Egoyá atraviesa el corazón de la ciudad sin aparecer en el paisaje. Su recorrido coincide parcialmente con sectores afectados por el terremoto del 10 de agosto. Esa coincidencia debe investigarse con rigor: no demuestra que la quebrada haya causado la destrucción, pero tampoco permite ignorar las advertencias ni las intervenciones pendientes.

Crecí en la casa de mi madre, en la calle 29 con carrera 11, muy cerca del antiguo colector Egoyá. Desde niño escuché ese nombre sin entender exactamente qué era ni por dónde pasaba.
En los años setenta recuerdo un enorme cilindro vertical de concreto, levantado en un lote irregular de la calle 29 Bis, entre las carreras 11 y 12. Por allí corrían aguas oscuras (aguas residuales y fluviales combinadas) y los mayores decían que aquello era el Egoyá. Años después el terreno fue rellenado, se construyeron viviendas y de aquella estructura solamente quedó visible una tapa redonda de alcantarilla.
Esa imagen forma parte de mi memoria, pero no es el centro de esta historia. Es apenas la puerta de entrada a una pregunta mucho mayor: ¿qué hay realmente debajo de Pereira y qué relación puede tener ese corredor fluvial oculto con la forma como la ciudad ha crecido y ha sufrido sus terremotos?
La pregunta volvió con fuerza el 10 de agosto de 2026. Mientras Pereira atendía a sus víctimas, buscaba sobrevivientes y comenzaba a evaluar los edificios destruidos o averiados, el nombre de Egoyá reapareció. Una parte de los daños más visibles se registró en el centro, por donde también atraviesa el antiguo cauce.
¿Fue Egoyá responsable de aquella destrucción? No existe evidencia suficiente para afirmarlo.
¿Podemos descartar cualquier relación entre el antiguo cauce, los rellenos, los tipos de suelo, el colector y las edificaciones construidas en su área de influencia? Tampoco.
Este capítulo comienza justamente en esa diferencia.
El viento de las brujas
El nombre Egoyá siempre me resultó extraño. Cuando comencé a preguntar por su origen encontré una explicación tan llamativa como el propio nombre.
El historiador Víctor Zuluaga Gómez sostiene que Egoyá procede del euskera, la lengua del pueblo vasco, y significa “viento de las brujas”. Según su explicación, la expresión se relacionaba con ciertos vientos que aparecían durante junio y julio y que, dentro de la tradición vasca, eran considerados perjudiciales para las cosechas.
Esta interpretación indicaría que el nombre no proviene de una lengua indígena, como podría suponerse inicialmente, sino que habría sido introducido por españoles de origen vasco. Debemos presentarla como una explicación histórica atribuida a Zuluaga, no como una etimología definitivamente cerrada.
La quebrada aparece desde tiempos antiguos en las descripciones del territorio. Pedro Cieza de León mencionó un pequeño cuerpo de agua cercano a la antigua Cartago de la cual se abastecían los españoles. Mucho antes de convertirse en canalización, alcantarilla o problema urbano, Egoyá fue un drenaje visible y parte del paisaje.
La ciudad que nació y creció a su alrededor terminó ocultándola.
Una quebrada debajo de la ciudad
Quien camina hoy por el centro de Pereira puede cruzar Egoyá sin saberlo. No existe un puente que anuncie su paso ni una corriente visible que obligue a detenerse. Sobre ella hay calles, viviendas, comercios, talleres, edificios, parques, redes de servicios y tráfico.
Debajo de esa vida cotidiana permanecen el antiguo cauce y distintas obras construidas durante décadas para conducir sus aguas.
Aquí es necesario explicar una diferencia básica. La quebrada, la canalización y el colector no son exactamente lo mismo.
La quebrada es la corriente natural que existía antes de la urbanización. La canalización es la estructura construida para encerrar, desviar o conducir esa corriente. El colector es una obra de alcantarillado destinada a recibir y transportar aguas lluvias, residuales o una combinación de ambas.
En Egoyá estas realidades se superpusieron hasta terminar confundidas bajo un mismo nombre.
Por eso no basta con dibujar una línea y decir: “Por aquí pasa la quebrada”. El cauce natural pudo tener curvas y ramificaciones que no coinciden exactamente con las estructuras construidas después. Las canalizaciones se ejecutaron en diferentes épocas, con distintos materiales, dimensiones y profundidades. Algunos segmentos fueron reparados, desviados o reemplazados.
Un mapa riguroso debe diferenciar esas capas.
El recorrido que conocemos
El Egoyá es un antiguo cuerpo de agua de la red hídrica de Pereira, que, debido a la expansión de urbanización, se intervino con la canalización.
A esto cuerpos de agua, se les denomina por ej.: en Bogotá, Caño (algo despectivo); en algunas poblaciones pequeñas, cañada. Es decir, se convierte en el drenaje urbano de aguas lluvias o pluvial, que también se convierte por la ligereza de los constructores en desagües domiciliarios de agua servidas, o lo que técnicamente se llaman “conexiones erradas”.
Los documentos de Aguas y Aguas de Pereira permiten reconstruir el recorrido general de Egoyá. El corredor atraviesa la ciudad de oriente a occidente: comienza en el sector alto próximo a la avenida Circunvalar, cruza el centro y continúa hacia Turín, hasta llegar al sistema del río Otún.
Su longitud se aproxima a los cinco kilómetros, aunque los documentos consultados no ofrecen una única cifra. Algunas fuentes hablan de 4.523 metros; otras mencionan 4.943 e incluso 5.158 metros.
La conclusión responsable no consiste en escoger la cifra que parezca más conveniente. Mientras no se obtenga y contraste la cartografía georreferenciada actualizada, lo correcto es hablar de un corredor de cerca de cinco kilómetros.
Una cartografía georreferenciada es un mapa en el cual cada punto tiene una ubicación precisa mediante coordenadas. No es un dibujo aproximado: permite establecer por qué calle, predio o edificación pasa una estructura.
El informe de gestión de Aguas y Aguas correspondiente a 2016 dividió la canalización en cuatro sectores:
- De la calle 3 a la calle 10.
- De la calle 10 a la calle 16.
- De la calle 16 a la calle 22.
- De la calle 22 a la calle 46.
En ese momento, los dos primeros aparecían en estado regular, el tercero en mal estado y el cuarto en buen estado. El sector más crítico era el comprendido entre las calles 16 y 22.
Es importante conservar la fecha. Aquella clasificación describe la situación informada en 2016, no necesariamente el estado del sistema en 2026. Además, el tramo más deteriorado fue intervenido posteriormente.
La mañana del 10 de agosto
El terremoto del 10 de agosto de 2026 tuvo magnitud 7,4 y su epicentro se localizó en San José del Palmar, Chocó. El Servicio Geológico Colombiano explicó que ocurrió a una profundidad aproximada de 103 kilómetros y que sus ondas se propagaron por una extensa zona del país.
Pereira estuvo entre las ciudades más afectadas. En el centro se registraron colapsos y daños severos en edificaciones residenciales, comerciales e institucionales. Ese mismo centro es atravesado por Egoyá.
La coincidencia espacial existe, pero debe manejarse con cuidado.
Después del terremoto, mis hermanos pasaron por la antigua casa de nuestra madre, movidos por la nostalgia y la preocupación. La vivienda ya no pertenecía a la familia, pero seguía en pie y no presentaba daños visibles.
Era una casa esquinera, construida a comienzos de los años sesenta y con 17 metros de fondo. Después del terremoto de 1999, una ingeniera vinculada al proceso de reconstrucción la inspeccionó y autorizó la construcción de cuatro columnas y dos vigas de amarre. Mi madre recibió el apoyo del FOREC y realizó las obras recomendadas.
Las columnas son elementos verticales que ayudan a transmitir el peso y los esfuerzos de una edificación hacia sus bases. Las vigas de amarre son elementos horizontales que unen los muros y las columnas para que la construcción trabaje como un conjunto. En términos sencillos, ayudan a evitar que cada pared se mueva por su cuenta durante un terremoto.
El caso de aquella casa no es una prueba científica ni permite sacar conclusiones sobre todas las viviendas cercanas a Egoyá. Sí demuestra algo más elemental: una edificación antigua puede mejorar su comportamiento cuando es evaluada y reforzada correctamente.
También confirma que la cercanía al colector no conduce necesariamente al daño. Nuestra antigua casa estaba próxima al corredor y resistió. Otras edificaciones del centro sufrieron daños graves.
La explicación, por tanto, no puede reducirse a una sola causa.
Coincidencia no significa culpabilidad
Echarle la culpa al Egoyá desde el punto de vista estructural es un tema diferenciado estructuralmente con un edificio, pues la canalización se realiza de acuerdo a la pendiente del cauce o en su defecto un túnel como medio de desviación profunda, por ej. El Tunjuelo-Canoas de Bogotá a 70 m de profundidad.
Durante un terremoto, el comportamiento de una construcción depende de varios factores: el tipo de suelo, la profundidad de los rellenos, la calidad de los materiales, la antigüedad de la edificación, su diseño, las modificaciones realizadas, el mantenimiento y la forma como están conectados sus muros, vigas y columnas.
También puede presentarse un fenómeno denominado amplificación sísmica.
Aunque el término parece complicado, la idea puede explicarse de manera sencilla. Las ondas producidas por un terremoto no se comportan igual en todos los terrenos. En algunos suelos blandos, húmedos o conformados por rellenos, el movimiento puede aumentar o prolongarse al llegar a la superficie.
Podemos imaginar una bandeja con gelatina. Si movemos la bandeja, la gelatina puede seguir oscilando y deformarse más que la base que la sostiene. Algo parecido puede ocurrir cuando las ondas sísmicas atraviesan determinados suelos.
Esto no significa que todo edificio situado sobre un relleno vaya a caer. Tampoco permite afirmar que cada daño ocurrido cerca de Egoyá tenga el mismo origen.
Para establecerlo se necesitan estudios de suelo, evaluaciones estructurales y una comparación exacta entre el trazado de la quebrada, las canalizaciones, los rellenos y la ubicación de las edificaciones afectadas.
Por eso la expresión “línea de destrucción”, utilizada después del terremoto para describir una aparente concentración de daños sobre el corredor de Egoyá, debe tratarse como una hipótesis.
Una hipótesis es una explicación inicial que debe someterse a prueba. No es un hecho demostrado.
La tarea periodística no consiste en convertir una impresión cartográfica en sentencia. Consiste en reunir la información necesaria para comprobarla o descartarla.
Las advertencias ya existían
Evitar una acusación sin pruebas no significa afirmar que nada podía hacerse.
El ordenamiento territorial de Pereira ya reconocía desde el año 2000 la necesidad de recuperar integralmente el corredor de Egoyá. El documento municipal identificó el sector comprendido entre las calles 17 y 27, alrededor del parque Olaya Herrera y San Jerónimo, como una de las zonas más afectadas por los terremotos de 1995 y 1999.
También planteó proteger las áreas necesarias para operar y mantener el colector, recuperar urbanísticamente los sectores deteriorados y articular las intervenciones con la movilidad, el espacio público y los nuevos usos urbanos.
Esto significa que, hace más de veinticinco años, la ciudad ya había relacionado el corredor de Egoyá con problemas de deterioro, restricciones para la construcción y antecedentes de afectación sísmica.
No se afirmaba que la quebrada fuera la única responsable. Se reconocía que el territorio necesitaba un tratamiento especial.
Lo que resolvió el Nuevo Egoyá
Entre 2019 y 2020 se ejecutaron las dos fases del proyecto conocido como Nuevo Egoyá. De acuerdo con el informe institucional de Aguas y Aguas, la primera fase instaló 725 metros de túnel y tubería entre la carrera 12, desde la calle 16 hasta la 22, y la calle 22, entre carreras 11 y 12.
La segunda fase intervino la superficie: se renovaron redes de acueducto y alcantarillado, pavimentos, andenes y otros componentes del espacio urbano.
El nuevo túnel atendió precisamente el tramo que había sido clasificado como más crítico. Según la empresa, la obra mejoró sus condiciones hidráulicas y estructurales y redujo el riesgo de colapso.
La palabra hidráulica se refiere, en este caso, a la capacidad de una estructura para recibir y transportar agua. Una obra puede tener problemas hidráulicos cuando resulta insuficiente para conducir el caudal que recibe o cuando se presentan obstrucciones, filtraciones o desbordamientos.
La intervención fue necesaria y debe reconocerse. Pero cubrió una parte del corredor, no sus cerca de cinco kilómetros completos.
La pregunta, entonces, no es si Pereira hizo algo. Sí lo hizo.
La pregunta es si las obras fueron suficientes, cuál es el estado actual de los demás tramos y qué ocurrió con la propuesta de recuperación integral formulada desde comienzos de siglo.
El terremoto del 10 de agosto obliga a volver sobre esas preguntas.
Una infraestructura debajo de la vida cotidiana
La documentación técnica señalaba que cerca del 68 por ciento del recorrido estaba localizado bajo corredores viales y el 32 por ciento restante bajo viviendas y otros usos.
Esto ayuda a comprender por qué Egoyá no puede estudiarse como si fuera una tubería aislada. Sobre su recorrido funciona una parte viva de Pereira.
En la superficie existen casas, comercios, vías, parques y redes de servicios. En el subsuelo coinciden el antiguo cauce, los rellenos, las canalizaciones construidas en diferentes épocas y el sistema de alcantarillado.
Tampoco se puede presentar todo el corredor únicamente como una amenaza. Egoyá es, al mismo tiempo, una corriente natural transformada, una infraestructura hidráulica, una huella ambiental y un eje alrededor del cual creció la ciudad.
Esta precisión será fundamental cuando analicemos propuestas como abrir algunos tramos, recuperar el cauce o construir un parque lineal. Antes de dibujar nuevos paisajes, Pereira debe saber qué existe debajo de cada cuadra, quién vive o trabaja encima y qué función cumple actualmente cada estructura.
Hacer visible lo que enterramos
Egoyá no desapareció cuando Pereira dejó de verla. Continuó bajo la ciudad, recibiendo agua, conectándose con redes y condicionando obras y usos del suelo.
Su invisibilidad no es solamente física. También ha permitido que buena parte de la ciudadanía ignore su recorrido y conozca muy poco sobre la infraestructura que existe debajo de sus pies.
El primer paso no consiste necesariamente en destapar la quebrada. Consiste en hacer pública y comprensible la información sobre ella.
Pereira necesita un mapa que reúna, al menos, cuatro capas:
- El cauce natural reconstruido históricamente.
- Las canalizaciones y colectores, con sus fechas, materiales y profundidades.
- Las intervenciones contemporáneas, incluido el Nuevo Egoyá.
- Los usos actuales del suelo y las edificaciones localizadas sobre el corredor o dentro de su área de influencia.
A ese mapa deberá agregarse ahora una quinta capa: la localización exacta de los daños registrados durante el terremoto del 10 de agosto.
Solo entonces será posible establecer si existe una coincidencia consistente, qué factores pueden explicarla y cuáles afirmaciones deben descartarse.
La ciencia no comienza con una conclusión. Comienza con una pregunta que puede someterse a prueba.
Lo que sabemos
- Egoyá atraviesa Pereira de oriente a occidente, desde el sector cercano a la avenida Circunvalar hasta Turín y el sistema del río Otún.
- Su recorrido tiene cerca de cinco kilómetros, aunque las fuentes consultadas presentan diferencias en la longitud exacta.
- Aguas y Aguas documentó cuatro tramos entre las calles 3 y 46.
- El sector comprendido entre las calles 16 y 22 fue identificado como el más crítico y posteriormente intervenido mediante el Nuevo Egoyá.
- Una parte del centro afectado por el terremoto del 10 de agosto coincide con el área general atravesada por Egoyá.
- Esa coincidencia no demuestra que el colector o el antiguo cauce hayan causado los daños.
- Pereira conocía desde años atrás la necesidad de intervenir y recuperar integralmente varios sectores del corredor.
Inquietudes de esta primera entrega
- La coincidencia entre una parte del recorrido de Egoyá y algunos de los sectores afectados por el terremoto del 10 de agosto merece una investigación rigurosa. Para establecer su alcance se necesita superponer el trazado histórico, las canalizaciones, los tipos de suelo, las zonas rellenadas y la ubicación exacta de las edificaciones dañadas.
- La canalización sustituye el antiguo cauce o lo desvía. La fijación de una estructura hidráulica de canalización se relaciona con el peso, velocidad de agua, empujes del suelo a los lados de sus márgenes si son rellenos. Se puede pensar en la calidad de los rellenos y la influencia de las construcciones que posiblemente pueda suceder. Pero, esto realmente queda en manos de las investigaciones de grupo de geotecnistas que seguramente ya están en el tema.
- También es necesario conocer el estado actual de los tramos que no fueron sustituidos por el Nuevo Egoyá y establecer cuáles de las intervenciones urbanas previstas desde el año 2000 se ejecutaron, cuáles cambiaron y cuáles quedaron pendientes.
- Estas preguntas no permiten señalar todavía una causa, pero tampoco autorizan a cerrar la discusión. La serie continuará buscando documentos oficiales, estudios técnicos y testimonios verificables. Los lectores que conserven mapas, fotografías o información documental podrán contribuir a reconstruir esta historia. Todo aporte deberá ser contrastado antes de incorporarse como evidencia. Las pueden enviar a fernandosanchezprada@gmail.com
En la próxima entrega,
- Egoyá no siempre estuvo bajo calles y edificios. Durante siglos fue una quebrada visible y parte del paisaje natural.
- ¿Cuándo comenzó Pereira a encerrarla entre muros, utilizarla como colector y construir encima de ella?
En el próximo capítulo reconstruiremos cómo la ciudad enterró su quebrada.
Referencias
Alcaldía de Pereira. (2000). Plan de Ordenamiento Territorial de Pereira: Acuerdo Municipal No. 018 de 2000. https://tramites1.suit.gov.co/registro-web/suit_descargar_archivo?A=27357
Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Pereira S. A. S. E. S. P. (2016). Informe de gestión 2016. https://gobierno.aguasyaguas.com.co/images/informes/2017/Informe_de_gestion2016.pdf
Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Pereira S. A. S. E. S. P. (2017). Proyecto de optimización y complemento de la canalización de la quebrada Egoyá [Presentación técnica].
Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Pereira S. A. S. E. S. P. (2020). Informe de gestión y sostenibilidad 2020. https://gobierno.aguasyaguas.com.co/images/descargas/informes_gestion/INFORME%20DE%20GESTION%20Y%20SOSTENIBILIDAD%202020%20A%26A.pdf
Gobernación de Risaralda. (2026, 23 de agosto). Gobernación de Risaralda prepara plan para reactivar el comercio y proteger empleos tras el sismo. https://www.risaralda.gov.co/publicaciones/164086/gobernacion-de-risaralda-prepara-plan-para-reactivar-comercio-y-proteger-empleos-tras-el-sismo/
Servicio Geológico Colombiano. (2026, 14 de agosto). Sismo de magnitud 7,4: El SGC resolvió las preguntas más frecuentes para entender el evento. https://www2.sgc.gov.co/Noticias/Paginas/Sismo-de-magnitud-7-4-el-SGC-resolvio-las-preguntas-mas-frecuentes-para-entender-el-evento.aspx Zuluaga Gómez, V. (2013). Historia extensa de Pereira. Editorial Universidad Tecnológica de Pereira. https://repositorio.utp.edu.co/entities/publication/ae74e037-69e3-48cf-bae1-649111e1501a


