En las dos entregas anteriores les conté un poco sobre la historia de los mangos de la plaza de Bolívar de Pereira. Terminemos la tarea. Sobre la carrera octava solo uno de los mangos iniciales desapareció, el que estaba ubicado al frente de la casa blanca de don Roberto Marulanda (hoy sede de Bancolombia). Quizás este hecho haya sido para realzar la fachada de aquella hermosa casa, patrimonio arquitectónico e histórico de la ciudad, pero a finales de la década del 30, un grupo de distinguidas damas, encabezadas por doña Clementina Gutiérrez, esposa de don Roberto, realizó una cruzada cívica y llenó el espacio con una exótica araucaria excelsa (Pino de Norfolk) —similar a las de la plaza de Bolívar de Santa Rosa de Cabal— la cual permaneció allí por más de 10 años acompañando silente el paso cotidiano del majestuoso tranvía que teníamos los pereiranos.
Esta araucaria creció y creció, pero a los habitantes de este terruño les molestaba su presencia, como si se tratara de una intrusa que destruía la armonía del conjunto. En 1942, una tarde de viernes, don Roberto —para entonces gobernador de Caldas— llamó a Euclides Jaramillo, su alcalde de Pereira, a su casa y le dijo al oído: «Oiga alcalde lo que le voy a decir. Ponga cuidado que no es para sostener. Que nadie sepa y menos Clementina esta orden: Póngase de acuerdo con Juan Tabares, jefe de Aseo, y una noche de estas que mi mujer se quede en Manizales, yo le aviso, arranquen a media noche esa araucaria y siembren inmediatamente un mango. Váyase y ya sabe: no me meta a mí en esa colada». «Y así fue. Vino la noche convenida y a las doce, precisamente a las doce, arrancamos la araucaria y sembramos inmediatamente un gran mango traído de un solar cercano al Parque de La Libertad y allí está aún el árbol que resultó ser una manga. Doña Clementina estuvo justamente indignada, me llamó telefónicamente y me amenazó con quejarse ante Roberto por mi descuido, por mi abandono a la ciudad y no recuerdo cuántas cosas más me dijo la noble dama. Guardé siempre el secreto y solo ahora, 42 años después, le cuento a mis lectores el origen de esa manga de la carrera octava». Euclides Jaramillo, periódico El Diario, (1983).
Además de los mangos, la plaza de Bolívar de Pereira ha albergado también otros árboles diferentes, de otras especies. Fuera de la palma reina sembrada inicialmente por el Sr. Fletcher y de la araucaria excelsa sembrada por doña Clementina, todos los mangos estuvieron acompañados durante más de treinta años por cuatro palmas «barrigonas» (de la especie Palma Real), ubicadas en los vértices internos de la cruz de Malta que adornaba el diseño del parque en aquella época. Dichas palmas desaparecieron en la década del 60 para regresar en la remodelación de 1994 cuando el marco interno de la nueva plaza se decoró adicionalmente con 24 palmas reales que actualmente acompañan nuestros mangos.
Muchas otras especies menores como durantas y guardaparques adornaron también las zonas verdes del parque en varias oportunidades ya que tenían que ser resembradas después de cada concentración o manifestación pública. Los cuatro andenes de la plaza han tenido también otras especies: a la fecha hay algunas palmas pequeñas sembradas en materos decorativos.
Después de estas tres entregas sobre los mangos intentaré en próximas columnas regalarles un nuevo anecdotario sobre la plaza de Bolívar y los muchos acontecimientos especiales y muy singulares que allí se han llevado a cabo a través de la historia.


