Por: Alejandro García Ríos
Colombia está viviendo el péndulo político, que explica cómo las democracias oscilan en respuesta al desgaste de los gobiernos, pasándose de uno a otro lado: de Boric a Kast en Chile, y de Bolsonaro a Lula en Brasil. Y ese fuerte vaivén, lejos de construir, es lesivo.
El voto informado viene de un avance democrático que introdujo la Constitución de 1991: el voto programático. Apelo a esa conquista para invitarles a mirar los programas de gobierno de los candidatos presidenciales y contrastar. Acá presento un ejercicio rápido y la explicación de por qué, en mi forma de entender la vida y la política, Sergio Fajardo supera a Iván Cepeda y a Paloma Valencia.
En cuanto a seguridad, Fajardo entiende que hoy es un problema real, pero no cae en simplismos, la combina con prevención y presencia institucional. No se queda solo en lo punitivo, como Paloma; ni solo en lo social, como Cepeda. Y es importante hablar de seguridad, porque cuando no se maneja bien, es cuando aparecen los Bukele.
En educación, para Fajardo no es un sector más, es el punto de partida para cerrar brechas. Esto no es nuevo, lo ha demostrado cuando ha sido alcalde y gobernador. Su enfoque es claro: ningún joven debería estar por fuera del sistema. En Cepeda está integrada a una agenda de derechos, necesaria pero insuficiente, y en Paloma se aborda más desde la lógica de competencia dentro del sistema. El problema de Colombia no es sólo acceso, es movilidad social real.
En la lucha contra la corrupción hay matices. Fajardo no se queda en el discurso ni solo en el castigo: habla de transparencia, control del gasto y capacidad de ejecución. Cepeda, por su parte, la entiende como un problema estructural, sin sugerir medidas puntuales. Paloma pone el énfasis en sanciones más duras, aunque tiene apoyos políticos que hoy generan más dudas que garantías.
Ahora bien, más allá, hay algo de fondo: ¿cómo los candidatos entienden al país y manejan la polarización?
En medio de esto, Fajardo intenta reducir la confrontación que impide la deliberación, dificulta la autocrítica y hace de la política algo agotador.
A mi me gusta Sergio Fajardo, porque además de haberme inspirado, junto con Antanas Mockus, a ingresar al mundo de la política, él, con todos los ataques que ha recibido, intenta algo distinto: bajar el tono. Eso hoy, más que una fortaleza, es una necesidad. Porque, mientras discutimos, hay una realidad que no da espera: desigualdad, corrupción, pobreza, abandono estatal y violencia. Un país así no resiste improvisación.
Cómo diría mi abuela: el palo no está pa’ cucharas.
Por esto termino con la experiencia ejecutiva, Fajardo gobernó Medellín y Antioquia, con resultados visibles en educación, urbanismo social y gestión pública. Cepeda y Paloma han tenido trayectorias principalmente legislativas, sin paso por el Ejecutivo.
Si usted, como yo, cree en las libertades, en avanzar sin arrasar, en corregir sin desbaratar; haga un alto, no vote por el efecto rebaño de las encuestas, mire los programas de gobierno, la trayectoria, lo que representa y el estilo de liderazgo.
Si usted, como yo, cree en la esperanza de una Colombia mejor, vote con convicción por Sergio Fajardo.
Pd: De Abelardo no hablo, su trayectoria está empañada. Su lenguaje es violento, su acoso judicial a periodistas, su personalidad e intolerancia a las libertades individuales, no me representa.


