domingo, abril 19, 2026

COMPLICACIONES DE LAS VARICES QUE PUEDEN PONER EN RIESGO LA SALUD DE LAS PIERNAS

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Bogotá, abril de 2026. Las várices y otros trastornos venosos de las piernas siguen siendo subestimados por miles de personas que los consideran un problema meramente estético. Sin embargo, detrás de una vena dilatada, tortuosa o visible puede existir una enfermedad venosa crónica en evolución, capaz de desencadenar complicaciones que van desde dolor persistente e inflamación hasta lesiones cutáneas avanzadas, sangrados espontáneos y úlceras de difícil cicatrización.

Alberto Muñoz Hoyos, cirujano endovascular experto en la temática, opina que “uno de los errores más frecuentes cuando aparecen varices en las piernas es pensar que solo se deben tratar por un asunto estético. En realidad, cuando hay insuficiencia venosa, el problema es funcional: la sangre no retorna bien desde las piernas hacia el corazón, se acumula, aumenta la presión dentro de las venas y eso, con el tiempo, puede deteriorar la piel, inflamar los tejidos y favorecer complicaciones que sí afectan de manera importante la salud y la calidad de vida”.

Las guías clínicas más recientes de asociaciones científicas  en el mundo, subrayan que las várices de miembros inferiores son una de las condiciones médicas más frecuentes en la práctica vascular y que pueden ser causa de dolor, edema, trombosis, sangrado y ulceraciones, además de un impacto físico, psicológico y social significativo.

Complicaciones más frecuentes

La insuficiencia venosa crónica no tratada puede progresar gradualmente. En fases iniciales suele manifestarse como sensación de pesadez, ardor, cansancio en las piernas, calambres nocturnos, picazón, edema o venas visibles. Pero cuando la enfermedad progresa, la hipertensión venosa sostenida empieza a producir daño estructural en los tejidos.

Una de las primeras complicaciones relevantes es el edema persistente, es decir, la inflamación crónica de piernas y tobillos. Este no solo genera incomodidad, sino que altera la piel, favorece procesos inflamatorios locales y puede marcar la transición hacia formas más avanzadas de enfermedad venosa.

Otra complicación frecuente es la dermatitis por estasis, en la que la piel cambia de color, se torna más oscura, seca, sensible o pruriginosa. Con el tiempo pueden aparecer endurecimiento de los tejidos, fibrosis y lipodermatoesclerosis, una alteración inflamatoria crónica que deforma la pierna y hace más difícil la recuperación del tejido. Las revisiones recientes y los consensos clínicos insisten en que estos cambios no son superficiales: son señales de enfermedad venosa avanzada y de daño crónico por hipertensión venosa.

El doctor Alberto Muñoz Hoyos, destacado investigador, docente y cirujano vascular y endovascular explica que “cuando una persona lleva años con várices, inflamación y molestias sin una valoración adecuada, el sistema venoso empieza a perder capacidad de compensación. En ese punto ya no se trata solo de una vena visible; se trata de una alteración hemodinámica que puede afectar la piel, el drenaje y la funcionalidad completa de la pierna”.

Tromboflebitis

Una de las complicaciones más frecuentes en pacientes con várices avanzadas es la tromboflebitis superficial, que consiste en inflamación de una vena superficial acompañada de un coágulo. Puede presentarse con dolor localizado, enrojecimiento, calor y endurecimiento a lo largo del trayecto venoso. Aunque no siempre representa una emergencia vital, sí requiere evaluación médica porque puede confundirse con cuadros más profundos o coexistir con ellos.

También existe el riesgo de sangrado venoso, especialmente cuando las venas están muy superficiales, la piel está adelgazada o ya hay cambios cutáneos importantes. Un pequeño golpe, una raspadura o incluso el rascado en una zona con picazón pueden desencadenar sangrados que asustan al paciente y, en adultos mayores o personas solas, pueden convertirse en eventos clínicamente relevantes.

En escenarios más complejos, sobre todo cuando coexisten inmovilidad, obesidad, cirugías recientes, antecedentes trombóticos, embarazo, uso hormonal o enfermedad venosa profunda, puede existir riesgo de trombosis venosa profunda y su complicación más grave es la embolia pulmonar, potencialmente mortal si el coágulo migra a los pulmones. Además, entre un tercio y la mitad de quienes han tenido una trombosis venosa profunda desarrollan después un síndrome postrombótico, con dolor, edema, cambios de coloración e incluso úlceras.

La úlcera venosa

Entre todas las complicaciones de la enfermedad venosa crónica, la úlcera venosa de pierna es una de las más severas. Se trata de una herida crónica, generalmente en la parte distal de la pierna, que aparece como consecuencia de años de hipertensión venosa, inflamación y deterioro de la microcirculación. El doctor Alberto Muñoz Hoyos, quien preside el comité científico de la Clínica Vascular de Bogotá señala que “una úlcera venosa no aparece de un día para otro. Suele ser el resultado de años de insuficiencia venosa ignorada o subtratada. Y cuando aparece, ya estamos frente a una etapa avanzada de la enfermedad, que exige un manejo integral, diagnóstico vascular preciso y seguimiento serio para evitar recaídas”.

La magnitud del problema también es alta. Incluso, un metaanálisis publicado en 2025 encontró que entre trabajadores de la salud la prevalencia global de várices alcanza el 25 %, una cifra que vuelve a poner sobre la mesa el peso de factores como largas jornadas de pie, predisposición genética y falta de prevención temprana.

Cuándo consultar y por qué no conviene esperar

No toda vena visible requiere el mismo tratamiento, pero sí toda persona con síntomas persistentes o signos de progresión debe ser valorada. Pesadez, ardor, dolor al final del día, hinchazón, calambres, picazón, cambios de coloración, endurecimiento de la piel, venas dolorosas, sangrado o heridas que no cicatrizan son señales de alarma que no deben normalizarse.

El doctor Alberto Muñoz Hoyos concluye que “el mensaje clave es que las várices no deben verse sólo como un problema cosmético. Son, en muchos casos, la expresión visible de una enfermedad venosa que puede avanzar. Diagnosticar a tiempo permite intervenir antes de que aparezcan complicaciones como tromboflebitis, sangrado, daño cutáneo o úlceras. La medicina vascular actual busca precisamente eso: prevenir que una alteración tratable se convierta en una enfermedad incapacitante”.

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