EL AFTER PARTY DE LA PRIMERA VUELTA

OpiniónEL AFTER PARTY DE LA PRIMERA VUELTA

En este after party que estamos viviendo esta semana, algunos con euforia y algunos con guayabo, ya que suele decirse que las elecciones son un fiesta democrática, y vaya fiesta la que tuvimos el pasado domingo, aún resuenan los ecos de muchas frases y preguntas sueltas que esperamos poder juntar y analizar mejor para entender del todo el fondo de la trama electoral antes del 21 de junio, cuando nos toque volver a las urnas a escoger entre el fenómeno del momento, Abelardo de la Espriella, quien picó en punta rumbo a la segunda vuelta presidencial y un reflexivo Iván Cepeda que, como muchos colombianos, incluidos los encuestadores, no vieron venir el gran salto del 44% del tigre y la ventaja de más 600 mil votos que la derecha le tomó a la izquierda.

Salvo que todo haya obedecido a un plan muy bien urdido, un autosabotaje, que pudo haber incluido la farsa de la adhesión de Juan Daniel Oviedo con su diversidad y su talante de centro, juntando el agua con el aceite, no hay explicación para la caída y el totazo de Paloma Valencia como se dio. Hoy se siente como si la estrategia soterrada de la derecha organizada, con Álvaro Uribe frotándose las manos en la sombra, estuvo siempre enfocada en el Dandy-Abogado de la Espriella Style, que avanzaba con su marketing digital, su gran show y su puesta en escena, ganando más y más adeptos, mientras Paloma y Juan Daniel representaban su patética obra “Aquí caben los diferentes”, condenada al fracaso desde el primer acto. Plan que se habría consumado de manera perfecta con la rápida y decidida intervención de Paloma, de su papá Uribe y del mismo Centro Democrático para, “derrotados”, anunciar que adherían al tigre; para qué disimular. Esta película, vista desde la perspectiva de los electores y de los uribistas incautos, podría llamarse La Gran Estafa. Hoy es complejo establecer qué rumbo tomará el millón 600 mil votos que sacaron, con la implicación de no saber cuántos eran de Oviedo.

En la campaña de Cepeda, no asimilaban el golpe y dando palos de ciego, mal aconsejados por Petro, salieron a poner en duda el preconteo, en un discurso igualado por lo bajo con el de Abelardo, por la desmesura y la cantidad de ofensas, para luego reconocer que no tenían evidencias de fraude, suavizando además el tono. Parece que las pocas horas de sueño en la madrugada del lunes bastaron para que Cepeda recapacitara y con su característica serenidad entendiera que la campaña volvió a empezar y que ahora le toca jugar muy diferente, si quiere sumar los votos que quedaron en el aire, especialmente los de Fajardo, al que no le fue tan mal, los de Claudia López y aun los de Oviedo y el voto de los indecisos.  

Del atroz discurso de celebración del tigre me quedaron varias preguntas: ¿Por qué llamó a Petro golpista, si se trata de un presidente constitucionalmente elegido?; ¿por qué afirma que mirar a la izquierda es mirar al pasado, cuando es claro que la izquierda ha gobernado solo 4 años y en esta primera vuelta crecieron en un millón de votos frente a la campaña de 2022? y, finalmente, ¿cuándo Abelardo Gabriel dice que no va con los politiqueros, está desahuciando a los Char y está advirtiendo a Uribe que para gobernar no le interesan las 17 curules del Centro Democrático en el Senado?

Amanecerá y veremos.

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