EL GRAN PERDEDOR DE LAS ELECCIONES

OpiniónEL GRAN PERDEDOR DE LAS ELECCIONES

Las elecciones del pasado domingo en Colombia tuvieron un solo ganador: Abelardo de la Espriella. Todos los demás actores son perdedores y voy a referirme a cada uno de ellos. El primero y gran derrotado es Gustavo Petro, el presidente de los colombianos. De nada le sirvieron su Pacto Histórico, sus cuatro años de gobierno, su descarada intervención en política y su amenaza permanente de convocar una asamblea nacional constituyente. Voté por este señor en 2022 esperanzado en un cambio social y repudiando los avances de la corrupción enquistada en todos los estamentos sociales de la patria. Y hoy puedo decir que aplaudo las conquistas laborales alcanzadas por su gobierno como la recuperación de las horas extras para los trabajadores, la reducción de la jornada de trabajo y el crecimiento del salario mínimo, su lucha contra las mafias de cuello blanco que se tomaron la salud, su inclusiva reforma pensional y muchos otros logros y conquistas que reivindican a muchas personas y familias del país como las madres comunitarias, los soldados, los viejitos y varios más. Hay en su gobierno resultados positivos, sin duda alguna.

Pero lo que lo arrastró al fracaso fue su incoherencia política expresada en su «falsa» relación con el Congreso igual a la de los gobiernos precedentes con compras desvergonzadas de votos para sus proyectos y reformas. Nada diferentes son la «yidispolitica» y los escándalos de la UNGRD. También lo llevaron al abismo su prepotencia, su vanidad mesiánica y su discurso incendiario. Permitió que su vida privada se volviera una novela de Corín Tellado y que los colombianos lo viésemos actuar como gobernante borracho e incoherente. Desnudó una velada xenofobia al afirmar públicamente que «a mi nadie que sea «negro» me va a decir que hay que excluir a …». Exhibió un machismo vulgar al decir también públicamente que «una mujer libre hace lo que se le dé la gana con su clítoris y con su cerebro y si sabe acompazar ambos, será una gran mujer». Amenazó una y mil veces con cambiar la Constitución para quedarse en el poder y para castigar a sus opositores. Alimentó la lucha de clases, exacerbó el odio entre ricos y pobres y entre los indígenas y el resto de la sociedad. A estos últimos los llenó de prebendas y avivó su parasitismo con el Estado sin insertarlos en el aparato productivo del país y sin enseñarles «a pescar». Arrastró la «minga» por todo el país violentándolo todo e incitándolos a la confrontación. Elevó la infraestructura nacional a la categoría de «patrimonio de los ricos». Fracasó con su «paz total» dejando al país en medio de una espiral de violencia que nos devolvió a la inseguridad que vivíamos treinta años atrás y a la percepción ciudadana de estar «presos» nuevamente en nuestro propio país. Petro desperdició una oportunidad histórica que quizás condene a la «izquierda» colombiana a muchos años de ostracismo y por lo observado esta semana, su legado final se adornará con la incapacidad de aceptar la derrota y su invitación a más violencia y más odio.

Fue Petro quien despertó al «león dormido» (¿o será tigre?) que significa la «derecha» colombiana y ahora no encuentra otro camino que negarse a aceptar los resultados electorales. ¿Hasta dónde llegará? Los colombianos sospechaban de antemano una reacción así y no creo que alguien se haya sorprendido. Pero las cifras son aritméticamente lapidarias. No parece posible que la derecha resulte derrotada en la segunda vuelta. ¿Aceptará su vanidad mesiánica este fracaso?, ¿imaginan ustedes al presidente Petro haciendo entrega del poder el 7 de agosto a su más encarnado opositor?

En la próxima entrega hablaremos de los demás derrotados de esta contienda electoral.

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