UNA HISTORIA POR MI NO CONTADA Y TAL VEZ DESCONOCIDA POR MUCHOS
Una semblanza tardía, pero a tiempo
María Teresa Hincapié. Era diez años menor que yo, ella citadina , Armenia y yo pueblerina, Santa Rosa de Cabal. Hija de mi tío Lázaro Hincapié Hurtado y de Blanca Ochoa. Tenía un hermano, Fernando, menor que yo y mayor que ella, quien murió en un accidente tonto en el que cualquiera de nosotros pudiera haber muerto, era lo común, cuadrar la antena del televisor. Ellos ya tenían televisor, nosotros no.
Y María Teresa, que era prima y amiga, a pesar de yo ser mayor, se casó muy niña y se fue con su esposo hippie – era mi época de joven vuelta adulta desde los 17 años pues ya era maestra y debía llevar la obligación – la de los hippies , el rock and roll, el twist , las baladas y para ella, una niña fue su época también .
Volví a saber de ella en 1978 cuando las dos llegamos a Bogotá, yo de 34 años a hacer la Maestría en La Universidad Javeriana y ella a estudiar teatro y arte. María Teresa apenas de 24 años, suelta, creativa, libre y yo tiesa, almidonada , con ganas de crear – no sabía aún qué- , sometida a mis creencias , costumbres, autoridad, tradiciones.

María Teresa, trabajaba en la librería Torre de Babel y después se pasó al café de los nadaistas y me invitaba; yo iba los viernes en la noche, hasta las diez y esa era la hora en que ella prácticamente empezaba; por ella, iba yo a ver el teatro de los Buenaventura porque ella estudiaba en el teatro Acto Latino con Juan Monsalve. Yo no encajaba en ese espacio por ninguna razón, pero ella y ellos respetaban, yo no tomaba ni fumaba y ella fumaba marihuana como yo tomaba café . Así, llegó mi grado de Magister en 1980, cercanas y lejanas, tan distintas, pero queriéndonos . Yo la admiraba por todo y ella nunca dijo qué pensaba de mí.


En 1981 volví a Santa Rosa, ya era Supervisora de Educación cuando llegó un día a mi casa y me dijo:
— Sigo en Acto Latino, voy para México a presentar una obra llamada Historias del silencio — ; yo la conocía como bailarina, las danzas eran su vida, ella era la danza y le dije: — entonces es actriz y qué tal los parlamentos, la pregunta la hice porque ella era introspectiva, muy callada, muy pensadora y me respondió : — no , mi actuación es corporal, puedo ser tan rígida como un alfiler o moverme y aún crisparme, como un árbol seco. Yo no entendí, sonreí, a lo bobo, callé.
En 1983 fui a verla a Manizales porque vino a mi casa a invitarme y fui con la esposa del tío Fernando. Totalmente perdidas y cansadas por ella, que no se cansaba. La gente la seguía en silencio, quieta, mientras ella actuaba, su actuación era silenciosa, solo acción.
La perdí de vista, pero de vez en cuando me llamaba y me contaba de sus estudios y de su manera de ver la vida que yo no entendía, hasta que me contó que se iba con Acto Latino para Europa y el Oriente. Ya no la volveré a ver, pensé, pues me dijo: — vamos a investigar técnicas de teatro y danza de otras culturas — . Pensé que se iba a quedar por allá.
En 1984 volvió a mi casa a ver sobre todo a mi mamá – la mayor de 16 hijos – y me contó que iban a presentar Edipo Rey, que ella hacía de Yocasta, la noté muy madura, muy seria.
Esa vez, yo vestida como ejecutiva , ella con su falda larga, yo gordita frente a su extrema delgadez, yo muy peinada , ella con sus cabello crespo alborotado, yo en tacones negros y medias veladas y ella con botas croydon rojas, yo de labios y boca pintada de rojo intenso y ella de cara lavada. Se miró, me miró y me contó que había ido a la casa en Armenia, que había tocado y abrió la empleada, que preguntó por la señora Blanca, la empleada entró y dijo : – hay una loca preguntando por usted – . Qué hicimos? . Reirnos con ganas y las dos comprendíamos.
Llegó el año 85 y me dijo triunfante, pero un poco fría, pero con su dulzura habitual, su suavidad , yo hubiera gritado y bailado: — Ya tengo mi primera obra, creada por mi, obra mía, se titula Ondina — y de qué trata ?
Volví a quedar en nada ante ella y me dio pena, – Ondina a qué se le parece? , a qué le suena? . Y yo ni idea, entones ne habló del agua, de la conciencia y yo … en la estratosfera , pues me decía que se había encontrado, y encontrado las mujeres que la habitaban, la madre, la esposa, la amiga, la amante . Y yo no entendía eso de que la habitaban otras mujeres. Y ni preguntaba porque me daba pena.
Lugo me contó que se había separado de Acto Latino, ya estaba bajo la dirección o en co dirección me pareció entender, con Álvaro Restrepo.
En 1986 me habló de una nueva obra, Desde la huerta de los mundos y en 1987 me habló de otro cambio . Yo pensé: — no se estabiliza — , pero no dije nada.
Ya estaba con José Alejandro Restrepo y fue cuando inició Parquedades, me decía que era actuación y danza en videos. Yo, gringa, no entendía. Y resulta que ese año se fue a Cuba, se presentó en La Candelaria, en la Universidad Nacional, en los jardines, y ya en 1989 estaba en el Teatro de Arte Moderno en la Universidad Nacional, gracias a María Elena Bernal. En ese año me invitó a verla a Bogotá, le pregunté dónde nos veíamos y ! ahh sorpresa mía! estaba en una vitrina en la séptima con 13 , haciendo cosas, sin quedarse quieta un segundo, escribiendo, besando el vidrio y luego lo limpiaba con sumo cuidado, uno encontraba su mirada y era como si le preguntara, como si lo examinara, y yo nada que entendía y me avergonzaba de no entender. Ella hacía y hacía, trabajaba y trabajaba, hacía limpieza y estuvo 8 horas ahí, sin comer ni beber, sin ir al baño, sin descansar. Una locura para mí y sobre todo que no entendía qué quería decir con eso.
Era su primera obra de performance .
Ella practícamente lo creó, fue la pionera en Colombia y Latinoamérica.
— Y qué es el
performance? — Me devolvía la pregunta, qué ves? qué percibes? Qué deduces? . Y yo: — no sé— . Creo que le causaba lástima . Era insensible según ella, estaba hablando de la larga y dura jornada laboral . Entonces me dijo: — “ el performance es el arte de la acción y la acción es todo lo que tiene vida” —- “ El performance es un llamado a la vida” — y me interrogó con la mirada. Yo callé y ella creo que sintió mi vergüenza, me abrazó y se fue.
En 1990, diez años después de haberme venido de Bogotá, volvió y me invitó a verla, fui con un amigo. La obra se llamaba, Una vida es una vida. La vimos actuar, también nos cansamos por ella, nos preguntó a todos los asistentes, al final, qué pensábamos, el público sabía de arte y de performance y se dirigió directamente a mí, no sé qué contesté, ni si me había acercado algo a lo que era. Ella escuchaba y no respondía ni con su expresión .
Esa vez fue ganadora del Primer Premio de la XXXIII Sala Nacional de Artistas , yo me alegré con ella, sin entender por qué ganó, pero feliz de haberla acompañado .
Ahora entiendo lo que es que la familia no acompañe, no entienda, no valore, lo que es no ver caras familiares en las presentaciones y me alegro de haber estado un poco cerca de ella y de su carrera aunque no entendiera.
La perdí de vista, ella era famosa y me contó después que en el 91 había ganado Mención de Honor en La Habana y que había seguido presentándose en el Teatro de Arte Noderno de Bogotá con la obra Vitrina.
En 1993 coincidí y pude asistir a una obra que me había permitido conocer antes o habíamos hablado de ella y con la que me impresioné mucho entonces y mucho más después, era triste y esperanzadora, me causó miedo y a la vez cierta tranquilidad y seguía sin entender mucho o casi nada: Depositadla en la tierra y que de su cuerpo inmaculado y blanco un día nazcan violetas” Sé que lloré sin saber por qué , salí triste, y un día recordé y lloré de verdad y sigo esperando las violetas. Creo que hoy, que escribo esto, están naciendo las violetas . Hoy, que por fin entiendo algo.
La volví a perder, fue entonces cuando empezó un tiempo para ella muy especial y para mí, más raro. Me dijo que estaba en el terreno o el camino sagrado, en el caminar que es sagrado, que estaba investigando más en lo teórico y en lo práctico. Yo estudié investigación, pero no entendía lo que ella investigaba, el alma, el fondo del alma,la sobrevivencia, el sentir del alma del otro. Fue cuando en 1995 caminó durante 21 días por las márgenes del río Magdalena desde Bogotá hasta el Huila, como decir el Camino de Santiago y entonces dijo que experimentó el dolor, la angustia , el hambre, la sed , de los peregrinos, los migrantes, palabra que yo no conocía entonces como hoy, los campesinos. Tampoco entendía yo mucho o casi nada, pero de aquellas conversaciones cortas, yo escribí un poema.
En 1996 se ubicó en un espacio de concreto y cuidaba un jardincito de yerbas que nacieron en las uniones o espacios del concreto y con esa obra, Divina proporción, ganó el primer premio en el XXXIV Salón Nacional de Arte Moderno y en ese año yo pude asistir al Museo Rayo en el que había una muestra. lYo iba porque era la prima, porque me alegraba de que me considerara digna de compartirme sus obras , pero seguía sin mucho entender – aunque ya estaba más compenetrada con ella y su sentir, pensaba yo-
Con esa obra se consolidó su Maestría, era la Maestra del performance y al año siguiente , 1998 ganó el premio Luis Caballero en la Galería Santafé de Bogotá.
Ya le seguía los pasos , en el 99 se fue al Japón a participar en un festival internacional . En el 2.000 se fue para la Sierra Nevada de Santa Marta, ya pensaba aún más diferente, era aún más interiorizada y como más humana, pensaba yo, pero para mí, más lejos. Allí creo yo experimentó mayores cambios , pero pienso yo, empezó a enfermarse sin saberlo.
En el 2001 estuvo en Valencia España en el Museo Reina Sofía , con Santiago el hijo, presentó allí Una cosa es una cosa y volvió a la Sierra Nevada en el 2002 y en ese año en un intercambio con México y la Biblioteca Luis Ángel Arango, surgió la obra, Hacía los huicholes y otra, Por mi raza hablará el espíritu, que también se presentaron en Medellín en la galería de arte del Colombo americano y en La Oficina y a Medellín fui a dar. Para mí, estaba ya enferma o más enferma, pero no sabíamos nada ni nada lo demostraba pues siempre fue muy delgada y pálida .
En el 2003 presentó con Santiago Zuluaga, su hijo, una obra, En el espacio se mueve despacio, fue en una Galería de Arte de Bogotá, pero no pude ir.
En el 2004 estuvo en el XXXIX Salón Nacional de Arte con la obra el espacio se mueve despacio y con la misma obra en el 2005 en la Bienal de Venecia.
A su regreso conversamos nuevamente de mi, me dijo: – hasta cuándo va a aplazar lo que pensaba en el 80. Usted es creadora, lleva dentro a una escritora , qué espera, morirse sin realizarse? – . Hicieron mella en mí sus palabras… pero seguí en mi trabajo.
Luego en el 2006 ella fue a São Paulo , ya muy enferma, ya me había contado y que no se iba a someter a tratamientos aunque síla veía un Chamán. Nos vimos ese año, de pasadita, la noté mal, aunque no lo demostraba .
En el 2006 , atendí su llamado y me retiré del trabajo para dedicarme a la historia, la literatura y el arte . Ella aplaudió dentro de su prudencia y respeto.
En el 2007 no fui capaz de visitarla, ella me llamó, y yo, no ingrata, sino cobarde, no fui a verla y tampoco en lo poco del 2008, pero si envié a mi hermanita , ella era más guapa; me dolía mucho y yo eludo el dolor; mis primas Muz Marina y Cecilia sí la acompañaron y yo me comunicaba a través de ellas, pero le fallé y me dolió no sé qué más, si su muerte, o el haberle fallado.
Fue María Teresa, siendo diez años menor que yo, una Maestra de vida y solo ahora entiendo sus obras, su arte, su vida, su sentir. Y creo que fue Maestra de vida para todos aquellos que la conocieron, que estuvieron más cerca de ella que yo, para sus alumnos en la Universidad Nacional.
El archivo oficial de María Teresa es custodiado por la Galería Casa Riegnet en Bogotá , desde 1980 hasta 2008.
De su obra , hay registros en video de sus performances más importantes como Vitrina y Una cosa es una cosa , en el Museo Nacionalen Bogotá.
El Museo de Arte de Medellín ha albergado y coproducido exposiciones retrospectivas y el Museo Rayo de Roldanillo, tuvo su exposición en 1986, en 2003 , en 2018 y en 2023 año en que fui invitada por primera vez al Encuentro Nacional de Mujeres Poetas y en esa semana la visité todos los días , fue como un reencuentro y una comunicación intensa. Fue entonces, que en el silencio y soledad del museo , comprendí su vida y su obra.
María Teresa Hincapié pionera del performance, desde niña supo que quería y podía volar y voló . Ella fue lo que dijo: Una mujer que vuela .
Nota: estas fotografías las tomé en la exposición de Roldanillo en el 2023 y pertenecen a Riegner la Casa Museo que custodia su obra. En aquellos tiempos yo no tenía cámara, ni celular .


