El fracking genera impactos ambientales significativos, como la contaminación del agua, la degradación de los ecosistemas y la emisión de gases de efecto invernadero, entre ellos el metano, responsable de más del 25% del calentamiento global, 80 veces más dañino que el CO2 y permanece en la atmósfera durante 20 años después de su emisión.
El fracking requiere enormes cantidades de agua, que se daña con químicos y metales pesados. Esta agua contaminada se filtra a los acuíferos afectando el agua potable causando afectaciones a la salud humana, por los químicos utilizados, incluyendo problemas respiratorios, neurológicos y diversos tipos de cáncer.
El daño ambiental ocasionado por el fracking afecta considerablemente la fauna silvestre por la deforestación.

Estas valoraciones, al margen de cualquier consideración política, las hago estrictamente desde el punto de vista ambiental. ¿Cómo puede alguien de un partido que enarbola la bandera verde (ambiental) amenazar a toda la sociedad colombiana con la promesa de que, si por desgracia la eligieran, pondría en práctica el FRACKING, precisamente una de las peores acciones contra el medio ambiente y contra la vida? ¡Vergonzoso!
Si bien es cierto que participé en política hace unos años como militante y como directivo, lo hice precisamente porque me atrajo el verde que se suponía ambientalista. ¡terrible decepción!
Esta decepción se suma a otras que a lo largo de estos últimos años he venido experimentando, porque al verde llegué con las mejores intenciones de servir en los campos ambiental (desarrollar un agro eficiente para utilizar menos suelo y agua en la producción de alimentos, contribuyendo también con un campesinado rentable para dinamizar las economías de las familias agricultoras, de los comercios locales y de los municipios), y ético (encontrar coherencia, honestidad y transparencia en la forma de hacer política), pero lo que terminé observando a su interior, difiere mucho.
Creo que el pueblo colombiano es cada vez más entendido, preparado e inteligente para pensar que en pleno siglo XXI va a apoyar semejante despropósito.
A los amigos que me han llamado o escrito alarmados, aterrados o confundidos ante semejante barbaridad, les confirmo que YO YA NO PERTENEZCO al verde desde hace varios años, precisamente porque no cohonesto, encubro, excuso o apruebo esta clase de incoherencias o disparates.



Ferley, totalmente de acuerdo. Esta posición de Claudia Lopez es una desmesurada vergüenza. Es el diablo haciendo hostias. Una camaleona vestida no de verde, si no de rosadito. Hay que denunciar el abuso. Eso es corrupción de la supuesta líder de la anticorrupcion.
Que horror. Esa no es verde sino amarilla.
Ferley, es que desde la campaña que hicieron esas mujeres, se les vio el talante utilitarista y lo peor, su bandera: “ecología y anti-corrupción”… ha sido mancillada en el ejercicio político que desarrollan día a día y nada bueno se debe esperar de ellas. Muy vergonzoso que sigan tan campantes integrando equipos para continuar esquilmando las finanzas públicas y peor aún, que tengan adeptos.