miércoles, mayo 6, 2026

LOS MANGOS DE LA PLAZA -I- (LA SIEMBRA)

OpiniónHistoriaLOS MANGOS DE LA PLAZA -I- (LA SIEMBRA)

Uno de los símbolos más representativos de la pereiranidad son los mangos de la plaza de Bolívar. Casi todos con más de cien años de edad se alzan majestuosos por los aires de esta ciudad abierta y librepensadora arropando al «Bolívar desnudo» como una alegoría de libertad. Se ataron a nuestra historia cual huella indeleble hasta convertirse en uno de los íconos de nuestra idiosincrasia. No hay habitante de la urbe actual que no haya interactuado con ellos, que no haya paseado a su alrededor o escampado en sus sombras. Muchos pereiranos y visitantes hemos incluso comido sus frutos, por cierto, extraordinariamente deliciosos cuando están biches.

Ha sido por lo tanto una terrible y triste sorpresa esculcar la historia escrita de Pereira y no encontrar la más mínima alusión a estos portentosos especímenes. Ninguno de los cronistas más reconocidos como Hugo Ángel, Ricardo Sánchez, Ronald Holguín, Carlos Echeverri o Víctor Zuluaga hacen mención de ellos. ¿No les parece esto muy extraño e increíble? A raíz de este agujero en nuestra memoria me di a la tarea de investigar sobre el tema y dialogar con algunos actores conocedores del acontecer citadino para alimentar este relato que preserve algo de la historia de los mangos de nuestra plaza de Bolívar.

En pretéritos años, en el siglo XIX, después de la misa del padre Cañarte y antes de existir los mangos, en el parque principal de la ciudad solo había una palma (probablemente de la especie «Reina Alejandra») ubicada en todo el centro y sembrada por el Sr. William Fletcher diseñador de los tres primeros parques de la ciudad. «Dicha palma fue destruida un lejano domingo por una violentísima tempestad que se desató con furia infernal. Un rayo se desprendió de improviso y quemó la palma hasta convertirla en cenizas.» (Periódico El Diario, 30 de agosto de 1951). Ese fue el primer árbol en la plaza del que se tenga información.

Los mangos aparecieron en 1891 y como anécdota curiosa no fueron plantados simultáneamente. Los primeros tres se sembraron ese año de la mano de don Juan María Marulanda, propietario y constructor de la casa que quedaba en la esquina de la calle 19 con carrera 8 (costado oriental, hoy edificio Colseguros). Este personaje los puso en ese sitio con la intención de proteger su fachada de los agobiantes calores de las tardes de verano. Don Juan María, hasta la hora de su muerte acaecida en 1902, los vio crecer tarde a tarde hasta que fueron grandes y frondosos. Permanecieron solitarios hasta empezar el siglo XX cuando por alguna razón desconocida fue tumbado el del medio. Los pereiranos de aquel entonces, entre ellos los progresistas ciudadanos Guillermo Velásquez, Carlos Echeverri Uribe, Juan Rendón y José Marco Campuzano, se dieron a la tarea de reemplazar el árbol caído con uno nuevo y de paso completar todo el marco de la plaza de Bolívar con ejemplares iguales (1910). Inicialmente fueron sembrados seis mangos por cada costado de la plaza, incluyendo los cuatro esquineros, o sea 21 en total y curiosamente el que quedó en el mismo sitio del árbol que desapareció terminó siendo de una especie diferente, llamada «manga»

Al día de hoy tenemos 22 ejemplares de los cuales 16 son del grupo precursor y seis resembrados posteriormente.

Los mangos han adornado desde aquellos años el marco de nuestra plaza, acompañados ocasionalmente de algunos raros especímenes sobre los cuales les hablaré en las próximas entregas, no sin antes advertir que todas estas crónicas obedecen a análisis fotográficos y a conversaciones citadinas. No tienen un rigor histórico. Bienvenido cualquier aporte.

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