IMPULSAR LA RECONSTRUCCIÓN AL FUTURO

OpiniónIMPULSAR LA RECONSTRUCCIÓN AL FUTURO

Jaime Cortés Díaz

Dimensionada la tragedia del 10 de agosto, con el dolor latente por las víctimas y la magnitud de los estragos materiales, comienza a abrirse paso la etapa de la reconstrucción. La resiliencia de los pereiranos no consiste solo en levantarse de la ruina, sino en decidir qué ciudad quieren legar a las próximas generaciones. La hazaña no puede reducirse a sustituir un edificio derrumbado por otro semejante. Esa sería una victoria de la ingeniería, pero una derrota del urbanismo. La circunstancia, por dolorosa que sea, ofrece una oportunidad excepcional para concretar la Pereira que durante décadas ha sido imaginada en estudios, planes y debates, pero que sucesivamente ha quedado aplazada por la lógica de los cuatrienios administrativos.

Hoy resulta indispensable recuperar y actualizar los prospectivos elaborados para la ciudad. Entre ellos el contratado en 2010 por el alcalde Israel Londoño con la Universidad Externado de Colombia, acompañado por la interventoría de Uniandina. Aquella propuesta, concebida en el contexto del Sesquicentenario de Pereira, no fue un simple ejercicio académico, constituyó un instrumento de planificación física y territorial con amplia movilización social y visión regional. Su propósito era orientar las decisiones futuras de crecimiento urbano. Cinco años después, el diagnóstico para la formulación del Plan Maestro de Espacio Público, desarrollado con participación de la consultora internacional Atkins, insistía en una conclusión semejante; el centro de Pereira debía reformularse aprovechando su valor histórico, reorganizando la ocupación del medio público y revitalizando parques, iluminación y corredores urbanos. Aquellas recomendaciones mantienen hoy una vigencia sorprendente.

La ciudad que emerja de esta tragedia debe incorporar criterios de movilidad contemporánea, estacionamientos periféricos que disminuyan la presión vehicular, la ampliación del espacio peatonal, arborización intensiva, mobiliario urbano de calidad y una accesibilidad universal que permita desplazamientos seguros para todos los ciudadanos. Igualmente, la renovación de edificaciones deterioradas debe integrarse con la acotación patrimonial y el fortalecimiento del comercio formal, mientras la economía informal merece un tratamiento social y transformador que armonice inclusión con el orden urbano. La infraestructura también exige una mirada diferente. Redes de servicios modernizadas, soterramiento donde resulte viable, normas sismorresistentes más rigurosas y una concepción ambiental que convierta al centro en un territorio acogedor frente al cambio climático y a los riesgos naturales, que deben ser parte del nuevo paradigma.

Existe además una lección que el terremoto acaba de confirmar. Durante la alcaldía de Juan Pablo Gallo se tomó una decisión que muchos consideraron costosa y compleja: intervenir estructuralmente los subterráneos de la quebrada Egoyá, ubicada en la franja sur, la más vulnerable desde el punto de vista sísmico. Antes de iniciar las obras, el mandatario convocó a una asamblea de líderes cívicos, gremiales, empresariales y políticos para explicar la magnitud del riesgo. La ciudad respaldó aquella determinación. Cabe preguntarse hoy cuál habría sido el nivel de devastación si esos apuntalamientos no hubieran comenzado desde el área portante del Teatro Santiago Londoño. Algunas obras solo revelan su valor cuando evitan una tragedia mayor.

Esta reflexión conduce al Plan Pereira 2032, concebido como una visión estratégica de largo plazo que merece ser revisado con rigor para identificar cuáles de sus metas permanecen vigentes, cuáles deben ajustarse y cuáles continúan esperando ejecución. Ninguna ciudad puede construir un destino colectivo si cada administración empieza de nuevo y desestima los consensos alcanzados.

El Gobierno Nacional ya ha designado al gerente general del Fondo Milagro, llamado a coordinar la recuperación. Corresponde, pues, en armonía integrar una gerencia local sólida, técnica y transparente que articule municipio, área metropolitana, sector privado, academia y ciudadanía.

El resultado será juzgado por la historia. Pereira puede limitarse a recuperar lo perdido, o puede convertir la mayor adversidad de su tiempo en el nacimiento de una ciudad más segura, humana, valiosa y visionaria. Esa es la diferencia entre reconstruir el pasado y construir el futuro.

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