Quiero compartirles un a aparte del Libro “Historias, Cosas Mías” del Periodista y narrador deportivo Carlos Alfonso Riaño Acevedo, quien, dentro de todas sus narraciones, nos ofrece sus vivencias, como ser humano y comunicador, enseñándonos que los amigos son “ángeles que Dios nos envía, vestidos de civil”. En uno de sus apartes de su fina pluma, titulado: “Estas bien de amigos, Pacho”, resalta una faceta fundamental en nuestras vidas: “la amistad”.
“A él me lo encontré un día, como se encuentran tantas casualidades, es más, ni siquiera tuvo que ver su profesión con el motivo que nos acercó y que luego cosechó tiempos en el tiempo y vivencias en la existencia. Lo encontré un día cantando como siempre le ha gustado, lo vi con una energía y vitalidad tal, que desde ahí entendí que la vida con esa persona tendría un sentido en mi existencia. Los caminos de Dios por más que parezcan sinuosos, siempre tienen un fin clarísimo, como la amistad que surgió entre un religioso y yo. Un laico.
Reconozco que siempre me incliné por los asuntos espirituales y de la fe, y esta no podría ser una excepción. Han pasado muchos años y los dos ya pintamos canas, somos más lentos en nuestro caminar, pero cada vez que podemos intercambiamos ideas, sueños y hasta esperanzas de un mundo mejor; hemos compartido muchas alegrías pero también momentos tristes, los cumpleaños de mi madre y su triste partida, las homilías de diciembre y las misas de aniversario de nuestros deudos, la alegría de una travesía en bicicleta y la interminable espera en una sala de hospital, las comidas después de una larga jornada eucarística y la tristeza por la partida de nuestras mascotas, los triunfos de nuestros equipos de fútbol y el sinsabor de las tragedias que golpean nuestra ciudad.
Aprendimos a respetar nuestros puntos de vista, no sin antes enfrascarnos en simpáticas discusiones sobre algún tema; nos dimos consejos el uno al otro y sentimos nostalgia por las veces que dejamos de encontrarnos. Confió en mi capacidad para presentar la palabra de Dios, siendo yo indigno de ello como el que más, y me elevó al más alto honor de presentar a la diócesis de Pereira, en un video que no solo recorrería el mundo, sino que, además, podría llegar hasta los oídos de su santidad. Todo esto me llevo a entender que a los verdaderos amigos uno no los busca, simplemente Dios nos los envía.
Hace poco se le encomendó la tarea evangelizadora en una zona que muchos consideran de alta peligrosidad, algunos hasta se atrevieron a decir que lo habían castigado por haber vuelto las eucaristías una fiesta y por predicar de una manera muy terrenal, pero los grandes hombres se construyen con grandes retos y lo que parecía un castigo, se convirtió en una bendición.
La zona en mención era de muy difícil tránsito pues los que habían tomado caminos no muy correctos, eran la mayoría de los habitantes de la misma, y su razón estaba perdida en caminos, que no sabe uno por qué tomaron. Delincuentes, prostitutas de esquina, drogadictos sin Dios y sin ley eran sus nuevos vecinos. ¿será que de verdad lo querían aburrir? hasta yo mismo lo llegué a pensar.
Y la historia se empezó a escribir, el sitio de reclusión fue sitio de visitas obligadas por él y a su regreso, las hostias estaban casi como cuando había salido del templo. Similar situación en la deprimida zona de los puentes, el consumidero. “No vaya por allá padre, que son capaces hasta de matarlo”, le dijeron muchas veces, pero firme en su convicción de servicio perseveró y hasta conciertos improvisados armó, es decir, “se les robó” el corazón.
Hace muy pocos días compartí con él las celebraciones religiosas de la semana mayor y lo acompañé en el tránsito de una de las procesiones, lo de la romería de fieles era normal, pero me llamaron la atención algunas caras que, y lo digo con respeto, solo mirarlas infundía miedo, y que a su paso se esmeraban en regalarle una sonrisa que se hacía más llamativa en sus escasos dientes.
No importaban las formas de saludar; expresiones como cucho, bacán, señor o simplemente Pachito, alegraban los tranquilos pasos por aquellas temidas calles. De repente varias mujeres de cortísimas faldas, escotes pronunciados y labial en exceso, abandonaron las puertas que señalaban sus sitios de trabajo y se apuraron afanosamente para llegar cerca de él, para que a su manera se notara el agradecimiento por no ignorarlas y recordarles que también son seres humanos.
No faltaron los que requerían de a 2, 5 o 10 mil pesos para pagar la pieza, y la que “botella en mano” imploraba por mil pesos para comprar pegante. Esos eran sus nuevos amigos, los que la sociedad no quiere mirar y que son considerados su parte oscura.
Entendí que a medida que nos llenamos de vanidad nos vamos olvidando de los que en verdad nos necesitan y eso me lo enseñó él, no necesitó de camiones llenos de plata o de promesas de campaña para dignificar un sector de los tantos que hay olvidados en nuestra ciudad y nuestro país. Se apoyó en unas tazas de café y unos cuantos panes para hacerles sentir que allí estaba un amigo, es que eso es lo que encontré ese día y así se lo manifesté. “Estás bien de amigos, Pacho. Esos son los sinceros” Hoy sigue llevando sus hostias al sitio de reclusión y a los puentes, pero ya regresa sin nada y hasta con faltantes.
Estaba a punto de despedirme de mi gran amigo y después de una interminable sesión de fotos y bendiciones, vi llegar un muchacho tomado de la mano de una mujer a la que se le notaba la felicidad: ¿Padre, me recuerda? Yo soy el muchacho que usted visitaba en el sitio de reclusión en el que pasé muchos meses. Él asintió y exclamó: ¿“qué bueno verte, ¿cómo vas”? Bien padre, contestó; estoy trabajando y olvidando todo lo malo que hacía, sus palabras me motivaron y hasta recompensa tuve, dijo, señalando a la dama; es más, venimos a pedirle un favor, queremos bautizar a nuestro niño y queremos que sea usted el que lo bautice y decirle que si nos permite se llame como usted: Francisco. Lo volví a mirar. Estaba muy emocionado y yo le volví a insistir: “Estás bien de amigos, Pacho. Esos son los sinceros”
Padre Pacho



Afortunados quienes podemos disfrutar de la amistad con el padre Pacho , un sacerdote humano , demasiado humano y comprometido con su iglesia , sus fieles y sus amigos
Soy muy afortumada de contar con la amistad de mi pastor el Padre Pacho como hermano de comunidad creciendo en la Fe . como amigo .vecino un ser humano .llevando el evangelio a todos los sitios donde lo necesitan dando su amor y cariño ppr el projimo um sacerdote en salida misonera como manda el PAPA Francisco .Dios le de Salud .
Realmente al leer el artículo, el corazón no deja de latir de manera acelerada, porque los pereiranos, tolimenses en mi caso concreto, somos afortunados de tener no sólo un pastor sino un ser humano lleno de ese amor que nos falta a tantos, no repara en nada, ni nadie, no le teme a nada, corre riesgos para iluminar con su sonrisa cálida, tal vez cansada, la vida de tanto habitante de calle, la de los seres privados de la libertad, pero, también la vida de todos los que frecuentamos la fe a través de sus bellas homilías. Es un ejemplo a seguir. Gracias por tanto, Pacho. Sólo quiero que recuerde una promesa hecha por mí al conocerlo: Donde vaya, lo seguiré.
Bendiciones.
Estoy muy orgulloso de ser amigo del «Padre Pacho», un hombre que siempre se ha preocupado por las personas que por circunstancias diferentes han tomado caminos equivocados y los ha llevado a ser relegados por la falsa sociedad.