Las raíces más hondas son las que nos sostienen en silencio.
Tiene el pelo como las montañas de Suiza, blancas y majestuosas.
Unas manos tiernas, arrugadas y delicadas, con pecas como las galletas de chispas de chocolate.
Sus pasos, lentos y firmes como los valores que sembró en mí.
Su sonrisa, la ventana al alba con su rocío fresco.
Sus abrazos son el abrigo que me calienta el alma, la certeza de que, sin importar las tormentas, siempre hay un puerto dónde echar ancla.
Mónica Duque


