Colombia presenció agradecida y expectante la juramentación de Abelardo De la Espriella como el 43.° presidente 2026-2030, poniendo fin al desastroso gobierno que durante 4 años dirigió el exguerrillero Gustavo Petro, constituido en un verdadero concierto para delinquir, tipificado en nuestra legislación penal y a quien el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá (Sala Penal), ordenó la cesación de procedimiento en su caso por conexidad con el delito político de rebelión y delitos conexos, tras haber cumplido una condena por porte de armas en 1987, sin requerir los beneficios de la amnistía general concedida al M-19 en 1990. Cometidos todos los delitos posibles como violación de topes electorales, financiación de campaña con recursos non sanctus, abuso de poder, contratación indebida, apropiación de recursos, malversación de dineros públicos y señalado de crímenes de Estado como el del Senador Miguel Uribe Turbay y homicidios como el del coronel de la policía Oscar Dávila, denunciado recientemente por la exdirectora del Dapre Angie Rodríguez, la finalización de este gobierno no puede entenderse de otra manera distinta a una bendición del cielo, pues todo estaba dado para que Petro continuara gobernando en cuerpo ajeno, al volcar el presupuesto nacional a favor del candidato del Pacto Histórico Iván Cepeda, y pactado con el ELN, disidencias de las Farc y Clan del Golfo, el sometimiento de la población en la periferia territorial con el voto fusil, hecho que ha llevado al presidente saliente a desconocer olímpicamente los resultados electorales. Que su fin sea terminar en una cárcel de EE.UU. de instaurarse una acusación formal del Departamento de Justicia que bien puede señalarlo de haber liderado una red de narcotráfico y corrupción a gran escala, a más de las indagaciones que fiscales federales de Manhattan y Brooklyn adelantan en su contra por narcotráfico y financiación ilegal de su campaña, no es nada difícil. El haberlo incluido el Departamento del Tesoro de EE.UU. a finales del 2025, junto a su círculo cercano en la lista de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC), bajo el argumento de políticas antidrogas deficientes, es presumible que corra igual suerte a la de su colega y amigo Nicolas Maduro de Venezuela. De serlo, bien ido y nunca más. Colombia debe, sin pérdida de tiempo, rehacer lo destruido por el infame Petro. El equipo de gobierno altamente preparado constituido por De la Espriella y su vicepresidente José Manuel Restrepo, augura desde ya la recuperación del norte extraviado en este mar de corrupción en que veníamos. La seguridad, conjuntamente con la salud, serán los frentes prioritarios a los que se dedicará de lleno, sin dejar de lado un severo ajuste fiscal que incluirá la reducción drástica del tamaño del Estado, presentando en su inicio un paquete de decretos de choque para enderezar el país. Bien ha dicho De la Espriella que suspenderá de inmediato la política de la “paz total”, que no fue otra cosa que la entrega del territorio nacional a la criminalidad. Sin duda alguna formalizará una alianza fuerte con el empresariado, comprometido desde ya en la reconstrucción del país. La JEP, como tribunal de premio a los criminales, con su excesiva burocracia y descomunal presupuesto llega a su fin, después de 9 años de infructuosos resultados. Como colombianos, nuestro compromiso ineludible es el de continuar: FIRMES POR LA PATRIA. Felicitaciones presidente. Alberto Zuluaga Trujillo.


