ELLAS, EL VIENTRE QUE NOS PROTEGE

OpiniónELLAS, EL VIENTRE QUE NOS PROTEGE

Durante la mayor parte de la historia,

“Anónimo” era una mujer.

Virginia Woolf.

Dicen mis amigas Patty y Blanquita, con gran sensatez, que Pereira nació mujer. Ellas, damas legendarias de la ciudad, no se equivocaron al elevar semejante sentencia. Y expreso semejante porque, para muchos varones aun anclados en la patria fálica y machista en que viven, esto es un adefesio, una aberración imperdonable.

Cuando la tierra rugió hace unos días (10 de agosto de 2026), Pereira cambió de rostro. Las calles que tanto trasegamos se llenaron de escombros; muchas edificaciones y casas se convirtieron en arrumes de ladrillos y polvo. Durante unos instantes, que parecieron una eterna eternidad, nadie supo qué hacer ni hacia dónde correr; cómo resguardarse del peligro y de la muerte acechante. El terremoto nos agrietó, más que los muros, la piel; y expuso lo frágiles que somos ante la indómita naturaleza. Sin embargo, cuando el miedo cedió y hubo que enfrentar la agónica realidad, las mujeres, tan rezagadas a las tareas del hogar, demostraron que son de armas tomar: asumieron su rol protagónico y pintaron el rostro de la tragedia con las bellas pinceladas de la esperanza, esa esperanza que nace en el vientre y nos hace mujer.

Las he visto en todas partes trabajando hombro a hombro con los machos cabríos que a veces desfallecen. Son madres salvando sus negocios, buscando a sus hijos entre la confusión; son abuelas tratando de conservar la calma con el alimento que preparan mientras todo parece derrumbarse a su alrededor; son chicas jóvenes removiendo escombros, echando pala tieso y parejo, recorriendo las calles para ayudar a quienes lo necesiten; son féminas clasificando donaciones con equidad; profesoras educando y jugando en los albergues de paso; he visto vecinas cuidando niños en crecimiento, partiendo la leña para el fogón ante la falta de fluido eléctrico. Muchas han dispuesto sus hogares como hospedajes para aquellos que perdieron sus casas.

Foto Alejandro Giraldo

A las mujeres no les pertenece la cocina sino el vientre, ese lugar divino donde se gesta la vida y la verraquera de los hombres, pues de ellas venimos y a ellas regresaremos. Por eso, cuando la tragedia asoló a mi Pereira querida, su rostro de cemento tomó un semblante sereno de mujer. Las vías de la ciudad se atestaron de chicas y esto cuenta una historia diferente que trasciende las cifras, los edificios destruidos, las pérdidas económicas y las fotografías de las ruinas. Esa otra historia, quizá menos visible, es esta: más que parir, las mujeres están hechas para reconstruir, para resanar, para suturar las heridas que no sólo padecen ellas; también las de nosotros, quienes las ultrajamos a diario. Es la fuerza de su vientre el caparazón que nos protege ante el colapso. Su papel siempre será, por las razones que describo, fundamental.

De hecho, es ingenuo y hasta tonto esperar que las mujeres se vistan y se comporten de una forma determinada por la sociedad machista. Hoy, con esta tragedia a cuestas y con la valentía que han puesto para levantarnos, aquellas etiquetas son inútiles e incongruentes.

Recapitulen en su memoria y se darán cuenta de algo vital: cuando alguien tiene hambre o necesita ayuda, sin importar quién sea, siempre surge, de la nada, una mujer que nos brinda su mano protectora, que nos acoge en su vientre calientito para resguardarnos, por ejemplo, del frío y de la soledad; de las malas decisiones o de eventos catastróficos como este. Cuando un niño llora asustado, su madre le señala el camino a seguir y se hace luz en la más rotunda oscuridad.

Hoy, pasados unos días del terremoto que casi nos borra del mapa, estoy seguro que serán ellas, las mujeres, quienes nos darán la fortaleza suficiente para reconstruir el futuro que necesita nuestra ciudad, esa Pereira que nació mujer. Es más: ellas demostraron, con esta emergencia, algo que ya sabían desde mucho antes y que nosotros, los hombres, pocas veces intuimos: cuidar también es una forma de resistir.

@lauraph

Resistir, desde luego, nada tiene que ver con levantar la voz y enfrentarse al mundo. A veces el silencio dice mucho más que las palabras y eso, precisamente, es lo que hacen las féminas: permanecer en silencio para gritarle al universo, cuando sea necesario, que ahí están ellas para parir la vida y protegerla. Resistir, según mi madre o lo que aprendí de esta noble mujer, consiste en brindarle comida a veinte personas cuando apenas alcanzaba para diez; es compartir una cobija que no se tiene; cuidar los hijos de la vecina mientras busca a sus muertos en medio de los escombros; es recorrer el barrio preguntando, sin apenarse, quién necesita medicamentos, alimentos, pañales y demás cosas. Resistir es pasar la noche en vela acompañando a aquellos que tienen miedo de volver a ingresar a casa. Por eso Pereira nació mujer, porque resiste y resiste y resiste y de esta volverá mucho más fuerte.

Con el tiempo, quedarán las cicatrices del terremoto en los edificios, las calles y, sobre todo, en la memoria de quienes lo vivimos. No obstante, tengo la plena certeza de que una urbe como la nuestra no se reedifica únicamente con cemento y metal; también se restaura con cuidado, con la fertilidad de ese vientre en que las raíces se hacen fuertes y los frutos en la copa esplendorosos.

Dicen algunos expertos que, para levantar a la querendona, trasnochadora y morena, se requiere de diez años, aproximadamente. Es posible. Sin embargo, en nuestra Pereira herida hay mujeres que, sin esperar reconocimientos, ya comenzaron esa reconstrucción anticipándose a la llegada de las máquinas, los arquitectos y las ayudas gubernamentales. Con su talante y verraquera lo lograremos mucho antes de que cante el gallo.

Pereira nació mujer y en su vientre todo florecerá con mayor fortaleza.

¡Volveremos a demostrar de qué estamos hechos! ¡Gracias, mujeres pereiranas por ser y estar!

*Escritor y profesor: Institución Educativa Ciudad Boquía

Universidad Tecnológica de Pereira

Universidad Católica de Pereira

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Vea nuestros otros contenidos