domingo, abril 19, 2026

DEL CÓMO VAMOS PARA DÓNDE VAMOS

OpiniónDEL CÓMO VAMOS PARA DÓNDE VAMOS

Por: Alejandro García Ríos

Lo que no se mide, no es susceptible de mejora. Por eso, ejercicios como el que presentó esta semana Pereira Cómo Vamos son tan importantes. Porque pone sobre la mesa cifras que obligan a verlas con detenimiento y a pensar en soluciones.

Cae la satisfacción con la ciudad como un lugar para vivir, el optimismo y la calificación del alcalde. En general, existe una pérdida de confianza en el rumbo de la ciudad, sumado:

•⁠  ⁠El 77% de los pereiranos no se sienten seguros en la ciudad. 

•⁠  ⁠El 68% considera que hoy es más difícil acceder a servicios de salud.

•⁠  ⁠Sólo el 28% está satisfecho con la forma como la alcaldía invierte los recursos.

Ahora bien, los datos no sólo muestran problemas, también señalan con claridad dónde están los retos y por dónde empezar a trabajar.

Pone sobre la mesa temas de los que poco se tratan en Pereira pero que celebro se midan, tales como:  labores del cuidado, salud mental y la movilidad alternativa donde solo el 23% de las personas está satisfecha con el estado de los bicicarriles y el 30% con el de los andenes. 

Sigue estando relegada en la ciudad la cultura ciudadana, mientras tanto debemos mejorar: el manejo de basuras, el respeto por el otro y el ruido; en vivienda, el acceso sigue siendo una deuda estructural; y en empleo, persisten brechas, especialmente para jóvenes y mujeres.

Mientras que el alcalde sigue en rifas, juegos y espectáculos, no existen recursos para programas vivienda; y cae la confianza, mientras la Avenida de los Colibríes, luego de 3 años, sigue abandonada.

Nuestra ciudad necesita menos show y más decisiones informadas. El próximo alcalde debe tener claro qué ciudad recibe. Una ciudad endeudada, con un empréstito por $200 mil millones, el más alto en la historia; con retrasos en obras y fallas de planeación; y cuestionamientos por corrupción.

Las ciudades que avanzan no son las que creen que todo está bien, son las que tienen la capacidad de mirarse, incomodarse y corregir. Ese es el verdadero valor de hacernos las preguntas incómodas.

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