miércoles, abril 29, 2026

EL NIÑO QUE DOMÓ EL VIENTO

OpiniónEL NIÑO QUE DOMÓ EL VIENTO

Y LOS VIENTOS DEL CAMBIO EN COLOMBIA

Por: Jorge D. Hernández

En la remota aldea Wimbe, en Malawi, Africa (un lugar devastado por la sequía, el hambre y el abandono estatal), William, un niño de 13 años, tiene como su mayor anhelo el poder ingresar a estudiar.  No obstante, las circunstancias de extrema pobreza de su familia se convierten en el mayor obstáculo.  William dedica cada día a ayudar a su padre en las labores del campo y en sus momentos de descanso a reparar artefactos eléctricos gracias a su ingenio y a la confianza de los vecinos que creen en las habilidades del pequeño.

Un día de regreso a casa, la madre le da la sorpresa de la vida al tenerle sobre la cama el uniforme y la notificación de que al día siguiente iniciaba clases formales en el colegio del poblado.  Pero la felicidad del niño le duró poco, pues pasados algunos meses no hubo dinero con qué seguir pagando las mensualidades.

Con la ayuda de uno de sus profesores y la complicidad de la bibliotecaria del centro educativo, y a escondidas del rector, le permitieron continuar visitando la biblioteca en donde había encontrado algunos libros que le indicaban cómo construir un molino de viento para bombear agua con qué irrigar las tierras resecas por todos los meses sin lluvia.

Mientras tanto, las cosas en el pueblo cada día se ponían más difíciles.  Muchos de los propietarios de tierras se vieron forzados a vender sus parcelas por precios irrisorios a una gran compañía y quienes se resistían a vender, lentamente los consumía la imposibilidad de adquirir provisiones para sobrevivir, lo que originaba enfrentamientos y saqueos entre vecinos, mientras el gobierno aumentaba la persecución y represión violenta contra aquellos dirigentes que se atrevían a alzar la voz.

Después de mucho sufrimiento y habiendo encontrado información para la construcción del molino de viento, William le pide a su padre que le permita usar su bicicleta para fabricar el molino, lo que ocasiona pugnas con su progenitor, quien al final accede a la solicitud entendiendo que quizás sea una locura lo propuesto por su hijo y que el velocípedo, un bien tan preciado en dicha zona, se vaya a convertir en un trozo de chatarra más… así transcurre la historia del filme: EL NIÑO QUE DOMÓ EL VIENTO, película inglesa de 2019, basada en una historia real, dirigida y protagonizada por CHIWETEL EJIOFOR.

Colombia, que durante más de dos centurias estuvo gobernada por una élite criminal y corrupta (y esto también hace parte de la vida real), con la llegada al gobierno de un presidente respaldado por diferentes fuerzas progresistas que le apostaron sus esperanzas al inicio de la transformación de la forma de ejercer el poder y llevar a millones de conciudadanos la anhelada justicia social, se enfrenta a la disyuntiva de respaldar las acciones ejecutadas por el actual presidente eligiendo a un sucesor honesto que siga el sendero de la transformación institucional, o entregar el gobierno a quienes ahora, ya huérfanos del poder político, pretenden reiniciar en el punto en donde habían dejado postrado al país entero, con promesas de ejecutorias que nunca hicieron y con las intenciones revanchistas de recuperar los espacios de dominio que a sangre y fuego habían sostenido por tantos años con la complicidad casi criminal de los medios de comunicación que, como sucede en muchos países del mundo, son propiedad de los grandes conglomerados económicos y solo actúan como resonantes de los intereses de unos pocos.

Fueron muchas las mentiras que dijeron sobre lo que sucedería en nuestro país con la llegada de Petro a la presidencia: desde el éxodo masivo de compatriotas adinerados e influyentes (incluyendo a personajes faranduleros como Marbelle y otros difamadores), hasta la catástrofe económica, expropiación de todo tipo de bienes y el establecimiento de una dictadura con la abolición de la “democracia”.

Son muchas las buenas acciones del gobierno nacional que ha puesto en primer orden la reivindicación de los derechos de “LOS NADIES” (como los denomina el escritor uruguayo Eduardo Galeano), tales como la entrega o devolución de tierras a miles de campesinos desplazados y víctimas del conflicto armado, hasta la dignificación del servicio prestado por los soldados (a los que Uribe llama “héroes de la patria”, pero que nunca se preocupó por sus condiciones de permanencia al servicio de la “patria”), la recuperación de los derechos laborales de los trabajadores arrebatados por Uribe, gratuidad en la educación superior, entre otras.

Pero no todas las cosas sucedidas durante este cuatrienio son memorables por la corrupción destapada en instituciones del Estado que nos hace poner los pies en la tierra y reflexionar sobre el enorme poder que siguen teniendo funcionarios públicos inamovibles y otros oportunistas que lograron infiltrarse para recibir alguna posición de poder que, actuando en su propio nombre o bajo la influencia de quienes les otorgaron el respaldo, han enlodado las actuaciones del ejecutivo.

Quedaron temas muy importantes que no lograron la aprobación en el Congreso de la República como son las reformas a la Salud y la reforma a la Justicia que, necesariamente, se convierten en agenda obligada para el nuevo gobierno.

Para lograr la consolidación de las grandes reformas que impacten directa y contundentemente en la sociedad colombiana, primero se necesita que se continúe con el proceso político llevando nuevamente a la presidencia a un candidato con clara convicción progresista, y lo segundo, que se logre establecer un gran acuerdo nacional con mayorías de Senado y Cámara, que tengan claro que debe anteponerse el beneficio general por encima de los intereses individuales.

Transformar las costumbres políticas y las actuaciones de los dirigentes de nuestro país es una tarea titánica que requiere de una enorme capacidad de acción y de mucha resistencia para soportar los ataques permanentes desde varios sectores poderosos que sienten que el feudo desde donde se extraían millones de pesos sin mayores esfuerzos para sostener todo un aparato represivo y criminal, podrían perderlo.

La extrema derecha colombiana apuesta sus intereses en cabeza de Paloma y Abelardo: sin propuestas serias ni dirección confiable, pues repiten en cada alocución el discurso de odio con el regreso del matarife y el “destripar” a los contradictores.

Siendo coherente con la forma de ver la política y al país, yo voy a votar por Iván Cepeda y Aída Quilcué, dos colombianos prístinos e impolutos con hojas de vida sin mácula alguna.  No es el momento de vacilar ni ceder los espacios de participación popular y democráticos a quienes tanto daño, dolor y muerte han sembrado a través de la historia republicana a lo largo y ancho del territorio nacional.

Para William, el niño de la película (EL NIÑO QUE DOMÓ EL VIENTO), no fue fácil convencer a su padre, ni a sus amigos y vecinos, que lo que él estaba proponiendo sería beneficioso no solamente para su propia familia, sino para toda la comunidad, y que únicamente se lograría con la participación de todos a pesar de las trabas e inconvenientes que se presentaran en el camino y al final lo lograron.

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Si la justicia existe, tiene que ser para todos; nadie puede quedar excluido, de lo contrario ya no sería justicia. (Paul Auster)

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Añadidura Uno.  ¡Afortunadamente, existen las redes sociales! ¿Se pueden imaginar estar en manos de la prensa basura atacando día y noche los procesos de transformación y difamando a todo aquel que no esté alineado con los dueños del poder económico?

Añadidura Dos.  Prohibido olvidar que el Estado sionista de Israel está cometiendo un genocidio contra el pueblo de Gaza, Palestina, igual como ha iniciado contra el pueblo del Líbano.  Ya son más de 80.000 asesinados, muchos de ellos niños y adultos mayores.

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