EL LUNAR NEGRO DE EXPOCAMELLO

OpiniónEL LUNAR NEGRO DE EXPOCAMELLO

Esta feria empresarial se promociona con la siguiente invitación:

«En la XXII edición de la feria de emprendimiento más importante de la región y la de mayor trayectoria en el país. Un espacio para toda la familia, donde encontrarás una amplia variedad de emprendimientos, zona de juegos para los niños, shows en vivo…». El resaltado es nuestro y señala el punto donde, a nuestro juicio, surge el principal cuestionamiento del evento.

La música y sus distintos géneros han evolucionado con el paso del tiempo, incorporando nuevos estilos, mensajes y estéticas que responden al espíritu de cada generación. Como expresión cultural, refleja el contexto social de una época y, con frecuencia, aborda temas relacionados con el amor, el desamor, la inconformidad, la protesta o las transformaciones sociales. Cada género musical, independientemente de sus intérpretes o compositores, transmite ideas mediante recursos poéticos, narrativas de denuncia y, en ocasiones, contenidos que reproducen estereotipos o visiones machistas.

A lo largo de la historia, la música ha sido objeto de estigmatización por parte de gobernantes, censores o generaciones que se resisten a los cambios culturales. Los ejemplos abundan. La icónica canción (I Can’t Get No) Satisfaction, de The Rolling Stones, publicada en 1965, fue considerada escandalosa en su momento y terminó convirtiéndose en un símbolo del inconformismo frente a una sociedad dominada por el consumismo y las apariencias. De igual manera, en 1972, estudiantes del colegio Liceo de Los Andes promovieron un concierto de rock en el lago La Pradera, cuyo tema central era Pronto viviremos un mundo mucho mejor, de Los Flippers. El evento fue censurado por las directivas del colegio, por la Iglesia y por la llamada «Liga de la Decencia» de la ciudad». Con el paso del tiempo quedó claro que aquellas canciones no atentaban contra las buenas costumbres; simplemente expresaban, a través de la música, las inquietudes y los sueños de una generación.

La crítica no está dirigida contra un género musical en particular. El problema radica en la evidente contradicción entre la naturaleza del evento y parte del contenido que allí fue presentado. Los organizadores convocaron a un espacio definido expresamente como «para toda la familia». Sin embargo, durante la programación musical se escucharon canciones con letras de contenido sexual explícito, lenguaje abiertamente soez y referencias directas a prácticas sexuales. En ese contexto, la Cámara de Comercio de Pereira, la Alcaldía, la Gobernación y las demás entidades organizadoras debieron ejercer un criterio mínimo de responsabilidad en la selección del contenido artístico. No se trataba de censurar un género musical, sino de establecer límites razonables frente a canciones cuyo contenido resulta incompatible con un evento concebido y promocionado como un espacio para las familias y los niños.

Desconocemos si el gerente del Centro de Convenciones Expofuturo, era consciente de esta situación. No obstante, llama la atención que instituciones académicas que también respaldaron y convocaron el evento no hayan fijado una posición sobre un hecho que no parece aislado. Los que convocan y avalan este tipo de escenarios, también asumen la responsabilidad de velar porque el contenido ofrecido sea coherente con el público al que invitan.

Harold Salazar A

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