Por CARLOS VICENTE SÁNCHEZ, CAVISA
Este mundial de fútbol 2026 pasará a la historia por ser el más repulsivo de todos. El intervencionismo sin vergüenza del presidente Donald Trump, haciendo anular una penalización sacada a uno de los jugadores de los Estados Unidos, es solo un aterrador asomo, no solamente de su roja y directa incidencia en el deporte, en la cultura y en la política del mundo, sino de la horrible realidad corporativa que estamos atravesando.
También el maltrato a ciertas selecciones; excluidas, deportadas, vapuleadas, las apuestas corruptas, el evidente favoritismo del Var por Messi, y lo ocurrido en Gaza en pleno juego Argentina- Egipto, cuando el DT de ese país ondeaba la bandera de Palestina entre lágrimas, mientras Israel bombardeaba a quienes llevaban pantallas gigantes para ver el partido en medio de las ruinas de ese pueblo a punto de extinguirse.
Ajeno al resultado irrisorio y adverso que sufrió USA, pese a la manipulación evidente de intereses Infantinos, y la AFA, lo grave consiste en la pérdida de las bases fundamentales de lo correcto que hemos intentado construir a lo largo de los siglos para garantizar un cierto orden humanista, ambiental, social, económico, de justicia social y hasta deportiva, ya quebrantada por cuenta de la Hitleriana y descarada corrupción, tan parecida a la de las olimpiadas que se jugaron en la Alemania Nazi.
Para entender esto que estamos traspasando con cierto nerviosismo y asombro, habrá que decir que todo obedece a una apuesta global, en el que la FIFA, las naciones, las corporaciones, han participado a través de un sistema perverso en el que a sus directivos poco o nada les importa la ética, porque estamos ante la reorganización del mundo en un régimen corporativista que busca una suerte de posicionamiento de marca: “República tecnológica”, basada en las ideas “aceleracionistas” de Nick Land, Alexander C. Karp, quienes interpretaron a su modo al inentendible Habermas, como en su tiempo Hitler interpretó a Heidegger y Nietzsche.
Los países y las ciudades ya no se van a regular por los derechos y leyes constitucionales, sino por las reglamentaciones sistémicas y competitivas del mercado, en donde en vez de presidentes, gobernadores y alcaldes, se simulará (con la ayuda del algoritmo) que elegimos CEO,s cuyo objetivo es el de servir como comendadores para la extracción de los recursos en beneficio de aquellos que están arriba de la pirámide, dueños del algoritmo, el software y la inteligencia artificial, a los que ya empiezan a llamar Tecnofeudalistas, representados en ¡groserísimos y neo fascistas multicuatribillonarios! que la humanidad venera como a reyes del medioevo, pero que alientan la discriminación, el racismo, la exclusión y se adueñan del conocimiento, como si el mundo les perteneciera, como si todo lo logrado por la humanidad durante siglos fuera para ellos y nada más, incluso el deporte. Mientras tanto nos dan espejitos. (como en los tiempos de la conquista)
Algo nos está estallando en nuestras caras iluminadas de luz azul, una suerte de programación casi hipnótica que han ejecutado con la hegemonía invasiva de iglesias de garaje, propaganda intervencionista, artefactos desde Silicón Valley repartidos entre nuestras generaciones, algo que no vimos venir, pero que seguimos aplaudiendo, como en esas realidades distópicas de la ciencia ficción que tantas señales de advertencia enviaron. Nosotros solo alcanzamos a ver las puntas de este entretejido agitándose en el espejo, mientras una I.A. define la agenda deportiva del mundial y de nuestras expectativas de felicidad.
Y por supuesto, cabe dentro de esta programación, la estigmatización de la izquierda como alternativa democrática, la polución del fundamentalismo religioso que alientan el señalamiento de cualquier asomo de rebeldía o libertad, representado en la violencia simbólica y el acuñamiento de sustantivos peligrosos (Guerrillero), la construcción de fronteras y narrativas cada vez más violentas, el asco por el pobre, el migrante, y el aislamiento de las comunidades minoritarias. Lo que nos adentra hacia una nueva era que ya empieza a adoptar el nombre de “Ilustración oscura”, que nos dice por todos sus medios: “hueles mal” “no cruces la raya” “tu allá, yo acá, pero yo sí puedo ir a donde tú estás” “lo tuyo es mío, pero lo mío no es tuyo, ni siquiera el fútbol” “mientras tanto, toma un espejo negro, un libro de superación y una cruz, ten fe en ti mismo, olvida nuestros crímenes perfectos y supéralo… Idiota.» Como en la película Chinatown protagonizada por Jack Nicholson, los ricos buscan la inmortalidad y nosotros solo sobrevivir un día más.
Pese a la derrota de nuestra selección, más ocupada por reflejar su desprecio al presidente Petro y por lustrar una camiseta amarilla llena de mariposas y polillas que este año, lucía cada vez más desteñida y secuestrada por cuenta de lo político, y a esa tarjeta roja que Trump nos escupió a todos en la cara, irrumpieron, (gracias a Dios), ciertas anomalías dentro del sistema: Bélgica triunfó sobre la trampa, Cabo Verde manó como una bocanada de aire puro, Noruega remó contra la indiferencia, y los goles anulados de Egipto se cantaron entre las ruinas de un bombardeo, como si germinara algo de esperanza.
Por ahora, solo queda dar el pecho frente al turbocapitalismo que todo lo compra y destruye, al algoritmo corporativo con el que nos quieren hoy volver a esclavizar, defendiendo ante todo la metáfora, la niñez soñadora, la cancha del barrio, porque ese territorio autónomo es nuestro verdadero campo de batalla, porque esa pasión con la que se juega uno la vida en la calle, en el trabajo, en una recocha de fútbol, en el amor, o se escribe un poema, se pinta un cuadro, se baila un currulao, se cocina un ajiaco para todos, nos recuerda que aun conservamos esos derechos humanos que una vez trazaron nuestra libertad. Y esa forma de resistencia, ¡es lo imparable!
Carlos Vicente Sánchez H. Cavisa
Escritor, narrador oral, docente, gestor cultural y promotor de lectura.



Excelente análisis de la situación actual, muy bien presentada, dando claridad a muchas cosas y con unas imágenes literarias muy acertadas. Me gustó mucho tu artículo, felicitaciones maestro!
Me fascinó esta columna que refleja la cruda realidad de lo que está pasando en el mundo y en todos los escenarios , un nuevo orden mundial, que ha llegado incluso a nuestro país, donde están en peligro los derechos conquistados para todos , incluídos en la constitución de 1991,donde los constituyentes cambiaron el «Estado de derecho «por un «Estado social de derecho.»
Los humanistas , artistas, los académicos y los intelectuales no permitiremos que el camino andado en Colombia en materia de derechos se vaya a borrar de un tajo. Gracias maestro CAVISA.
Javier muchas gracias y tienes razón, debemos como humanistas, artista, intelectuales señalar esa realidad y ejercer resistencia desde una apuesta crítica como la que propones.
Excelente artículo!! Una bella forma de reconocernos en otros, de saber, que a fin de cuentas, no estamos tan solos…
No estamos solos Lina, juntos seremos una voz, gracias por serlo desde tu lugar.
Querida Consuelo la imagen las deja no solo el VAR sino el mundo. El ver a la gente viendo entre la ruinas de un bombardeo el mundial y las evidentes mañas que se evidencian en la tele, no queda sino asco.