ESTE DEBE SER EL PUNTO NÚMERO UNO EN LA AGENDA DE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO
Por estos días en Pereira es usual estar conversando con alguien y que esa persona de un momento a otro se suelte en llanto. Es usual que después de un paso por los lugares más críticos del centro, por la zona de la Egoyá, por esas cuadras donde ya no hay nada, a la gente se le ensombrezca el rostro y también suelte el llanto.
No es debilidad. Es impotencia. Es el por qué que se hace mucha gente, sobre todo aquellas familias y personas que tenían todos sus ahorros de una vida forjados en una vivienda, en un local, en una casita que era su pensión y ya no tienen nada.
Eso que se siente tiene nombre y se llama solastalgia. Es la enfermedad de extrañar tu propia casa estando dentro de ella. De ver tu ciudad y no reconocerla. De ser pereirano en Pereira y sentir que Pereira ya no es tu Pereira. Y cuando eso le pasa a uno, es tristeza. Cuando nos pasa a miles al tiempo, es una tristeza colectiva que si no la atendemos se nos vuelve ansiedad, insomnio, desesperanza y se nos enferma la salud mental de toda la ciudad.
Por eso este tiene que ser el punto número uno en la agenda de lo público y lo privado. Antes del ladrillo, antes del cemento, tenemos que sanar el alma. Y la cura no está en el lamento, está en el propósito, en palabras alegres, soñadoras y positivas que se vuelvan acción inmediata, como un arcoíris después del temblor.
Y esa cura en Pereira tiene nombre y apellido: el comercio. Porque el comercio es la fuerza económica de Pereira y del Eje Cafetero. Es un título que nos hemos ganado desde siempre, en toda nuestra historia y tradición, porque el comercio ha movido y ha contribuido tanto con la economía del país. Pereira es la ciudad que no dormía, la que abría la persiana a las siete de la mañana y jalaba el desarrollo con su ruido sabroso de vendedores y compradores.
Mire qué bonito lo que está pasando sin planearlo y que tenemos que convertir en oportunidad. Esas mesas y esos toldos que están en los andenes, en las calles, donde los grandes comerciantes salieron a vender sus inventarios al aire libre para salvarse. Eso que para algunos es desorden, para nosotros tiene que ser el comienzo de nuestro gran Mercado a Cielo Abierto.
Hagamos de eso algo bonito, organizado y alegre. Invitemos a la gente a que se vuelva a enamorar de la Pereira de toldos, de la Pereira de Mercado Libre, de la Pereira de los andenes multiservicios. Eso es lo que nos tocó y hay que hacer de eso una fortaleza. Cada toldo que se levanta es una familia que resiste. Cada venta en la calle es una persiana que mañana volverá a abrirse. Que la moneda vuelva a circular, que vuelva a generar empleo, que vuelva a traer a los vecinos de los otros municipios, porque en Pereira encontramos la gran miscelánea donde Pereira ¡lo tiene todo!
Y en medio de esta solastalgia hay algo que me devuelve el arcoíris: todos los que estemos en condiciones de compartir y de dar, estamos muy invitados a seguir el ejemplo de tantas organizaciones, fundaciones y corporaciones que hoy están haciendo presencia en Pereira para contribuir con nuestra recuperación y con la estabilidad de la salud mental.
Quiero poner como ejemplo muy especialmente a la Fundación bLuz para Colombia (fundada por Luz María Zapata Zapata ,una mujer pereirana de pura cepa, residenciada y radicada en Bogotá, muy bien conectada, una mujer llena de luz y de ideas inteligentes, como su nombre lo dice. Ella viene respaldada por su hermana Anita Zapata ,maestra conocedora de todas estas terapias alternativas por el bienestar de la humanidad. Juntas están ofreciendo de manera gratuita unos talleres hermosos con su Metro de Emociones, desarrollando las diferentes teorías de la inteligencia emocional. Eso es exactamente lo que hay que hacer en Pereira: sanar la mente para levantar el comercio, porque un comerciante con el corazón tranquilo vuelve a vender con alegría. Eso es lo que sana la solastalgia.
El comercio de Pereira sí tiene con qué. Tiene ciudad, tiene gente, tiene ciudadanía, tiene respaldo. Y hoy desde esta columna yo respaldo y hago mi llamado con toda la voz: ¡Compremos en Pereira!
Como lo dice esa valla creativa y poderosa de la Cámara de Comercio que hoy nos eriza la piel: si está abierto, ¡compren en Pereira! Hay que comprar en Pereira. Hagamos un frente común e invitemos a todos los municipios vecinos, a toda la gente de muchas ciudades que ama a Pereira.
Y preparémonos para un gran turismo, pero no el turismo que viene a tomarle foto a los escombros, sino el turismo que viene a tomarle foto a los rostros, a las manos y a los comerciantes que le apuestan a la refundación de la gran Pereira comercial y próspera. Turismo que compara en pereira !
Porque como digo yo:
Pereira no se visita por lo que se cayó, se visita por lo que se levantó. Vengan a retratar la fuerza de un pueblo que vende con el alma.»
Donde hay un toldo en Pereira, hay una familia resistiendo y una ciudad volviendo a nacer.


