Sergio Fajardo es de lejos el mejor candidato de la contienda electoral que estamos viviendo actualmente en el país, su campaña en cambio es la más floja entre las que suenan en el cascabel político diario y ya veremos por qué.
No ganará las elecciones, fracasando por tercera vez. Pues las encuestas y sondeos de opinión a un mes de la primera vuelta, lo ponen en un difícil cuarto lugar siempre entre con un 5% y 10% de intención de voto.
La situación favorable que tenía el matemático paisa al iniciar la contienda a fines del 2025, donde incluso alcanzó en algunos sondeos de entonces a quedar de primero por encima de Cepeda y De la Espriella, y que después bajó al tercer lugar convirtiéndose por un momento en una opción atractiva de centro que lo podría meter a segunda vuelta, se desvanecieron rápidamente con la llegada de Paloma Valencia como ganadora de la Gran Consulta por Colombia, y con la elección de Juan Daniel Oviedo, segundo en la misma como fórmula vicepresidencial, atrayendo el centro político, pues Oviedo era el más petrista de la consulta, y tuvo la habilidad de no irse del todo contra el gobierno, reconociéndole los aciertos. Esto le género réditos políticos de casi 1.200.000 votos, entre ellos del espectro de centro izquierda, centro derecha y petristas que miran con reservas al candidato del oficialismo Iván Cepeda.
FACTOR NÚMERO 1 LOS VICEPRESIDENTES
Otro factor que influyó en el posicionamiento político actual, tiene que ver con la elección de las vicepresidencias. Nunca en la historia política de Colombia, esta figura había suscitado tal interés en la opinión pública, generando todo tipo de suspicacias, análisis y hasta polémicas por la formación académica, la trayectoria política o sus posturas en temas neurálgicos para el país.
Máxime, cuando en el caso del candidato oficialista Iván Cepeda, se tienen profundas dudas sobre su salud y entonces se especula sobre la capacidad de un eventual probable, gobierno de su fórmula Aida Quilcué, quién apenas demuestra grado noveno aprobado.
En este sentido, se esperaba que a igual que Cepeda, De la Espriella, y Paloma, Fajardo escogiese una dupla que le trajese votos, de distintos sectores y lo acabaran de posicionar como tercería viable.
Pero no fue así, la figura Edna Bonilla, desconocida totalmente en el mundo político nacional, a duras penas en Bogotá por su paso en la secretaría de Hábitat en el periodo del alcalde Luis Eduardo Garzón y como secretaria de Educación de la alcaldesa Claudia López; en tanto académica y profesional técnica, tiene una formación excepcional, pero no le alcanza para conocer todo el país y darse a conocer aún, trayéndole votos al profe.
La figura vicepresidencial adquiere con Francia Márquez un foco de cámara especial en la cinematografía política, pues al ser la primera mujer negra y de sectores populares de Colombia que detenta por merito de sus votos tal cargo, consiguiendo casi 800.000 votos siendo una total desconocida, las expectativas que se generaron sobre su gestión en la vicepresidencia fue mucha, pero pronto se demostró que no bastaba su voluntad férrea para cambiar las realidades, y que no sólo de discursos se logra la soñada revolución, Francia demuestra que se requiere urgente, una izquierda formada, ya no para el activismo de calle, pancarta y consigna, para la trova de Silvio o el esténcil del Che, sino una izquierda formada académicamente para gobernar, para administrar, para direccionar el gasto, pero sobre todo, una izquierda que sea capaz de superar las malas mañas de la derecha en términos de corrupción, incompetencia y amiguismo.
Entonces en estas elecciones, el foco de cámara, se ha fijado en un plano cerrado y especifico en los vices, estos han jugado de titulares dejando a un lado a los candidatos que han cedido un poco el puesto. Por ejemplo, Oviedo, gay y gomelo, ha dado un periodicazo de centro con su segunda votación, Aida Quilcué en cambio ha generado todo un performance de barriada, calle y tarima al lado de Cepeda, una campaña que no asiste a debates y conmina a lo popular y lo comunitario. Restrepo ex ministrio, un rolo más de la élite colombiana, tecnócrata y académico, moderado y tranquilo en su discurso pero elitista a mas no poder, dora la píldora de los exabruptos constantes de Abelardo y busca generar tranquilidad en sectores de derecha a quienes no les gusta el costeño vendedor de ron.
En este sentido la vice de Fajardo ni suena, ni truena, sacada de un sombrero de mago, Bonilla no juega un protagónico relevante que robe cámara, es una segundona, que simplemente aparece al lado de Fajardo, cuál sancho panza al lado de su señor, pero no le conocemos una puesta en escena que la diferencie en el debate público.
SEGUNDO FACTOR: FAJARDO Y SU POCA CAPACIDAD DE REACCIÓN.
Si algo debe tener una estrategia política que aspire a ganar, es reaccionar a las movidas de sus contendores; quien se mueve a tiempo y de manera acertada, dando golpes de opinión es quien se posiciona. Para esto hay que entender el candidato es un producto, cuya moneda de compra es el voto en la urna, y las mediciones de marketing, son los sondeos de opinión. En consecuencia, toda acción en el mercado político, genera una reacción entre quienes construyen la oferta y la demanda electoral.
Así las cosas, las reacciones de Fajardo han sido malas. No vamos a usar eufemismos al respecto. Pese a ser un personaje que tiene buenas propuestas y que ha demostrado ser buen gobernante, el modo como posiciona su campaña es errado y no lo pone en el rango de posibilidades.
La primera mala reacción de Sergio fue cuándo Cepeda salió elegido como candidato oficial del Pacto Histórico en la consulta de octubre. Cepeda inmediatamente salió a las calles con sus tarimazos, sus discursos escritos y su narrativa de víctima del conflicto armado, de la paz y de la justicia social. Fajardo en vez de reaccionar vehementemente contra Cepeda, reacciona contra Petro, bajo el eufemismo que Cepeda es Petro, asimilación que para el votante es falsa y que le genera rechazo, pues Petro no está aspirando a la presidencia, no es candidato y es muy diferente de Iván, centrar el debate contra el que no es, configura un craso error estratégico. En ese momento el candidato a vencer y a atacar era Cepeda. Así lo ha demostrado de la Espriella, que se ha ido de frente contra éste logrando fidelizar votos de los sectores más anti izquierda del país.
Después vino Paloma Valencia como ganadora de la consulta de la derecha. Y Fajardo siguió con su confrontación contra Petro y el gobierno, cuando el foco de combate era irse de frente contra Paloma que llegó y de un codazo le quito la tercería, Sergio no se peleó ese lugar y se dejó sacar, centrando su debate en seguir atacando al gobierno cuando debía confrontar a la hija de Uribe, como bien se hace llamar Paloma.
Y para rematar, mientras Cepeda construye una imagen de caudillo popular en tarimas, con su camisa cuello Nerú y su vicepresidente se presenta con sus vestuarios autóctonos, habla en su lengua y se ven rodeados de gente, y Abelardo se muestra como la antítesis, hace alarde de su dinero, sus vestidos costosos, su barba de metrosexual, su copa de ron y sus mocasines sin medias habla de una manera dura y directa, o Paloma, se muestra como una intelectual de derecha moderada, cauta, con un vestuario más sobrio y discreto, dándole más relevancia a su voz y hablando de tono equilirado y a la vez su vice, con el chalequito de hilo, la corbata de rolo y el periódico mata moscas, crean un performance efectivo, a Fajardo le da por salir con una escoba de plástico, generando burlas, memes y rechazos que llegaron al punto de compararlo con Regina 11. La reacción ante lo performativo a lo grande de las demás campañas, ameritaba que Sergio tuviera una reacción igual de potente que pudiera seguirlo manteniendo en el foco de posibilidades. La escoba, ante la tarima cepediana, los mocasines y el ron de Abelardo, y el periodicazo de Oviedo y Paloma, es un símbolo vetusto y vacuo en la semiótica política actual.
Esta poca y equivocada capacidad de reacción de la campaña de Sergio le ha pasado la factura de dejarlo nueva y virtualmente en primera vuelta como cuarta votación, su campaña se estancó y no parece tener la voluntad de despegar de otra pista diferente a los mismos aviones que siempre ha piloteado
TERCER FACTOR: LAS NARRATIVAS POLÍTICAS
Gustavo Petro instauró una nueva forma de hacer política, que difícilmente superaremos pronto en Colombia, y es una política basada no en propuestas realizables sino en narrativas utópicas e irrealizables, profundamente emotivas, retóricas y que ofrecen y dan al que lo escucha un relato político, histórico y cultural desde el cuál se siente representado. Petro habla de los nadie, los pobres, los desposeídos, de la catástrofe que ha sido la gestión de las derechas en el país, construye culpables históricos con nombres propios, confronta a las élites, a los demás poderes e instiga al pueblo y a las masas a actuar, induciéndolos a pensar cómo el desea que piensen, en este sentido es mucho más hábil de lo que fue Uribe en su momento. Petro les dio a los votantes de Colombia un relato político y a partir de ese momento la forma de afrontar unas elecciones cambió, no entender eso es tonto.
En este mismo sentido, aparece entonces su posible sucesor, Iván Cepeda, con un relato y una narrativa, a favor de las víctimas y en contra de los paramilitares, del ejército (No menciona a las víctimas de las FARC y las “guerrillas”) a las víctimas de las mafias urbanas y esté si que construye un enemigo eterno que le proporciona narrativa y relato, su némesis político, Álvaro Uribe Vélez, a quién envolvió en una confrontación judicial y logró llevarlo a tres pasos de la cárcel, logrando que por primera vez un expresidente fuera condenado. La suma de todos estos factores le da a Cepeda un relato poderoso que es el que lo tiene de primero en las encuestas.
Del otro lado de la historia, aparece Abelardo de la Espriella, abogado, cantante de ópera, y vendedor de ron, costeño, platudo y alharacoso, que con una narrativa de macho alfa dominante, legalista y leguleyo, de mano dura y de valores cristianos y conservadores, y un enemigo en común, la izquierda a la que según el hay que destripar, se constituye como la otra narrativa, el otro relato que genera representatividad en sectores de la sociedad que odian a Petro y a todo lo que les huela a derechos humanos, democracia o libertades individuales. Abelardo además pretende construir y le ha funcionado, la narrativa de Milei en Argentina en contra de la casta o clase política, rechazando el apoyo de partidos políticos tradicionales ( a los que antes buscó, como Milei en Argentina) bajo el eslogan “ Los nunca” y la premisa, del país Milagro.
El tercer relato potente es el de Paloma Valencia, “ La hija de Uribe” que sacó tres millones de votos en la consulta de la derecha y que irrumpió con la narrativa de recuperar el legado de Uribe, su historia política a cuestas, ser nieta de un expresidente conservador que combatió a las guerrillas liberales de los 60s, con experiencia de debates duros y álgidos en el senado, con un tono de voz fuerte y un discurso moderado entre Cepeda y Abelardo que ofrece una narrativa a las clases medias del país, que no odian a Petro, que más bien le temen, el relato, la narrativa de la senadora Valencia es un relato del miedo, que también es poderoso e interpreta a un sector del país.
¿Pero y Fajardo, que narrativa o que relato ofrece? Ninguno, porque Fajardo aún cree en el voto programático, porque para construir relatos emotivos y potentes hay que despojarse de escrúpulos y él no es capaz de hacerlo, porque los relatos, tanto los de derecha como los de izquierda mienten, porque los relatos no necesitan cifras, o si las usan son un paisaje de fondo, porque los relatos rechazan la técnica, la academia, el pensamiento lógico, la ética en la comunicación, porque las narrativas políticas buscan remover el corazón y no los cerebros, Fajardo es incapaz de construir una narrativa poderosa, profunda, conmovedora, cuándo se le dice que no emociona, es cierto, aunque él diga que sus propuestas -que son muy buenas por si solas- deben emocionar, cosa que no sucederá, porque el país quiere relatos, narrativas, el votante quiere que Fajardo represente algo, y su discurso de no extremos (el cuál suscribo totalmente) de no polarización (también lo adhiero) el discurso del matemático metódico y riguroso, cauteloso con la palabra y que no insulta, no emociona, por muchos esfuerzos mediáticos que haga, por mucho que aparezca en el algoritmo de las redes, por muchos debates a los que asista, si no construye un relato potente, una narrativa política representacional, su campaña esta llamada a perder con dignidad, a pesar de ser el mejor candidato de la contienda actual.
MIGUEL ÁNGEL RUBIO OSPINA


