámicas muy antiguas en Colombia, Ecuador y la Amazonía y nuevas dataciones que sitúan la presencia humana en Colombia entre 10.000 y 20.000 años, posiblemente más.

¿Por qué en otros países parece haber más museos arqueológicos visibles que en Colombia?

Esto responde a factores políticos, institucionales y también a la historia de la investigación. Sin embargo, en Colombia se ha avanzado mucho, especialmente gracias a la legislación y al trabajo del Instituto Colombiano de Antropología e Historia ICANH.

La arqueología preventiva ha sido clave: cualquier intervención del suelo vías, obras públicas, proyectos energéticos debe incluir estudios arqueológicos. Esto ha permitido no solo investigar, sino también divulgar y, cuando es pertinente, musealizar los hallazgos.

Se ha dicho que Colombia carece de una identidad sólida. ¿La arqueología puede contribuir a resolver esa percepción?

Yo creo que Colombia es profundamente diversa y rica en identidad. La arqueología aporta a esa comprensión. Por ejemplo, los sistemas hidráulicos del Sinú canales y camellones demuestran un conocimiento sofisticado del medio ambiente, con tecnologías sostenibles que funcionaron durante siglos.

La arqueología no solo estudia objetos: estudia estrategias de vida, formas de habitar el mundo.

¿Qué hallazgos destacaría de su trayectoria?

He trabajado en el piedemonte amazónico, especialmente en Putumayo, una región poco estudiada a nivel global, por su situación política extractiva y de frontera. También he referenciado hallazgos particulares como una punta de flecha en chert, recuperada en Puerto Berrío (Magdalena Medio) a la que llamé “lanceolada” que podría aportar información clave sobre industrias líticas tempranas.

En Casanare documenté túmulos de cultivo, una técnica de adaptación del suelo similar a las terras pretas amazónicas. Esto evidencia que estas regiones no eran despobladas, sino altamente intervenidas y gestionadas por comunidades complejas.

También ha trabajado en contextos forenses…

Sí. He colaborado con la DIJIN, la Unidad de Búsqueda de Personas Declaradas Desaparecidas y con la JEP. Allí, la arqueología y la antropología forense cumplen un papel fundamental en la reconstrucción de memoria y en la búsqueda de verdad para las familias.

Actualmente, ¿en qué consiste su trabajo en la ciudad?

Estoy vinculado a la Secretaría de Cultura de Pereira en un proceso de revisión, clasificación y puesta en valor de la colección arqueológica existente. Este trabajo retoma esfuerzos previos de investigadores como Alexander Franco Enciso, Carlos López y Marta Cano, entre otros.

La colección reúne cerca de 2.000 piezas, de las cuales más de 850 están completas y en buen estado.

¿Podemos hablar de la creación de un museo arqueológico en Pereira?

Sí. La meta es clara: iniciar con una primera sala de exhibición en 2026, como fase inicial de un museo arqueológico más amplio. Esta sala presentará una línea de tiempo desde hace aproximadamente 15.000 años hasta la invasión europea.

¿Quiénes acompañan este proceso?

Es un trabajo colectivo. Participan artistas, historiadores, curadores y mediadores culturales. Destaco el trabajo de Ronald Holguín, Marcela Velázquez y el equipo de patrimonio liderado por Jorge Mario Vélez, bajo la dirección general de la secretaria de cultura municipal la doctora Emilia Gutiérrez.

Entonces, ¿podemos confirmar museo en 2026?

Sí, al menos en su primera fase, una sala de exhibición que permitirá a la ciudadanía y visitantes de todo el mundo acercarse a su pasado más remoto, sin embargo, esta es una primicia que la entregará a los medios de comunicación oficialmente más puntual y en su momento, la doctora Emilia Gutiérrez, secretaria de cultura.

Este proyecto no solo busca conservar piezas, sino activar la memoria, convertir el pasado en experiencia viva, en una ciudad que crece hacia el futuro. La arqueología aparece como una forma de anclaje, de comprensión profunda de lo que somos.

¡Muchas gracias arqueólogo por su tiempo! Me voy de este lindo espacio con una enorme satisfacción, de saber que hay una autoridad local en la cultural municipal, que ha entendido los actores y el rol de la cultura, el arte y el patrimonio, pero también, de saber que tienen un equipo envidiable para esta clase de trabajos en la investigación científica.

4 COMENTARIOS

  1. Excelente artículo sobre un tema a veces vedado para el lector común y corriente. Nos ilustra de manera amena pero científica acerca de nuestros orígenes. Muy porque el arqueologo Ezequiel Burbano por concienzuda labor de realizar un museo arqueológico , bien por su brillante columna maestro James Llanos. Saludos.

  2. Importante la presencia de este tipo de investigadores y científicos que tanto aportan a la ciudad y al conocimiento de la historia antigua, con esa concepción tan acertada de no considerar la arqueología como estudio de objetos, sino como el conocimiento de las formas y estrategias de adaptación de la población a sus territorios.

  3. Gracias Maestro por este acercamiento a la comprensión de ese maravilloso pasado, que conecta a la región con su verdadero presente, a través de la investigación arqueológica.
    También quedó pendiente de la inauguración de esta futura sala, abre bocas como portal del tiempo, para entender la sobrevivencia del ser humano en la zona, sus dificultades y logros, para ser quienes somos ahora.
    Un abrazo.

  4. Gracias Ezequiel por tu trabajo. Porque para quienes vivimos esto como un sueño, como un ejercicio de la imaginación, tu lo vuelves cierto cuando lo iluminas con el saber.

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