🔅 Incendiar la realidad con la activación de bajos instintos por reafirmar el saqueo público inflama la cobardía vociferante amplificada.
🔅 ¿Qué fue de la cultura ciudadana de pertenencia, autocontrol cívico, respeto por la dignidad de la diversidad humana?
¿Cómo estamos en consciencia de respeto, ética de coexistencia en la diversidad y dignidad inherente a toda vida humana?. De la «doctrina» mercenaria «¿Por qué es lícito matar comunistas en Colombia?» autoría del condenado Narváez, impartida a grupos paramilitares, devienen realidades como las 6.402 vidas de colombianos jóvenes sacrificados en el llamado fenómeno de «los falsos positivos».
Algunos disfrazados de salvadores de patria desde el odio y el desprecio por los que no encuadran y sobran en su arquetipo de «los buenos…», prometen prescindencia, descarte físico, limpieza social, para que su paisaje de confort sofisticado no se contamine ni devalúe. La degradación del discurso vaciado de contenido a cambio de amenazas y terrorismo retórico, le está insuflando más y más intemperancia y crispación a la disputa por el control de lo público llamado el poder.
Los vociferantes todos desde la cobardía de los anillos de escoltas que les hacen fingir sentirse seguros e importantes para remarcar el irrespeto resonante en la amplificación pagada en parlantes de alquiler mediático estratégico. Todo éste siglo ha sido de gritería, matoneo microfonero, bodegueo energúmeno insultante y ofensivo. Insultadores contratados 24/7. Misión, degradar la controversia en la democracia electoral negocio, fase primaria de una democracia real y efectiva procrastinada, dilatada doscientos años. Distorsionada con la cobardía del anonimato que agrede oculto en las plataformas digitales. Botón global de muestra la era Trump global y en el sur Milei, Bolsonaro. El caso colombiano es particular con un régimen anti establecimiento contra industria mediática.
Imposible en ése caos de incomunicación, algarabía, ruido extremo para que nadie tenga claridad ni comprensión, pensar en formación de culturas afirmativas que sintonicen la diversidad de pueblos y territorios en visión común compartida de nación, valores y propósitos de unidad en gobernanza de lo público con derechos reales para todos. Es un tiempo de fragmentación, segmentación y facciones tribales por intereses, que implican una descomposición social en aumento. Pareciera un todos contra el resto. Hay cien disfrazados de salvadores de patrias para sus fines en sus cabezas.
Hace treinta años en 1995, el desprecio de cinco millones de bogotanos por Bogotá, fue transformado en una onda de cultura ciudadana de pertenencia, respeto y coexistencia en los espacios de la ciudad. La pedagogía del primer gobierno Mockus sintonizó a la ciudad completa en un propósito de lo mejor posible cada quien para la ciudad y la convivencia con compromiso corresponsable. ¿Qué pasó? ¿Se perdió ése proceso?.
Durante 25 años del siglo 21, los colombianos caímos en la trampa de la fragmentación, el descarte, desprecio y odio que tiene a todo mundo en una realidad de salud mental psicososial, aumentada por el pánico de la pandemia que sacó mucho más de lo oculto en nuestra forma de comportamiento. Una degradación social sin tregua que avanza.
¿Cuáles culturas afirmativas para ser mejores colombianos en colectivo hemos formado en este cuarto de siglo y sus revoluciones con nuevas esclavitudes sofisticadas?. Hagamos el inventario más cercano y en todo el mapa Colombia. Asunto para ver y saber.
Buen día Don Hernando. Saludos cordiales y un gran escrito.
La problemática en Colombia es un morral que muchos deben cargar con su responsabilidad al unísono para que las cosas mejoren.
La pedagogía de Mockus marcó un camino pero no podía con toda la mochila porque el alcance era restringido. Una golondrina no hace verano y qué pesar que algo tan bueno no haya animado a los demás responsables de cargar el maletín.
Muchas gracias y un feliz día le deseo.