Un artículo para volver a obedecer lo que ya conocemos
“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.»
Santiago 1:19 (RVR1960)
Piense por un momento.
¿Cuántas veces ha respondido antes de terminar de escuchar?
¿Cuántas veces una palabra dicha en caliente abrió una herida que tardó años en cerrar?
Con su esposa, con su esposo, con un hijo que ya es adulto, con un hermano de la iglesia, con alguien en el trabajo.
Y lo más doloroso es esto: muchas de esas veces usted ya conocía Santiago 1:19. Lo sabía. Lo había leído, lo había subrayado. Pero en el instante en que la emoción subió, el versículo no estaba ahí.
Ahí es donde entendemos que cuando un versículo se reduce a un consejo, se admira, pero no se obedece. Se recuerda, pero no transforma.
Escuche con atención lo que dice la Palabra: Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.
Tres instrucciones. Solo tres.
Pronto para oír. Tardo para hablar. Tardo para airarse.
Y aquí está lo que muy pocos han visto: en estas tres instrucciones está escondida la clave de la inteligencia emocional que Dios quiere formar en sus hijos.
No es un simple consejo para llevarse mejor con los demás. Mucho antes de que el mundo le pusiera nombre, mucho antes de los libros, los cursos y los psicólogos que hoy hablan del tema, Dios ya había dejado escrito en este versículo cómo un hijo suyo debe gobernar lo que siente, lo que entra por sus oídos, lo que sale de su boca y lo que se mueve dentro de su corazón.
PERO HAY UNA DIFERENCIA ABISMAL
Y aquí tenemos que ser honestos.
La inteligencia emocional que enseña el mundo te dice: aprende a controlar tus emociones para verte mejor, para rendir más, para evitar problemas, para que no te afecte. Y te deja a ti en el centro. Tú eres tu propio amo. Tú controlas.
La inteligencia emocional que Dios dejó escrita en Santiago tiene otro propósito, uno mucho más alto y más santo: que tus emociones queden tan rendidas a Él, que cuando algo te sacuda, lo que salga de ti se parezca a Cristo.
No se trata de verte mejor. Se trata de que Cristo se vea en ti.
No se trata de rendir más. Se trata de rendir tu carácter a Él.
La del mundo es autogestión. La de Dios es rendición.
La del mundo es fuerza de voluntad. La de Dios es un corazón gobernado por el Espíritu.
Por eso, cuando un creyente no tiene dominio propio, el problema no es solamente emocional, ni psicológico, ni de temperamento. Cuando lo que sientes gobierna lo que dices, lo que haces y lo que decides, la carne está ocupando un lugar que le pertenece al Espíritu. Y eso, aunque nos cueste llamarlo así, es pecado.
Por eso Santiago no escribió estas palabras para personas lejos de Dios. Se las escribió a sus amados hermanos. A la iglesia. A nosotros.
Nos estaba diciendo: Hijos, ustedes ya no pueden vivir como viven los demás, que sienten y explotan, que sienten y publican, que sienten y hieren. Ustedes han recibido un Espíritu diferente.
LAS TRES PUERTAS QUE DIOS QUIERE GOBERNAR
- PRONTO PARA OÍR: La puerta de los oídos.
Dios quiere gobernar lo que entra. El que es pronto para oír es humilde. Reconoce que no lo sabe todo. Que necesita aprender. El orgulloso habla rápido porque cree que ya entendió. El humilde oye rápido porque quiere entender de verdad.
Ser pronto para oír es decirle al otro: tu dolor me importa más que mi argumento.
- TARDO PARA HABLAR: La puerta de la boca.
Dios quiere gobernar lo que sale. La boca es el termómetro del corazón. Jesús dijo que de la abundancia del corazón habla la boca. No es un problema de labios, es un problema de tanque. ¿De qué está lleno tu corazón hoy?
Ser tardo para hablar no es ser mudo, es ser selectivo. Es preguntarle al Espíritu Santo antes de abrir la boca: ¿Esto edifica? ¿Esto sana? ¿Esto es necesario ahora?
- TARDO PARA AIRARSE: La puerta del corazón.
Dios quiere gobernar lo que se mueve adentro. Aquí es donde todos perdemos. La ira es la emoción que más rápido nos hace olvidar quiénes somos en Cristo.
Ser tardo para airarse no es que nunca sientas ira. Es que entre la emoción y la acción, le das un espacio al Espíritu Santo para que se meta. Ese espacio se llama dominio propio. Y el dominio propio no es que yo me aguanto, es que el Espíritu Santo me sostiene.
¿QUÉ TIPO DE INTELIGENCIA QUIERES?
Hoy el mundo te ofrece inteligencia emocional para que sufras menos.
Dios te ofrece transformación emocional para que te parezcas más a Cristo.
Una te sirve para sobrevivir en esta tierra.
La otra te sirve para agradar al Padre mientras estás en esta tierra.
Hoy, vuelve a Santiago 1:19. No como un consejo bonito para poner en un cuadrito. Sino como una orden de amor para obedecer de rodillas.
De rodillas, convencida de que Dios no solamente alivia el cansancio de tus rodillas, sino que está formando tu carácter para que tus emociones ya no te gobiernen, sino que le sirvan a Él.
Elsa Gladys Cifuentes Aranzazu –
LA INTELIGENCIA EMOCIONAL DESDE LA PERSPECTIVA Y CONVICCIÓN CRISTIANA
Antes de desarrollar mi idea a conciencia y convicción desde la Fe; acudo a una definición científica de lo se conoce como inteligencia emocional.: “Qué es la inteligencia emocional? Desde la ciencia, es la capacidad psíquica que tiene una persona para identificar, comprender y regular sus propias emociones y las de los demás. La psicología moderna, con Daniel Goleman, la definió como el equilibrio entre la autoconciencia, el autocontrol, la empatía y las habilidades sociales. Para la salud mental, es la base que evita que una emoción pasajera se convierta en una decisión permanente que destruya relaciones, trabajo y paz interior. No es dejar de sentir, es aprender a no ser gobernado por lo que se siente.” Así pasó a mi reflexión y aporte en lo espiritual y práctico sobre el tema .
Cuando un versículo se reduce a un consejo, se admira, pero no transforma.
La Inteligencia Emocional desde la perspectiva de la Fe Cristiana
Un artículo para volver a obedecer lo que ya conocemos
“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.»
Santiago 1:19 (RVR1960)
Piense por un momento.
¿Cuántas veces ha respondido antes de terminar de escuchar?
¿Cuántas veces una palabra dicha en caliente abrió una herida que tardó años en cerrar?
Con su esposa, con su esposo, con un hijo que ya es adulto, con un hermano de la iglesia, con alguien en el trabajo.
Y lo más doloroso es esto: muchas de esas veces usted ya conocía Santiago 1:19. Lo sabía. Lo había leído, lo había subrayado. Pero en el instante en que la emoción subió, el versículo no estaba ahí.
Ahí es donde entendemos que cuando un versículo se reduce a un consejo, se admira, pero no se obedece. Se recuerda, pero no transforma.
Escuche con atención lo que dice la Palabra: Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.
Tres instrucciones. Solo tres.
Pronto para oír. Tardo para hablar. Tardo para airarse.
Y aquí está lo que muy pocos han visto: en estas tres instrucciones está escondida la clave de la inteligencia emocional que Dios quiere formar en sus hijos.
No es un simple consejo para llevarse mejor con los demás. Mucho antes de que el mundo le pusiera nombre, mucho antes de los libros, los cursos y los psicólogos que hoy hablan del tema, Dios ya había dejado escrito en este versículo cómo un hijo suyo debe gobernar lo que siente, lo que entra por sus oídos, lo que sale de su boca y lo que se mueve dentro de su corazón.
PERO HAY UNA DIFERENCIA ABISMAL
Y aquí tenemos que ser honestos.
La inteligencia emocional que enseña el mundo te dice: aprende a controlar tus emociones para verte mejor, para rendir más, para evitar problemas, para que no te afecte. Y te deja a ti en el centro. Tú eres tu propio amo. Tú controlas.
La inteligencia emocional que Dios dejó escrita en Santiago tiene otro propósito, uno mucho más alto y más santo: que tus emociones queden tan rendidas a Él, que cuando algo te sacuda, lo que salga de ti se parezca a Cristo.
No se trata de verte mejor. Se trata de que Cristo se vea en ti.
No se trata de rendir más. Se trata de rendir tu carácter a Él.
La del mundo es autogestión. La de Dios es rendición.
La del mundo es fuerza de voluntad. La de Dios es un corazón gobernado por el Espíritu.
Por eso, cuando un creyente no tiene dominio propio, el problema no es solamente emocional, ni psicológico, ni de temperamento. Cuando lo que sientes gobierna lo que dices, lo que haces y lo que decides, la carne está ocupando un lugar que le pertenece al Espíritu. Y eso, aunque nos cueste llamarlo así, es pecado.
Por eso Santiago no escribió estas palabras para personas lejos de Dios. Se las escribió a sus amados hermanos. A la iglesia. A nosotros.
Nos estaba diciendo: Hijos, ustedes ya no pueden vivir como viven los demás, que sienten y explotan, que sienten y publican, que sienten y hieren. Ustedes han recibido un Espíritu diferente.
LAS TRES PUERTAS QUE DIOS QUIERE GOBERNAR
1. PRONTO PARA OÍR: La puerta de los oídos.
Dios quiere gobernar lo que entra. El que es pronto para oír es humilde. Reconoce que no lo sabe todo. Que necesita aprender. El orgulloso habla rápido porque cree que ya entendió. El humilde oye rápido porque quiere entender de verdad.
Ser pronto para oír es decirle al otro: tu dolor me importa más que mi argumento.
2. TARDO PARA HABLAR: La puerta de la boca.
Dios quiere gobernar lo que sale. La boca es el termómetro del corazón. Jesús dijo que de la abundancia del corazón habla la boca. No es un problema de labios, es un problema de tanque. ¿De qué está lleno tu corazón hoy?
Ser tardo para hablar no es ser mudo, es ser selectivo. Es preguntarle al Espíritu Santo antes de abrir la boca: ¿Esto edifica? ¿Esto sana? ¿Esto es necesario ahora?
3. TARDO PARA AIRARSE: La puerta del corazón.
Dios quiere gobernar lo que se mueve adentro. Aquí es donde todos perdemos. La ira es la emoción que más rápido nos hace olvidar quiénes somos en Cristo.
Ser tardo para airarse no es que nunca sientas ira. Es que entre la emoción y la acción, le das un espacio al Espíritu Santo para que se meta. Ese espacio se llama dominio propio. Y el dominio propio no es que yo me aguanto, es que el Espíritu Santo me sostiene.
¿QUÉ TIPO DE INTELIGENCIA QUIERES?
Hoy el mundo te ofrece inteligencia emocional para que sufras menos.
Dios te ofrece transformación emocional para que te parezcas más a Cristo.
Una te sirve para sobrevivir en esta tierra.
La otra te sirve para agradar al Padre mientras estás en esta tierra.
Hoy, vuelve a Santiago 1:19. No como un consejo bonito para poner en un cuadrito. Sino como una orden de amor para obedecer de rodillas.
De rodillas, convencida de que Dios no solamente alivia el cansancio de tus rodillas, sino que está formando tu carácter para que tus emociones ya no te gobiernen, sino que le sirvan a Él.
Elsa Gladys Cifuentes Aranzazu –


