VOCACIÓN DE SERVICIO

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Por LUIS ALBERTO ROJAS FRANCO

Un día llegas a un territorio desconocido.

Observas rincones oscuros que dan miedo.

Ves allí a los vulnerables, a los que sufren, a los indefensos, a los pobres, a quienes parecen no tener voluntad, conciencia ni libertad.

Ellos siguen allí, no juzgan, no preguntan, pero su nivel de dolor es mayor.

No hay un opresor ni un culpable.

Solo hay inmovilidad, poca energía, frío y oscuridad.

Ahora te mueves.

Ves la luz.

Subes a otro nivel.

Ves colores, tranquilidad y sonrisas.

Y surge una contradicción entre lo que dejas atrás y aquello que descubres al ascender.

Al subir, tienes una visión más clara, más tranquila, con mayor control y más energía.

Entonces aparece una pregunta:

¿Puede un lugar oscuro tener luz?

Y también otra:

¿Puede tu mente construir un faro, encender una lámpara y dar color allí donde antes solo había oscuridad?

Es allí cuando empieza a inquietarte el deseo de servir,

el deseo de transformar, de apoyar.

Porque quieres compartir la misma alegría,

el mismo entusiasmo, la misma energía

y la misma luz con quienes aún no cuentan con ellas.

Pero es también allí donde aparecen los obstáculos.

Cuando bajas, corres el riesgo de quedarte abajo.

Cuando iluminas, descubres seres que prefieren permanecer en la oscuridad,

o que resulta difícil comunicarles lo que se siente estar en ese otro ámbito.

Mientras que otros tienen esa llama del deseo transformador,

una llama tenue pero mucho combustible,

son como la presión interna de la tierra cuando está por emerger una gran montaña.

En ese mundo donde pueden verse los colores,

donde es posible contemplar la inmensidad de la naturaleza,

apreciar la riqueza del entorno y

descubrir la belleza que siempre estuvo allí.

Entonces nace una tensión permanente.

Te inquieta permanecer arriba sabiendo que abajo hay quienes necesitan ayuda.

Pero también descubres que,

incluso en los lugares iluminados,

existen personas que intentan llevar oscuridad a la luz.

Seres que buscan apagar faros,

disminuir el brillo de las lámparas,

quitar color a los espacios o competir por la iluminación.

Y es allí donde aparece uno de los mayores desafíos de la vocación de servicio:

mantener viva la luz dentro de ti mientras ayudas a construir luz en otros.

Porque servir no consiste solamente en descender a la oscuridad.

Consiste también en conservar la claridad necesaria para no perderse en ella,

en proteger el fuego interior para que no se apague

y en seguir construyendo caminos, faros y lámparas

que permitan a otros descubrir que siempre existió una posibilidad diferente.

Tal vez esa sea la verdadera vocación de servicio:

convertirse en un puente entre la oscuridad y la luz,

entre el miedo y la esperanza,

entre la resignación y la transformación.

LUIS ALBERTO ROJAS FRANCO

ceo@poderlider.com

www.poderlider.com

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