Mientras discutimos el presente, el futuro ya empezó. Cada cuatro años Colombia cambia de presidente. Cada cuatro años cambian los ministros, las prioridades, los discursos y hasta los enemigos. Y cada cuatro años creemos que comienza una nueva historia. Pero hay una pregunta que casi nunca aparece en los debates presidenciales:
¿Quién está gobernando el país que tendrán nuestros hijos dentro de 25 años?
Porque el verdadero desarrollo de una nación no se mide únicamente por lo que hace un gobierno durante cuatro años. Se mide por la capacidad de varias generaciones de construir un mismo proyecto de país. Ahí radica una diferencia fundamental entre las naciones que lideran el mundo y aquellas que viven administrando crisis.
Los países exitosos no necesariamente eligen mejores gobernantes. Simplemente dejaron de gobernar pensando en la próxima elección y comenzaron a hacerlo pensando en la próxima generación. Mientras aquí discutimos diariamente sobre la última polémica política, otras naciones llevan décadas preparando respuestas para problemas que nosotros apenas empezamos a mencionar.
La inteligencia artificial transformará millones de empleos. La población colombiana está envejeciendo. La natalidad disminuye aceleradamente. La transición energética modificará la economía mundial. La disponibilidad de agua será uno de los principales factores de competitividad. La logística definirá cuáles regiones prosperarán y cuáles quedarán rezagadas. Nada de esto ocurrirá dentro de cien años.
Ya está ocurriendo.
Y, sin embargo, gran parte de nuestra conversación pública sigue atrapada en la coyuntura diaria. Discutimos entre personas cuando deberíamos discutir proyectos. Discutimos ideologías cuando deberíamos discutir productividad. Discutimos el próximo decreto mientras el mundo está diseñando la economía de las próximas décadas. La historia demuestra que los territorios que prosperan no son necesariamente los que poseen más recursos naturales. Son aquellos capaces de anticipar los cambios.
Santa Rosa de Cabal ofrece una lección extraordinaria. Hace cien años fue uno de los municipios agrícolas más importantes del antiguo Gran Caldas y de Colombia. Produjo riqueza, café y desarrollo rural. Pero mientras Santa Rosa de Cabal seguía solo produciendo, Pereira entendió antes que el futuro estaba en transformar, comercializar, financiar y conectar esa producción con mercados nacionales e internacionales.
No ganó quien más produjo. Ganó quien entendió primero hacia dónde iba el mundo. Lo mismo ocurrió con muchas regiones europeas. Extremadura conserva paisajes admirables, patrimonio ambiental y una enorme riqueza rural. Pero durante décadas no logró construir suficientes oportunidades para retener población joven, diversificar su economía y adaptarse a los nuevos ciclos productivos. Hoy enfrenta uno de los mayores procesos de envejecimiento y despoblación de Europa. La lección es contundente.
Los territorios no desaparecen porque pierdan su identidad. Desaparecen cuando dejan de reinventarla. Y Colombia corre un riesgo parecido. Seguimos creyendo que cada gobierno debe empezar desde cero. Cada administración desmonta programas, modifica prioridades, cambia nombres, reorganiza instituciones y vuelve a redactar el futuro. Así es muy difícil construir un país.
Las grandes transformaciones requieren continuidad. Corea del Sur no se convirtió en potencia tecnológica durante un solo gobierno. Singapur no construyó uno de los Estados más eficientes del mundo en cuatro años. España no desarrolló su red de alta velocidad ferroviaria en un período presidencial. Todos esos procesos necesitaron décadas. Necesitaron gobiernos distintos construyendo sobre una misma visión. Eso no significa renunciar a la alternancia democrática. Al contrario. Significa comprender que la alternancia debe servir para mejorar el camino, no para cambiar permanentemente de destino.
Un país puede discutir modelos económicos. Puede debatir sobre el tamaño del Estado.Puede elegir entre distintas prioridades sociales. Lo que no puede hacer es improvisar permanentemente su futuro. Quizás el verdadero debate presidencial nunca ha sido quién gobernará los próximos cuatro años. La verdadera pregunta es otra.
¿Quién está pensando la Colombia de 2050?
Porque el futuro no llega de repente. Se construye todos los días. Y mientras seguimos ocupados discutiendo el presente, hay países que ya están diseñando el mundo en el que nosotros tendremos que competir. Tal vez gobernar bien no consista únicamente en resolver los problemas de hoy. Consista, sobre todo, en evitar los problemas de mañana.
* Ingeniero Ambiental y Economista, especialista en Planificación y Administración del Desarrollo Regional y Magíster en Medio ambiente y Desarrollo. Académico e investigador.


