lunes, mayo 18, 2026

Urge un cambio profundo en la educación en Colombia.

OpiniónEducaciónUrge un cambio profundo en la educación en Colombia.

En el ejercicio de mi labor como educador de establecimientos públicos en el departamento de Risaralda e igualmente como directivo docente de instituciones educativas privadas de la ciudad de Pereira, expongo este pensamiento sobre la urgente necesidad de transformar profundamente el sistema educativo colombiano, hoy afectado por decisiones improvisadas, modelos académicos desactualizados y una dependencia excesiva de herramientas tecnológicas que están debilitando la formación intelectual de las nuevas generaciones.

A lo largo de mi experiencia profesional siempre mantuve una posición firme frente al uso indiscriminado de celulares en las aulas de clase. 

Esta postura generó en muchos momentos inconformidad entre algunos estudiantes e incluso padres de familia, quienes consideraban indispensable el uso permanente de estos dispositivos dentro del salón. 

Sin embargo, la realidad observada durante años demuestra que estas herramientas, lejos de fortalecer el aprendizaje, en múltiples ocasiones terminan distrayendo al estudiante y alejándolo de los verdaderos objetivos académicos.

Hoy muchos jóvenes presentan dificultades de concentración, escasa capacidad de análisis, debilidad en procesos de lectura y comprensión, además de una evidente pérdida de habilidades memorísticas. 

El exceso de dependencia tecnológica ha reemplazado el hábito de consultar libros, investigar y desarrollar pensamiento crítico. 

Gran parte del tiempo escolar termina consumido en actividades ajenas a las clases y a los procesos reales de formación intelectual.

Por esta razón, Colombia necesita una reforma educativa moderna y profunda que permita reorganizar el actual modelo académico. 

El país requiere establecer niveles educativos coherentes con las capacidades y talentos de los estudiantes, orientándolos desde temprana edad hacia áreas específicas de formación técnica, científica, humanística o tecnológica.

Una propuesta razonable sería estructurar la educación nacional con niveles de preescolar, seis años de primaria, cuatro años de bachillerato y dos años de formación técnica especializada. De esta manera, miles de jóvenes podrían incorporarse más rápidamente al mercado laboral mientras continúan posteriormente su preparación universitaria.

Igualmente, considero necesario que el Estado recupere el valor del libro como herramienta fundamental de aprendizaje.

 Resulta preocupante que durante los últimos años se haya priorizado la entrega masiva de tablets y dispositivos electrónicos sin evaluar realmente sus efectos sobre el rendimiento académico.

 La tecnología debe servir como apoyo complementario, pero jamás reemplazar la disciplina intelectual, la lectura y la capacidad de razonamiento.

Es urgente también establecer restricciones claras al uso de celulares dentro de las aulas de clase tanto en instituciones públicas como privadas.

 La educación moderna no puede confundirse con permisividad tecnológica. La verdadera modernización consiste en formar ciudadanos con pensamiento crítico, capacidad investigativa, disciplina y preparación para afrontar las exigencias del mundo contemporáneo.

Finalmente, Colombia debe comenzar a mirar experiencias internacionales que hoy están replanteando el uso excesivo de la tecnología en la educación. 

Países como Suecia y Dinamarca han venido adoptando durante el último año modelos educativos orientados a recuperar la lectura tradicional, fortalecer la escritura manual y limitar el uso indiscriminado de dispositivos electrónicos en las aulas. 

Estas naciones han entendido que el exceso de pantallas terminó afectando procesos fundamentales del aprendizaje y hoy trabajan en la recuperación de capacidades cognitivas que se han debilitado con la dependencia tecnológica.

Colombia no puede seguir ignorando esta realidad. Ha llegado el momento de recuperar la esencia de la educación, devolverle protagonismo al libro, al análisis, al pensamiento crítico y a la formación integral de nuestros jóvenes, antes de que las futuras generaciones pierdan definitivamente habilidades fundamentales para construir una sociedad verdaderamente educada y preparada para el futuro.

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