Son muchas las reflexiones y evaluaciones que surgen una vez concluido el evento electoral y procesado el resultado contrario al candidato de mi preferencia.
No estoy matriculada o inscrita en ningún partido político, nunca lo he estado. Por tradición pertenecí al Partido Liberal, hasta los primeros años del 2000 cuando decidí que ese partido, no me representaba y que mis intereses, más que ideológicos, tenían que ver con el país, con su gente, con los derechos civiles, con la construcción de paz y la justicia social.
Me inspiraba por esa época la figura del doctor Carlos Gaviria porque defendía esos intereses desde la Corte Constitucional, y desde su ejercicio académico, y fue candidato presidencial con esas mismas banderas. Por esa razón, colaboré con la difusión de su candidatura, desde mi espacio y mis posibilidades con el lenguaje y la comunicación. De igual manera lo hice con la campaña de Gustavo Petro y con la candidatura del Doctor Iván cepeda.
Esos hechos me han llevado por estos días a recordar de manera especial al Doctor Carlos Gaviria y es por eso que, en un ejercicio pedagógico, escribí esta carta de manera simbólica para reconocer y recordar su protagonismo en la conformación y evolución de la fuerza política progresista que obtuvo este 21 de junio 12.708. 000 votos. La carta dice así:
Recordado Doctor Gaviria:
Ha estado Usted en mi mente de manera especial por estos días dado que fue el pionero de esta gran fuerza progresista que tiene Colombia hoy. Sembró esa semilla que ha dado frutos como, el primer Presidente de izquierda, seguido por un candidato presidencial que obtuvo casi la mitad de los sufragios depositados en la segunda vuelta, compitiendo de igual a igual con el de las elites políticas y económicas tradicionales que siempre han gobernado, apoyadas además, por el Presidente Trump de Estados Unidos.
Le cuento que empecé a admirarlo desde su paso por la Corte Constitucional por sus importantes sentencias sobre la despenalización de la dosis personal, la eutanasia y derecho a morir dignamente, la igualdad por orientación sexual, entre otros aportes, tan liberales y revolucionarias para esa época del gobierno de Uribe Vélez. Luego, en 2006 se lanzó usted a la presidencia por el Polo Democrático Alternativo y soñamos con tener un presidente de sus condiciones profesionales y humanas. La competencia era dura y empecé a hacer proselitismo en una época en que ser de izquierda, era mal visto por el medio en el que yo me movía y pegué un afiche suyo en el ascensor del edificio. Mi Exesposo me conminó a quitarlo, me negué, entonces recibí una carta de la administración del edificio, y no tuve opción. Su segundo lugar, por encima del partido Liberal y con más de 2.600.000 votos, prendió una llama de esperanza que nunca se apagará.
Hoy 20 años después, perdimos una elección presidencial por muy poco. Al pensar en lo sucedido, recuerdo su última conferencia, dictada a profesores del Gimnasio Moderno en Bogotá, veinte días antes de su muerte. Y la evoco, porque es como si Usted estuviera analizando las razones, más bien las causas, para el resultado final que favoreció al candidato oponente de su compañero y tal vez discípulo, Iván Cepeda Castro.
Habló Usted esa tarde de la necesidad de educar al sujeto de la democracia que es el pueblo. En ese contexto, citó a Kant quien definió la Ilustración como “la salida del estado de ignorancia culpable, en el que se encuentra la persona por no atreverse a pensar” y decía Usted con vehemencia: “Atrévanse a pensar”. Citó también otro filósofo que definió la educación como “el primer derecho del pueblo en una democracia” pues sí es el pueblo quien decide cómo gobernarse, debe tener acceso a la educación porque si no, es un pueblo funcional a la demagogia y al populismo, simulaciones de la democracia, y naturalmente deseable para estas porque es ignorante y, por tanto, fácilmente manipulable. Por eso insistía en que hay que construir al sujeto de la democracia; el pueblo no puede ser una masa amorfa y ambigua, debe ser, como bien lo dice Adela Cortina: “una comunidad presente, consciente y conviviente”, de ahí, la necesidad de formar personas para la convivencia, el diálogo, el debate y la negociación política.
Elegir cómo gobernarse es una decisión trascendental para que sea tomada por quienes no tienen la capacidad de decidir. La educación, el ejercicio de la razón y el conocimiento para decidir son el mejor camino para una sociedad. Y recordando sus palabras, querido Doctor Gaviria, yo me pregunto:
¿Está el pueblo colombiano educado para elegir?
¿Ejerce ese derecho de manera libre, consciente y bien informado?
¿Por qué el elector decide vender su decisión por unos pocos pesos?
La respuesta a las dos primeras preguntas no es positiva. Sobre la tercera, vemos que el elector se ve obligado o tentado a vender su voto, porque como Usted también lo dijo, no puede haber democracia política si no hay democracia económica.
Me despido querido Doctor Gaviria, no sin antes agradecerle por ese árbol imponente, de raíces profundas, tronco vigoroso y exuberante follaje que Usted sembró y que cuidamos nosotros para que siga creciendo y dando frutos, en esta generación y en las venideras.


