Por: Carlos Alfredo Crosthwaite F.
Bajo el asfalto y concreto de sus vías y los grandes edificios del sector de Pinares de San Martín en Pereira, está en gestación una catástrofe que las autoridades locales desde 2020 han decidido ignorar con indolencia criminal. La quebrada La Dulcera, un afluente que debería ser patrimonio natural, fue convertida hace décadas en una alcantarilla de concreto enterrada bajo toneladas de basura y escombros. Hoy, los estudios técnicos de ingeniería más rigurosos advierten lo que el silencio oficial intenta ocultar: ese canal está a punto de colapsar, y con él, la vida y el patrimonio de miles de ciudadanos.
La historia de La Dulcera es el monumento a la ambición urbanística sin control y sin límites. Entre 1982 y finales de los noventa, se permitió que urbanizadores inescrupulosos canalizaran esta quebrada mediante un box coulvert precario, sin diseños técnicos ni permisos ambientales. Lo más grave es que esta estructura se enterró bajo llenos antrópicos que alcanzan profundidades de hasta 21 metros. Imagine usted, ciudadano, edificios de 10 o más pisos con sus cimientos aledaños a una caja de concreto con graves fallas estructurales que descansa y sostiene escombros de sismos pasados.
Las pruebas son irrefutables. Las inspecciones internas revelan una «patología estructural» severa: muros fracturados, losas flectadas con grietas centrales y acero de refuerzo que ya no existe, devorado por la corrosión y los vapores de metano. Sectores como el aledaño al edificio Alquitrabe, Candelaria e Icono presentan condiciones calificadas técnicamente como «malas», con un factor de amenaza de colapso extremo. No es una suposición; es una certeza científica que el canal presenta incapacidad hidráulica para los caudales actuales, y en aumento y agravada, en razón a las áreas de la zona hoy ocupadas en grandes proyectos urbanísticos, que vierten de manera indiscriminada aguas lluvias de estas nuevas construcciones que siguen brotando en la zona como si el suelo fuera roca sólida.
Ante este panorama, la justicia actuó. El Tribunal Contencioso Administrativo de Risaralda, en un fallo positivo de acción popular en 2020, ordenó al Municipio de Pereira y a la empresa Aguas y Aguas intervenir y rehabilitar este colector de manera urgente. ¿Qué hicieron las autoridades? Un simulacro de cumplimiento. Se limitaron a ejecutar un contrato en el sector de Pinares Médica que apenas cubre una fracción del problema. Mientras tanto, el 80% restante de la canalización —el tramo que sostiene a la mayoría de los residentes— sigue deteriorándose día tras día.
Pereira es una ciudad de alta sismicidad. Un movimiento telúrico de magnitud moderada o una temporada de lluvias intensa podrían ser el detonante de un fenómeno de subsidencia masiva o de una avenida torrencial interna conocida como «bombazo». El represamiento del agua por un colapso estructural generaría una explosión de presión que arrasaría con vías y cimentaciones, siguiendo el antiguo cauce de la quebrada que hoy está ocupado por viviendas y locales. Los daños y la pérdida de vidas serían incalculables.
¿Dónde están los entes de control? ¿Por qué se siguen otorgando licencias de construcción en una zona donde la DIGER alguna vez alertó sobre la necesidad de congelar el licenciamiento? La respuesta es el silencio cómplice. Se ha vulnerado nuestro derecho a un ambiente sano y a la seguridad pública. Se robaron el paisaje de La Dulcera y nos dejaron una trampa mortal subterránea.
Hacemos un llamado urgente a la ciudadanía de Pereira, no solo a los habitantes de Pinares, para que exijan el cumplimiento total de la orden judicial. No podemos permitir que la próxima noticia sobre La Dulcera sea el reporte de una tragedia que pudo evitarse. La ingeniería ya habló, la justicia ya ordenó; ahora solo falta que la administración municipal deje de jugar con la vida de las personas y asuma su responsabilidad antes de que el suelo se abra bajo nuestros pies. Este alcalde no puede seguir malgastando el dinero de nuestros impuestos en fiestas, jolgorios y campañas para acumular poder político y control sobre nuestras instituciones. El tiempo se agota y el concreto no avisará antes de fallar.


