Mientras los termómetros mundiales y las agencias como la NOAA y el IDEAM lanzan señales de alarma sobre la llegada inminente de un Fenómeno del Niño de gran intensidad para este segundo semestre de 2026, en Pereira y Dosquebradas parecemos estar viviendo en una realidad paralela de negligencia técnica y administrativa. La gestión del agua en nuestra región no solo atraviesa una crisis de recursos, sino una crisis de transparencia y justicia tarifaria, que pone en riesgo el futuro mismo de nuestro abastecimiento.
Cifras que no cuadran: ¿Realidad o maquillaje administrativo? Recientemente, la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (CARDER), entregó cifras sobre el estado del sistema hídrico del río Otún que, más que dar tranquilidad, generan una profunda desconfianza técnica. Es físicamente inverosímil que el volumen de agua que entra a las plantas de tratamiento de Aguas y Aguas y Serviciudad, sea exactamente el mismo (12.060.832 m³) durante los cuatro trimestres del año 2025. ¿Cómo es posible que, en un sistema dinámico, sujeto a variaciones climáticas y de consumo, los números sean idénticos? Esto sugiere una preocupante falta de medición real o, peor aún, un reporte administrativo de «copiar y pegar», mientras el río se agota.
A esto se suma el escándalo de las pérdidas. Las cifras oficiales admiten un 45,56% de pérdidas totales en el sistema. Sin embargo, si incluimos los tramos no evaluados detalladamente entre la bocatoma y el tanque de carga de Villa Santana, la cifra real supera el 47,6%. En términos claros: casi la mitad del agua que se le arranca al Otún se desvanece por fugas e ineficiencias antes de ser facturada. Esta «perversa profecía» de ineficiencia nos coloca ante un escenario dantesco: para satisfacer la demanda urbana durante la sequía, se terminará sacrificando el caudal ecológico del río, dejándolo seco aguas abajo de la bocatoma.
La injusticia del agua cruda: El negocio de unos, en la factura de otros. Uno de los puntos más indignantes de esta gestión es el trato indebido hacia la Empresa de Energía de Pereira (EEP). Mientras que en 2022 Serviciudad le pagaba a Aguas y Aguas $67,39 por cada metro cúbico de agua cruda tomado del canal de conducción, la Empresa de Energía consume volúmenes masivos —llegando a más de 10 millones de m³ en algunos meses— sin que sobre ella recaiga una responsabilidad económica o de mantenimiento proporcional.
Es inaceptable que el mantenimiento, la operación, la vigilancia y la reposición de los sistemas de captación y conducción se carguen casi exclusivamente a la tarifa de agua potable de los pereiranos, mientras una empresa privada utiliza el recurso para generar kilovatios y utilidades en el mercado abierto con costo cero por el insumo principal. ¿Por qué el ciudadano de a pie debe subsidiar la infraestructura que enriquece a la Empresa de Energía que no aporta a la sostenibilidad de la cuenca?
Veinte años de promesas de papel, la referencia histórica no nos permite ser optimistas. Desde el Plan de Ordenamiento Territorial del año 2000 (Acuerdo 018), se viene hablando de fuentes alternas, pozos profundos y embalses. Se habilitaron más de 1.500 hectáreas para urbanizar sin asegurar una oferta hídrica concreta. Han pasado más de dos décadas y no hay una sola obra de infraestructura de respaldo terminada. Entidades como CARDER y la Contraloría Municipal parecen atrapadas en una «quietud» administrativa, limitándose a emitir circulares mientras el problema escala.
Aguas y Aguas reporta con orgullo una ejecución del 87% de su plan de ahorro (PUEAA), pero la propia CARDER admite que estas acciones no han tenido impacto en la reducción de pérdidas. Cambiar medidores (que paga el usuario) y firmar contratos a dedo no es una estrategia de gestión hídrica; es un paliativo que no ataca la raíz del problema: la obsolescencia del sistema y la falta de voluntad política para exigirle a los grandes aprovechadores del río.
Un llamado a la acción ciudadana: No podemos permitir que la respuesta institucional ante la crisis sea simplemente multar al usuario por alto consumo o suspender el servicio, mientras las empresas responsables siguen sin cumplir metas de reducción de pérdidas. Exigimos que la CARDER pase de los «requerimientos» a las sanciones reales y que se revise de inmediato la gratuidad de hecho con la que opera la generación de energía en el sistema.
El río Otún no es una fuente inagotable de lucro, es el soporte vital de nuestra región. Si no actuamos hoy, el fenómeno del Niño de 2026 nos encontrará con los grifos secos y el río muerto.
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Referencias para consulta ciudadana:
- Respuesta Oficial de la CARDER (Oficio 15513 del 14 de mayo de 2026) – Detalle de volúmenes y pérdidas oficiales.
- Réplica del Ing. Carlos Alfredo Crosthwaite y solicitud a autoridades – Análisis de inconsistencias y llamado a la Contraloría y Superservicios.



EL UNIVERSO COMUNAL OPINA Preocupante pero muy preocupante este informe de la CARDER hecho a través del Culebrero Julio Cesar quien como buen teatrero y titiritero ha hecho todas lasmarruyas y trapisondas como el Expresiidente y Chancho Duque en la Pandemia para derrochar presupuesto y apoltronarse en ese puesto por años Pero lo más grave es la Miopía o complicidad de los entes de control Y de nuestra población que aletargado tragamos entero y sin cuestionar porque este saltibanquis quien no reforesta ni hace un ápice por conservar y mejorar nuestras fuentes híbridas y presuntamente según los comentarios es u. Extorsionar de los finqueros y de quienes se lucirán de las fuentes hidrocad y de las maderas de nuestra región o de quien desea mejorar o construir su casa de campo.Eso sería bueno le siguieran el rastro porque cuando río suena.Piedras lleva .y algunos Funcionarios de nuestra región se han comido confianza para ser torcidos porque han tenido tremendos ejemplos en los exalcaldes GVasquez Gallo y Maya.