El miércoles 14, tuvo lugar la primera marcha de la oposición contra el Gobierno de De la Espriella, convocada por el Pacto Histórico, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y la Federación Colombiana de Educadores (Fecode). Con anterioridad, en su intervención del lunes pasado, el presidente anunció al país la expedición del decreto 1525 del 2026, el cual establece una serie de lineamientos para regular la movilización social y la intervención de la Fuerza Pública, advirtiendo que los bloqueos permanentes de carreteras o de los carriles del Transmilenio, forma habitual de las protestas, “son delitos y no derechos”, por lo que la oposición demandó el Decreto y presentó una tutela, en la que pidió la suspensión provisional de la medida, sustentada en la inconstitucionalidad, al coartar el derecho a la protesta consagrada en la Constitución. Se trata de un articulado necesario y dentro de las facultades del mandatario, afirmaron desde la Casa de Nariño. “Ni un derecho menos para quien protesta en paz, ni un espacio más para quien hace terrorismo urbano. El derecho a la protesta no está por encima del derecho a trabajar, estudiar, movilizarse y vivir en paz”. Encabezada la manifestación en Bogotá por Gustavo Petro e Iván Cepeda en la Plaza de Bolívar, punto de concentración en la capital del país, sobre las 5 p.m. los manifestantes empezaron a dispersarse sin que se hubiese alterado el orden público y con la frustración de no haber escuchado al expresidente Petro quien, sin subirse a la tarima, fue fotografiado para sus redes. Como bien reza un viejo aforismo popular; “el bulto sabe a quién le sale”. No hubo desmanes ni provocaciones a la Fuerza Pública, pues bien sabían de lo duro que podría morderlos el Tigre. Sin duda alguna, esta fue una prueba que la oposición le brindó al nuevo Gobierno, tras la firma el día anterior del decreto que cambió las reglas con que la Policía debe enfrentar las protestas, para el Gobierno demostrar que, bajo el respeto a los derechos ajenos, la movilización ciudadana tendrá la protección y el respaldo que la Constitución y leyes de la República le conceden. No se presentaron incidentes mayores entre los manifestantes y la Unidad de Diálogo y Mantenimiento del Orden (UNDMO) antes ESMAD, lo que a las claras indica el profundo respeto existente hoy, por la autoridad que representa y encarna el Gobierno de De la Espriella. Ante la presencia de francotiradores en el techo del Capitolio Nacional durante el evento en la Plaza de Bolívar, el presidente del Senado aclaró que fue una medida adoptada por solicitud del equipo de seguridad del expresidente Petro, tendiente a reforzar su protección. El propio jefe de Estado, desde la Sala de Crisis de la Casa de Nariño, monitoreó los diferentes puntos de la convocatoria para revisar el estado del orden público, las que, según los analistas, tuvieron poca presencia, evidenciándose la diferencia con las realizadas bajo el gobierno Petro, las cuales eran pagadas con dineros del erario público para movilizar la minga indígena y los habitantes de los Barrios marginados, al tiempo que se presionaba a los funcionarios públicos y contratistas a marchar, conjuntamente con Fecode y las Centrales Obreras. Como bien lo ha dicho el presidente De la Espriella, se les acabó la guachafita. Por consiguiente, los días serán más tranquilos para la seguridad de los colombianos.
Alberto Zuluaga Trujillo. Alzutru45@hotmail.com


